miércoles, 4 de febrero de 2015

#Resumen Hayden White - Teoría literaria y escrito histórico

La historia es solo accesible por medio del lenguaje. Nuestra experiencia de la historia es indisociable de nuestro discurso acerca de ella, este discurso debe ser escrito antes de que pueda ser considerado historia y, por lo tanto, tal experiencia puede ser tan variada como los diferentes tipos de discurso con los que nos encontramos en la historia del escrito mismo.

En ese sentido, la historia es cierto tipo de relación con el pasado mediado por un tipo distintivo de discurso escrito

Observaciones acerca del discurso histórico y del tipo de conocimiento del que trata.

Primero: El discurso histórico sólo trata acerca de la presunción de la existencia del pasado como algo sobre lo que es posible hablar significativamente. 

Segundo: el discurso histórico no presupone que nuestro conocimiento de la historia se obtiene a partir de un particular método para estudiar aquellos tipos de cosas que son pasadas más que presentes. Tales entidades llegan a ser históricas porque son representadas como objetos de un tipo de escritura específicamente histórico. 

Relevancia de la teoría literaria para el escrito histórico

Lo que el discurso histórico produce son interpretaciones de cualquier información y conocimiento acerca del pasado que decida el historiador. Dado que la historia debe ser escrita antes de poder ser leída, la teoría literaria es relevante no sólo para la historiografía, sino también y especialmente para la filosofía de la historia.

Una teoría del discurso histórico debe atender a la cuestión de la función de la narratividad en la producción del texto histórico. Los discursos distintivamente históricos producen de modo característico interpretaciones narrativas de su tema de estudio. 

Distinciones entre la realidad pasada, la historiografía, y la filosofía de la historia.

La realidad pasada es el objeto de estudio del historiador; la historiografía es el discurso escrito por el historiador acerca de la realidad pasada; la filosofía de la historia es el estudio de las posibles relaciones que se dan entre la realidad pasada y el discurso escrito por el historiador.

Es necesario tener en cuenta estas distinciones a la hora de comprender los distintos grados de relevancia que adquiere la teoría literaria moderna tanto en la práctica como en la teoría del discurso histórico. 

Relevancia directa e indirecta de la teoría literaria

La teoría literaria actual tiene una relevancia directa e indirecta.

Directa: sobre las bases de la moderna teoría del lenguaje, la teoría literaria ha desarrollado ciertas concepciones del discurso que pueden ser útiles para analizar el escrito histórico y para identificar sus aspectos propiamente literarios. Es posible reconocer que en el discurso realista, e igualmente en el imaginario, el lenguaje es tanto una forma como un contenido, y que el contenido lingüístico debe ser considerado como uno más de los contenidos que conforman el contenido total del discurso como un todo. Esto permite al analista del discurso histórico percibir hasta qué punto se construye el contenido en el propio proceso de hablar de él.

Indirecta: los conceptos de lenguaje, habla, escrito, discurso y textualidad que informan la escritura histórica sugieren soluciones para problemas tradicionalmente planteados por la filosofía de la historia, tales como la clasificación de los géneros del discurso histórico, la relación entre las representación histórica y sus referentes, el estatus epistemológico de las explicaciones históricas y la relación de los aspectos interpretativos del discurso del historiador con los descriptivos y explicativos. Esto es porque la teoría literaria moderna considera a cada historia es un artefacto verbal.

El contenido del discurso historiográfico no se diferencia de su forma discursiva. Al denominar literarios a esos trabajos se indica hasta qué punto la literatura está presente en el dominio de la producción de conocimiento en la medida en que proporciona modelos similares de pensamiento interpretativo. 

Una historia es una estructura lingüística compleja específicamente construida con objeto de mostrar una parte del pasado. El discurso histórico es la creación de una imagen verbal, una «cosa» discursiva que interfiere en nuestra percepción de su hipotético referente al tiempo que fija nuestra atención en él y lo ilumina.

El discurso histórico es intensional, esto es, sistemáticamente intra y extra referencial. Cualquier intento por comprender cómo funciona el discurso histórico se traduce en un conocimiento que debe basarse en un estudio científico de la relación de cosas producidas por el lenguaje y en el lenguaje con otros tipos de cosas que conforman la realidad común. En resumen, el discurso histórico da a entender más de lo que  literalmente dice, dice algo distinto de lo que parece querer decir y revela algo acerca del mundo sólo a expensas de encubrir algo más.

Investigación histórica y escritura histórica.

Si bien es preciso distinguir la investigación histórica —el estudio por parte de los historiadores de un archivo que contiene información acerca del pasado— y la escritura histórica —la composición por parte del historiador de un discurso y su traducción en forma escrita—; esto no implica que el aspecto figurativo del pensamiento del historiador disminuya.

En el tránsito desde el estudio de un archivo a la composición de un discurso para su traducción en forma escrita, los historiadores deben emplear las mismas estrategias de figuración lingüística que utilizan los escritores imaginativos para dotar a sus discursos de tipo de significados latentes, secundarios o connotativos necesarios para que sus obras no sean sólo recibidas como mensajes sino leídas como estructuras simbólicas.A esa dotación de estructura argumental a una crónica de acontecimientos, que White la denomina operación de tramar, llevada a cabo a partir de técnicas discursivas que, en su naturaleza, son más tropológicas que lógicas.

