lunes, 23 de febrero de 2015

#Resumen La situación narrativa - Filinich

La situación narrativa está constituida por dos componentes: un punto de mira y una voz. El punto de mira ofrece una visión de los acontecimientos narrados. Las modulaciones de la voz construyen las significaciones legadas por la percepción en sentido amplio.

Para abordar la cuestión de la perspectiva, Filinich remite a la conceptualización general sobre la percepción y a los estudios particulares sobre el punto de vista emprendidos en el ámbito de la semiótica contemporánea.

El punto de vista: interacción entre sujeto y objeto.

La fase perceptiva es un primer umbral de contacto entre el hombre y el mundo y, a su vez, una primera forma asignada a los fenómenos que son objeto de percepción.

De la noción de punto de vista se puede concluir:

  1.  La noción de punto de vista remite a la posición de un sujeto y a la de un objeto: hay una operación de interacción en juego. La adopción de un punto de vista implica la participación activa de un sujeto e igualmente activa de un objeto.
  2. El acto de percepción produce una separación entre un "efecto-sujeto" y un "efecto-objeto": funda la búsqueda incolmable del sujeto que tiende a la captación más adecuada de un objeto siempre incompleto.
  3. La percepción deictiza un espacio (concreto o abstracto, exterior o interior). El acto perceptivo proyecta coordenadas espaciotemporales.
  4. Se presupone que la aprehensión de un objeto es siempre imperfecta (eesto genera una tensión hacia el todo, una búsqueda constante de la totalidad que permanece inaccesible).
  5. La imperfección de la captación del objeto puede generar dos tipos de estrategias de parte del sujeto: o bien el sujeto recorre el objeto observando y reteniendo diversos aspectos para realizar una secuencia de puntos de vista y guardarla en la memoria; o bien el sujeto elije, mediante una operación sinecdóquica, un aspecto típico, y reorganiza todo el objeto alrededor de él. Presuponen la fragmentación del objeto.
  6. Esta estructura mereológica del objeto constriñe, orienta, la posición del sujeto.
  7. El acto perceptivo tiene dos condicionamientos: la incompletud motivada por la estructura mereológica del objeto y la restricción de la competencia que le es impuesta al sujeto.
 En el relato literario se imponen ciertas consideraciónes. En primer lugar, el sujeto de la percepción puede tener como objeto: a) un espacio exterior; b) un mundo interior; c) el contacto entre ambos a través de las sensaciones corporales. En segundo lugar, el objeto de la percepción puede "colaborar" o "resistirse" al proceso perceptivo del sujeto. En tercer lugar, tanto el sujeto de la percepción como el objeto pueden ser únicos o múltiples.

La posición del objeto de la percepción.

Percepción de un espacio exterior. Cuando el objeto participante de la actividad perceptiva está constituido por el espacio exterior al actor, el sujeto perceptivo necesita recurrir a alguna forma de categorización del espacio para dar cuenta de él. La significación del espacio (que, en una primera articulación elemental, deictiza el espacio mediante la oposición aquí vs allí) es lo que interesa reconstruir. La adopción de un modelo topológico se basa en un conjunto de articulaciones elementales cuya significación se organiza en el interior de los textos.

Percepción de un mundo interior. Cuando el objeto que participa en la actividad perceptiva es el mundo interior, la interacción entre "informador" y "observador" puede asumir diversas formas. El mundo interior de un personaje puede ser cerrado a toda observación y sólo inferible por los actos perceptibles; o bien, ser pasible de una observación limitada; o bien, ser objeto de una mirada trascendente que lo descubre más allá de su intención de mostrarse. Las focalizaciones posibles, según Genette, serían entonces: focalización externa para el primera tipo; focalización interna, correspondiente al segundo, la cual puede ser fija (el punto de vista se sitúa en el mismo personaje a lo largo de todo el relato) o variable (el personaje focal es primero uno y luego otro); y la focalización cero o relato no focalizado (en la que el narrador sabe más que el personaje, o más precisamente, dice más de lo que saben los personajes).

La ausencia de focalización es una ilusión aque puede dar lugar una narración, pero siempre hay una perspectiva asumida por más comprehensiva que se la quiera mostrar.

Percepción  como contacto entre el espacio exterior y un mundo interior. Cuando el objeto que participa en la actividad perceptiva es el campo de las sensaciones corporales, ese lugar de contacto entre lo exterior y lo interior, base de la construcción de la significación, el sujeto perceptivo se centra en su propio cuerpo como espacio de mediación, de frontera, entre la captación del mundo exterior (exteroceptividad) y la captación del mundo interior (interoceptividad).

La percepción del propio cuerpo se manifiesta como un continuo que impide una segmentación discreta y que obliga a plantear una fase tensiva previa a la aprehensión de toda significación. Este desdoblamiento del sujeto en "sujeto percibiente" y "sujeto sintiente" se manifiesta en los excesos del discurso (la creación artística, la cólera, la desesperación).

La observación propioceptiva, entonces, pone al descubierto el efecto pasional del discurso, el cual se manifiesta mediante la combinación de modalidades (querer + saber → "curiosidad", querer ser + no poder ser → "desesperación").

La sensación de contacto permite al sujeto sentirse a sí mismo en su intento de captar los objetos del mundo. La captación propioceptiva, al reunir lo exteroceptivo y lo interoceptivo, pone de relieve la fase tensiva de la producción de significación.

