En 1964, Jean Starobinski publica los cuadernos manuscritos de Saussure y se difunde, así, su teoría de los paragramas que marca un viraje significa en el estudio de la literatura.
Saussure descubre que, tras la linealidad de cada texto —en particular el trabajo sobre poesía antigua y clásica—, se advierte una recurrencia misteriosa de ciertos sonidos diseminados a lo largo de la producción textual, los cuales, a pesar de su dispersión, podrían ser ordenados hasta formar la palabra-clave o la palabra-tema de la obra.
Saussure descubre que, tras la linealidad de cada texto —en particular el trabajo sobre poesía antigua y clásica—, se advierte una recurrencia misteriosa de ciertos sonidos diseminados a lo largo de la producción textual, los cuales, a pesar de su dispersión, podrían ser ordenados hasta formar la palabra-clave o la palabra-tema de la obra.
Aunque el mismo Saussure no sistematiza su propia teoría, ésta provoca (gracias a la ampliación de críticas posteriores) la denominada "segunda revolución saussuriana" y desplaza el estudio del lenguaje hacia la esfera de la "productividad" de sentido al aceptar que el significado no sólo se genera a partir de unidades distintivas contiguas, sino que podrá también vehicularse por medio de grafemas que forman un significante discontinuo que, a su vez, se separan y relacionan por unidades pertinentes.
Este espacio de separación, llamado paragrama, tiene, para Saussure un sentido ritual (1) en él se cifran las sílabas del nombre divino, prohibido por un tabú que impide pronunciarlos explícitamente; y actúa, también, por otra parte, como apoyo mnemónico del discurso, es decir, como intento de recuperación de la totalidad del mismo.
Texto como cripta —palabras sobre palabras—, como ruptura —fragmentación y mutilación de su cuerpo— y como memoria —captura a partir de "lo otro" y desde un lugar ajeno— son ideas que, desde la lingüística se lanzaron hacia la teoría del texto.
[...]
La noción de paragrama subvierte, además, la concepción monológica del texto al considerar que una palabra puede esconder otra y, por esta razón, institucionaliza la ambigüedad —la lectura lineal, denotativa se sustituye por una decodificación diferente que, al ser más activa, zigzagueante y requerir un trabajo que le posibilite atravesar la linealidad de los signos, produce sentidos múltiples.
Fragmento de: Cucatto, Andrea (1991), «"Pierre Menard, autor del Quijote": de la poligrafía al fraude» en Estudios sobre Borges [en línea]. La Plata: UNLP-FaHCE. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.55/pm.55.pdf
Este espacio de separación, llamado paragrama, tiene, para Saussure un sentido ritual (1) en él se cifran las sílabas del nombre divino, prohibido por un tabú que impide pronunciarlos explícitamente; y actúa, también, por otra parte, como apoyo mnemónico del discurso, es decir, como intento de recuperación de la totalidad del mismo.
Texto como cripta —palabras sobre palabras—, como ruptura —fragmentación y mutilación de su cuerpo— y como memoria —captura a partir de "lo otro" y desde un lugar ajeno— son ideas que, desde la lingüística se lanzaron hacia la teoría del texto.
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La noción de paragrama subvierte, además, la concepción monológica del texto al considerar que una palabra puede esconder otra y, por esta razón, institucionaliza la ambigüedad —la lectura lineal, denotativa se sustituye por una decodificación diferente que, al ser más activa, zigzagueante y requerir un trabajo que le posibilite atravesar la linealidad de los signos, produce sentidos múltiples.
Fragmento de: Cucatto, Andrea (1991), «"Pierre Menard, autor del Quijote": de la poligrafía al fraude» en Estudios sobre Borges [en línea]. La Plata: UNLP-FaHCE. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.55/pm.55.pdf
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