¿Cómo el discurso histórico produce su característico efecto de conocimiento?

Los giros trópicos gobiernan tanto la dotación de coherencia estructural a una serie de acontecimientos en forma de trama como la transferencia de supuestos significados a una serie de hechos. Indudablemente es debido sólo al tropo que una serie dada de tipos de acontecimientos pasados que desearíamos llamar históricos pueda ser (primero) representada en el orden de una crónica; (segundo) transformada por la trama en un relato con fases identificables de comienzo, nudo y fin; y (tercero) constituida como el tema de cualquier argumento formal que pueda aducirse para establecer su significado cognitivo, ético o estético, según el caso.

Los acontecimientos pueden estar dados, pero sus funciones en cuanto elementos de un relato se imponen sobre ellos mediante técnicas discursivas, que, por naturaleza, son más tropológicas que lógicas.

La transformación de una crónica de acontecimientos en un relato (o acumulación de relatos) requiere una elección entre los diversos tipos de estructura de trama que facilita la tradición cultural del historiador. El tramar los acontecimientos reales como un relato de un tipo específico es tropologizar esos acontecimientos. Ello se debe a que los relatos no son vividos; no hay relatos reales. Los relatos son contados o escritos, no encontrados.

Cualquier argumento que un historiador pueda explícitamente aventurar para explicar el significado de los acontecimientos contenidos en la crónica versará tanto acerca de la trama utilizada para modelar la crónica en un tipo particular de relato como acerca de los acontecimientos mismos. Esto significa que el argumento de un discurso histórico es en última instancia una ficción de segundo orden, una ficción de una ficción, o una ficción de hacer ficción, que mantiene la misma relación con la trama que la que mantiene la trama con la crónica.

Esto no implica que la historiografía tradicional sea inherentemente falsa, sino más bien que sus verdades son de dos tipos: fácticas y figurativas.

La tropología

La tropología es un conjunto más o menos sistematizado de nociones acerca del lenguaje figurativo que deriva de la retórica neoclásica. Ofrece una perspectiva sobre el lenguaje desde la que se pueden analizar los elementos, niveles y procedimientos de los discursos no formalizados y especialmente los pragmáticos. Los giros de cualquier discurso no formalizado y el orden de su ocurrencia no son predecibles antes de su instanciación en una proferencia determinada. Los giros pueden ser identificados, clasificados como tipos y como patrones genéricos de sus órdenes típicos de ocurrencia en discursos específicos establecidos.

Los cuatro tipos generales de tropos identificados por la teoría retórica neoclásica parecen básicos: la metáfora (basada en el principio de similitud), la metonimia (basada en el principio de continuidad), la sinécdoque (basada en la identificación de las partes de una cosa como perteneciente a un todo) y la ironía (basada en la oposición). 

No hay postura sobre la historia que no sea igualmente trópica, discursiva y ficcional. La historia se hace.

Cuatro objeciones a la teoría literaria.

White propone una síntesis de las objeciones que han planteado los críticos a las posiciones que ella propone.

La primera objeción a la teoría es que parece comprometernos con un determinismo lingüístico. Según este punto de vista, el historiador parece ser un prisionero del modo lingüístico en que inicialmente describe o caracteriza su objeto de estudio. Un argumento similar se suscita con respecto a la acabada consideración escrita, por parte del historiador, de sus descubrimientos

La segunda objeción general se dirige contra la teoría de la naturaleza tropológica del lenguaje y sus implicaciones para la teoría del discurso histórico. La teoría tropológica del lenguaje, por tanto, amenaza las antiquísimas pretensiones de la historia de tratar con los hechos y, con ello, su estatus como una disciplina empírica.

La tercera objeción se dirige contra las implicaciones concernientes a la naturaleza de los objetos estudiados por los historiadores. Al sugerir que un relato sólo puede ser una construcción del lenguaje y un hecho del discurso, la teoría tropológica parece socavar la legitimidad de las pretensiones de veracidad del modo de discurso histórico, la narrativa.

La cuarta objeción se direge contra las implicaciones de la teoría tropológica del lenguaje para el estatus epistémico del propio discurso de la crítica historiográfica. ¿No es la tropología misma una ficción y cualquier enunciado basado en ella una ficción de ficciones que pretende encontrar en todo lugar? La teoría tropológica del lenguaje parece hacer imposible la crítica cognitivamente responsable a la vez que socava la actividad de la crítica misma.

Respuesta a las objeciones

No hay nada en la teoría tropológica que conlleve el determinismo lingüístico o el relativismo. La tropología es una teoría del discurso, no de la mente o de la conciencia. Aunque supone que no se puede evitar la figuración en el discurso, la teoría, lejos de implicar un determinismo lingüístico, busca proporcionar el conocimiento necesario para una libre elección entre diferentes estrategias de figuración.

