Para la próxima clase, la segunda de Literatura Latinoamericana II, debemos leer Cuentos de amor de locura y de muerte de Horacio Quiroga. Como no tengo el libro, próximamente me lo prestarán, recurrí a buscarlo en la Web. No lo encontré o, al menos, no encontré una versión confiable. Sin embargó, di con la edición de los cuentos de completos de la Editorial Ayacucho. Si bien confiable, no informa a qué libro pertenece cada uno de los cuentos que componen el tomo. Para saber cuáles pertenecen a Cuentos de amor de locura y de muerte me valgo del trabajo de Walter Rela Horacio Quiroga. Repertorio bibliográfico anotado 1897-1971. En la página 17 de ese libro se informa lo siguiente:
La primera edición de Cuentos de amor de locura y de muerte es del año 1917, fue publicada en Buenos Aires por la Sociedad Cooperativa Ediciones Ltda y constó de 233 páginas. En ellas y en este orden, se publicaron los siguientes cuentos:
- Una estación de amor (A) pp. 86-105.
- Los ojos sombríos Aquí
- El solitario (A) pp. 140-145.
- La muerte de Isolda (L) pp. 36-43.
- El infierno artificial Aquí
- La gallina degollada (L) pp. 44-52
- Los buques suicidantes (L) pp. 53-57
- El almohadón de pluma (L) pp. 58-62
- El perro rabioso (A) pp. 72-80
- A la deriva (L) pp. 63-66
- La insolación (L) pp. 67-74
- El alambre de púa (L) pp. 75-86
- Los mensú (L) pp. 87-98
- Yaguaí (L) pp. 99-110
- Los pescadores de vigas
- La miel silvestre
- Nuestro primer cigarro
- La meningitis y su sombra (L) pp. 135-161
Resalto en negritas los ya leídos, en esta oportunidad. Quizás más tarde pueda venir a seguir marcando y a hacer una breve reseña de los textos.
«Una estación de amor», un cuento dividido en cuatro momentos y en cuatro estaciones. En el primer momento que, por una parte, corresponde a Primavera, cuando, en Concordia, Octavio Nébel cae perdidamente enamorado al conocer a Lidia, de quien tiene que despedirse a los pocos días y, por otra, a Verano —aunque no en su totalidad—, es decir, al período en el que Octavio y Lidia se reencuentra luego cuatro meses, tras el viaje de ésta a Uruguay. Verano continúa en el segundo momento, cuando Octavio quiere casarse, su padre se opone, la madre de Lidia —María de Arrizabalaga— se ofende. El tercer momento arranca todavía en Verano: Lidia le envía una carta a Octavio en la que le avisa que se va de la ciudad y ya no podrán estar juntos. Otoño: 11 años más tarde, en Buenos Aires, Octavio se encuentra con una María Arrizabalaga muy enferma, quien le pide las lleve a Concordia pues vivían en la miseria; tras ver a Lidia, Octavio acepta. Les informa que él está casado y que su mujer está en Europa. Invierno. Nédel finalmente mancilla el recuerdo de ese pulcro amor (elipsis magistral). Cuarto momento: Muere la madre de Lidia. La mujer de Nédel está en viaje de regreso. Nédel despide a Lidia en la estación y le da un cheque por diez mil pesos, la besa y la deja ir.
«Este fue el principio de un idilio que duró tres meses, y al que Nébel aportó cuanto de adoración cabía en su apasionada adolescencia» (p. 84)
«Pensó en las palabras de Dostoievski, que hasta ese momento no había comprendido: "nada hay más bello y que fortalezca más en la vida, que un recuerdo puro"» (p. 102)
«La muerte de Isolda», tres personajes: el narrador, Inés y Esteban Padilla. Comienza en la representación de «Tristá e Isolda de Wagner". Al término del primer acto, el narrador ve a Inés y cree que sus ojos se posan en él. Finalmente, se da cuenta de que ella miraba a quien estaba sentado a su derecha, un hombre por entonces desconocido, que luego nos enteraremos se llamaba Esteban Padilla. A mitad del tercer acto —"La muerte del amor" (Liebestod)—, Padilla se levanta y va en busca de Inés. Hasta ahí, lo que cuenta el narrador.