La tropología no niega la existencia de entidades extradiscursivas o nuestra capacidad para representarlas en el habla. Sólo apunta que la referencialidad y la representación lingüística son cuestiones mucho más complicadas que las implicadas en las más viejas nociones literalistas de lenguaje y discurso. La tropología se ocupa más de los código que de cualquier mensaje contingente que pueda ser transmitido mediante los usos específicos de tales código. En la medida en que los código son en sí mismos mensaje-contenidos por propio derecho, la tropología expande la noción de mensaje mismo y nos alerta de los aspectos performativos y comunicativos del discurso.

La tesis de que todo discurso es tropológico en estructura indudablemente sugiere que esto vale también para el discurso elaborado por el propio tropólogo. Esto implica sólo que el análisis tropológico debe ser abordado con clara conciencia de su propio aspecto figurativo.

La teoría tropológica no obstaculiza la diferencia entre hecho y ficción, sino que redefine las relaciones entre ambos dentro de cualquier discurso. La teoría tropológica implica que no debemos confundir hechos con acontecimientos. Los acontecimientos ocurren, mientras que los hechos son constituidos por las descripciones lingüísticas.

Así, para White, la tropología es especialmente útil para el análisis de la historiografía narrativa debido a que la historia narrativa es un modo de discurso en el que se puede constrastar las relaciones entre lo que una cultura determinada considera como verdades literales y las verdades figurativas expresadas en sus ficciones características, los tipos de relatos que cuenta acerca de sí mismo y acerca de otros.

Estatus epistémico de la narratividad

En la década del sesenta, tras una vieja disputa focalizada en la relación del discurso narrativo con el conocimiento científico, se decidió por consenso general que la narrativa era adecuadamente utilizada en la historiografía para ciertos propósitos, pero no para otros.  No mucho tiempo después, una nueva polémica puso el acento en la relación de la narrativa con el mito y la ideología.

Barthes argumentó que la narratividad misma era el contenido efectivo del mito moderno (que Barthes entiende como ideología). Kristeva acusó a la narratividad de ser el instrumento por el que la sociedad produjo el sujeto auto-opresivo y complaciente a partir del originalmente individuo autónomo. Derrida citó a la narrativa como el privilegiado género de la ley. Lyotard atribuyó la condición posmoderna al despertar de un conocimiento narrativo puramente rutinario por naturaleza. Ricoeur defendió a  la narratividad como apropiada no sólo para la representación histórica, sino también para la representación delas estructuras fundamentales de la temporalidad.

La narratividad es considerada mucho más que un medio para transmitir mensajes que podrían también ser comunicados mediante otras técnicas discursivas. Por el contrario, la narrativa es tratada como si fuera un mensaje por el derecho propio, un mensaje con su propio referente y un significado totalmente distinto de aquel que parece sólo contener. La narrativa está siendo cada vez más reconocida como un modo discursivo cuyo contenido es su forma.

Este contenido de una forma de discurso sería lingüístico por su naturaleza y consistiría en la estructura de su tropo dominante, el tropo que sirve como paradigma en el lenguaje para la representación de las cosas como partes de totalidades identificables.

Contemplada desde esa perspectiva, la narrativa es la aparición en forma discursiva de una de las posibilidades tropológicas del uso del lenguaje. Es un universal cultural debido a que el lenguaje es un universal humano. En ese sentido, puede que la narrativa sea el alma del mito, pero esto es así precisamente porque el mito es una forma de discurso lingüístico, no porque la narrativa sea inherentemente mítica.  Y lo mismo puede decirse de la relación de la narrativa con la ficción literaria. Algunas ficciones literarias se organizan en un modo narrativo; pero esto no significa que todas las narrativas sean ficciones literarias. Lo que significa es que tanto las narrativas míticas como las literarias son figuraciones lingüísticas.

Una representación histórica puede organizarse en forma narrativa porque la naturaleza tropológica del lenguaje ofrece esa posibilidad.

Los actuales debates que tienen lugar en las ciencias humanas sobre la relación de la historiografía tradicional con sus alternativas científicas se asemejan a los debates usuales dentro del campo de los estudios literarios que giran en torno a la relación entre el realismo literario y el modernismo literario, y no accidentalmente, ya que lo que está en disputa en ambos casos es si una forma dada de discurso, la narrativa, es adecuada para la representación de un determinado contenido, la realidad histórica.

Una de las implicaciones más importantes en lo que refiere al significado de la teoría literaria moderna para la comprensión de lo que está involucrado en nuestros esfuerzos para teorizar el escrito histórico es la de que el texto historiográfico ya no se considera un receptáculo no problemático, neutral, para un contenido supuestamente dado en su completitud por una realidad que yace más allá de sus confines.

También es un argumento a favor de la relevancia de la teoría literaria moderna para nuestra comprensión de los temas debatidos entre los teóricos del pensamiento, la investigación y el escrito histórico. No sólo porque la teoría literaria moderna está en muchos aspectos conformada a partir de la necesidad de comprender el modernismo literario, determinando su significado y especificidad histórica como movimiento cultural y diseñando una práctica crítica adecuada para su objeto de estudio, sino también porque la teoría de la historia, de la conciencia histórica, del discurso histórico y de la escritura histórica, y fundamentalmente por ello.

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