La historia la continua Padilla, tiempo después, al encontrarse con el narrador. Le cuenta su historia y la de Inés. Su maltrato hacia Inés, sus dos intentos por volver a hablar con Inés y sus dos negativas. Así mismo, le cuenta que esta es la tercera vez que se irá del país, la definitiva.
«Había enlodado en un segundo el amor más puro que hombre alguno haya sentido sobre sí, y acababa de perder con Inés la irreencontrable felicidad de poseer a quien nos ha amado entrañablemente» [L] (p. 41)
«Y como diez años antes, los sollozos redoblaron, y como entonces me respondió bajo sus brazos:
—No, no... ¡Es demasiado tarde!...» [L] (p. 43)
«El infierno artificial»: Un sepulturero adicto al cloroformo encuentra a un "hombrecillo" "cocainómano". El hombrecillo es quien cuenta la historia: a los treinta se casó y tuvo tres hijos. Un día, su hijo muere de difteria. A la tarde siguiente, muere el otro de sus hijos. Sólo les quedaba una niña de cuatro meses, que también murió envenenada por la leche de la madre. Ni su fortuna, ni el palacio en el que vivían logró evitar esas muerte. El hombrecillo se vuelve adicto a la cocaína, su mujer muere. Tres veces intentó dejarla y tres veces recayó.
Tiempo después, se enamora de una "supernerviosa" e "diez y ocho años". Ella respiraba perfume. Un día, intenta amarla, pero no puede. Deciden suicidarse y lo hacen o ella acepta que la mate y luego él se suicida (no queda del todo claro).
«Ahora bien: basta que dos personas sorban los deleites de la vida de un modo anormal, para que se comprendan tanto más íntimamente, cuanto más extraña es la obtención del goce. Se unirán en seguida, excluyendo toda otra pasión, para aislarse en la dicha alucinada de un paraíso artificial».
«¡Ah! ¡Para qué haber resucitado un instante, si mi potencia viril, si mi orgullo de varón no revivía más! ¡Estaba muerto para siempre, ahogado, disuelto en el mar de cocaína! Caí a su lado, sentado en el suelo, y hundí la cabeza entre sus faldas, permaneciendo así una hora entera en hondo silencio, mientras ella, muy pálida, se mantenía también inmóvil, los ojos abiertos fijos en el techo».
¡Para qué vivir, si el infierno artificial en que me había precipitado y del que no podía salir, era incapaz de absorberme del todo!
«La gallina degollada». Matrimonio Mazzini y Berta Ferraz. María la sirvienta. Cuatro varones, el mayor doce y el menor ocho, y una nena, Bertita, de cuatro años. Argumento más que conocido.
«¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de un cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?» [L] (p. 45)
«Veintiocho años él, veintido ella y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal» [L] (p. 46)
«Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habán nacido de ellos echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio de los corazones inferiores» [L] (p. 47)
«Si aun enlos últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros» [L] (p. 48)
«Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición es, cuando ya comenzó, a humillar del todo a una persona» [L] (p. 48)
«Los buques suicidante». Personajes: Narrador, capitán, "señora muy joven", "compañero del narrador"-segundo narrador, hombre que "viaja a morir a su país". El capitán cuenta la historia de lo que sucedió con el María Margarita, buque que fue encontrado sin tripulación y en excelente estado. Luego, el "compañero del narrador", cuenta una historia similar en la que, siendo el tripulante de un barco a vela, encuentran otro barco sin tripulación. Se decide tripularlo. Al día siguiente, vuelve a aparecer sin tripulación. Ante la sorpresa, nadie quiere subir, pero segundo narrador y seis más se atreven a hacerlo. Entonces, comienza a ver como cada uno de los tripulantes de su barco se tiran del barco. Relato que podríamos catalogar como fantástico.
«El almohadón de plumas». Personajes: Jordán, Alicia, médico, sirvienta. Argumento conocido.
«Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer» [L] (p. 58)
«La casa en la que vivían influía no poco en sus estremecimientos». [L] (p. 58)
«[...] vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No era raro que adelgazara» [L] (pp. 58-59)
«De pronto Jordán, con honda ternura, le asó muy lento la mano por la cabeza, y Alicia rompió enseguida en sollozos, echándole los brazos al cuello» [L] (p. 59)
«Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas oleadas de sangre» [L] (p. 60)
«Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aun que le arreglaran el almohadón» [L] (p. 60)
«Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca» [L] (p. 61)
«A la deriva». Personajes: Paulino, Dorotea, yaracacusú. «A la deriva» es un cuento genial. Paulino es mordido por una serpiente venenosa. Para salvarse, intenta llegar a Tacurú-Pucú, pero el viaje en canoa, que lo tiene como único tripulante, se produce "a la deriva". Hay un afán de descripción del lugar, es un relato selvático. En todo momento, parece que el personaje se salva. Hacia el final, ya no siente dolores, «se sentía cada vez mejor». Finalmente, muere.
«El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse, con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque» [L] (p. 63)
«Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa» [L] (p. 64)
El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas, bordeadas de neros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, atrás, siempre la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única» [L] (p. 65)
«La insolación». Personajes: Mister Jones, peón, la muerte, Mister Moore, cinco perros fox-terriers.
Los fox-terriers volvieron al paso al rancho. El cachorro, erizado aún, se adelantaba y retrocedía con cortos trotes nerviosos, y supo de la experiencia de sus compañeros que cuando una cosa va a morir, aparece antes [L] p. 70
«La meningitis y su sombra». Personajes: Carlos Durán, Luis María Funes, María Elvira Funes, Ayestarain, Madre, Angélica Funes. Historia rara para este libro, los personajes no mueren, el amor perdura, encuentran la felicidad. Hacia el final, se tematiza la escritura de la propia narración.
«Yo, en primer término, puesto que era el héroe, teninedo en la mía una mano ardiente en fiebre y en un amor totalmente equivocado. En el lado opuesto, de pie, el médico. A los pies de la cama, sentado, Luis María. Apoyadas en el respaldo, en el fondo, la madre y la hermana. Y todos sin hablar, mirándonos con el ceño fruncido» [L] (p. 140)
«Sé a ciencia cierta, pues, que me ama profundamente en ese estado, no ignorando tampoco que en sus momentos de lucidez no tiene la menor preocupación por mi existencia, presente o futuro». [L] (p. 143)
«¿Qué hacer? Bien sé que todo esto es transitorio, que de día ella no sabe quién soy, y que yo mismo acaso no la ame cuando la vea de pie. Pero los sueños de amor, aunque sean de dos horas y a 40°, se pagan en el día, y mucho me temo que si hay una persona en el mundo a la cual esté expuesto a amar a plena luz, ella no sea mi vano amor nocturno... Amo, pues, una sombra [...]» [L] (p. 144)
«Y cuando no tenga más delirio... ¿me querrás todavía? [...] Volví a verla veinte días después. Ya estaba sana, y cené con ellos» [L] (p. 148)
«Había amado una sombra, o más bien dicho, dos ojos y treina centímetros de brazo, pues el resto era una larga mancha blanca» [L] (p. 149)
«No puedo más. La quiero como un loco, y no sé —lo que es más amargo aún— si ella me quiere realmente o no. Además, sueño, sueño demasiado, y cosas por el estilo: Íbamos del brazo por un salón, ella toda de blanco, y yo como un bulto negro a su lado. No había más que personas de edad en el salón, y todas sentadas, mirándonos pasar. Era, sin embargo, un salón de baile. Y decían de nosotros: La meningitis y su sombra» [L] (p. 157)
«Ha protestado, bien se ve, ante no pocas observaciones mías; pero en honor del arte literario en que nos hemos engolfado con tanta frescura, se resigna como buena esposa» [L] (p. 160)
Finalmente, se me complicó. La edición de Ayacucho no tenía todos los cuentos que necesitaba consultar. Por suerte, me prestaron una edición viejita de Losada y, si bien no tiene todos los cuentos, sí tiene la mayoría. Aquellos que no conseguí en papel, los encontré en Ciudad Seva.
Como distracción, como una forma de procrastinar, vi dos programas de encuentro dedicados a las obras de Quiroga. Claves de Lecturas e Impreso en Argentina. En este último, aprendí que el título del libro no lleva coma. Es decir, no es "Cuentos de amor, de locura..." sino "Cuentos de amor de locura y de muerte.


gracias me sirvio de mucho
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