Participación del objeto en la actividad perceptiva

Si la percepción es definida como una interacción entre sujeto y objeto, y como una interacción "conflictiva", entonces el objeto, en tanto "informador" puede ser un emisor que se presta abiertamente a la observación, o bien, ser un emisor renuente que dificulta la actividad del sujeto observador. Tanto la revelación como el ocultamiento son resultado de una adecuación o desajuste entre observador e informador. La actividad perceptiva en el relato literario, más que situarse en alguno de estos polos, tiende a desplazarse de uno a otro en forma graduada, ya sea que se trate del presente del ocultamiento a la revelación, o bien de un ocultamiento parcial, o bien, de la revelación al ocultamiento, etcétera.

La percecpión procede por un desplazamiento gradual que vuelve concomitantes el mundo exterior y el mundo interior. El objeto de la percepción no es entonces una entidad pasiva e inmóvil, sino por el contrario, al constituirse como tal, como un "otro", interacciona con el sujeto sea colaborando o resistiéndose a la búsqueda emprendida por el sujeto. 

Unicidad y multiplicidad del sujeto y del objeto

Se considerará que el sujeto de la percepción (el observador) es "único" cuando no hay alteración en el ángulo de la visión desde el cual se focaliza el objeto. Se hablará de sujeto u observador múltiple cuando hay varios puntos de vista en juego.

En cuanto al objeto de la percepción, éste puede estar constituido por un actor, por objetos del mundo exterior o interior, concretos o abstractos, en fin por todo aquello hacia lo cual el sujeto puede orientarse. El objeto se presenta como único cuando genera una imagen homogénea, integrada; y como múltiple cuando da lugar a una imagen heterogénea, disgregada.

El carácter único o múltiple del sujeto y del objeto de la percepción configura cuatro posibilidades de interacción entre los participantes en la actividad perceptiva: 1) observador único/objeto único; 2) observador único/objeto múltiple; 3) observador múltiple/objeto único, y 4) observador múltiple/objeto múltiple. De estos cuatro tipos de puntos de vista, se distingue entre entre cuatro posibilidades de interacción:

  1. El tipo "integrador" corresponde a una mirada ubicua, un punto de vista omnicompresivo que da una imagen homogénea del objeto.
  2. El tipo reclusivo implica un observador constante cuyos objetos de percepción, que son saberes diversos a adquirir, resultan incompatibles.
  3. El tipo inclusivo define la variación de puntos de vista sobre un mismo objeto. Tales ángulos, a pesar de ser cambiantes, presentan aspectos compatibles y ofrecen una imagen homogénea del objeto.
  4. El tipo "exclusivo" se refiere a una configuración perceptiva en la cual, por una parte, los observadores se sitúan en perspectivas incompatibles, y por otra, los objetos se presentan como heterogéneos.
En el relato literario es frecuente el tránsito de uno a otro tipo de perspectiva, de manera tal que el modelo perceptivo de un texto deberá poseer un carácter dinámico para describir el proceso de transformación de los puntos de vista.

La voz narrativa

La forma verbal que la aprehensión de la significación asume al ser comunicada le confiere no sólo materialidad sensible, sino una peculiar organización semántica y sintáctica.

La voz es una manera de procesar la sustancia fónica para introducir en el mensaje el signo de una presencia deseante. Su lugar en el seno de los textos literarios puede distinguirse en dos niveles: uno real y otro simulado; el primero, atiende al reconocimiento empírico de que el texto escrito se compone de grafías destinadas a ser leídas y se inscribe dentro de alguno de los géneros de la escritura; el segundo, da cuenta del hecho de que todo texto escrito representa imaginariamente el circuito de la comunicación oral: en el interior del texto, el sujeto que ordena su mensaje para dirigirse a otro "no escribe sino que habla, dirige su voz a ese otro que no lee sino escucha.

Esta representación de la comunicación oral realizada por la escritura se observa más claramente en el relato literario.

Las modalidades de la voz

Dos aspectos de la modalidad de la voz: 1) la centralización de la atención sobre un estado previo a la acción, de tensión, entre el punto cero de la acción y su realización; 2) el énfasis en la actitud del sujeto ante la acción.

En la medida en la que la modalidad implica una transformación del predicado por efecto de la intervención de un verbo o una cláusula modal (deber, poder, saber; o bien, es posible, quizás, etc.), las proposiciones modalizadas no refieren a una acción realizada sino que virtualizan la acción, señalan las condiciones de posibilidad de un proceso. Al detenerse en ese estado previo de la acción, la modalidad se torna marca de la subjetividad.

Dos son las nociones básicas en la teoría de las modalidades: necesidad y posibilidad. Estas nociones permiten articular tres tipos de modalidad: alética, epistémica y deóntica.

La modalidad alética atiende a la verdad necesario o contingente de las proposiciones. Según este criterio, las proposiciones puede ser aléticamente necesarias (verdades necesarias) o aléticamente posibles (proposiciones no necesariamente verdaderas). 

La modalidad epistémica comprende aquellas "aseveraciones que afirman o implican que una cierta proposición, o conjunto de proposiciones, es sabida o creída".

La modalidad deóntica se relaciona con las nociones de obligación y permisión. UN enunciado deóntico no describe un acto sino el resultado que se obtendrá si se realiza el acto en cuestión. 

Las modalidades ponen en evidencia que el ejercicio de la lengua es siempre, fundamentalmente, apelativo, y tiende hacia una manipulación o transformación del otro.

La voz que, en el relato literario, cuenta una historia figurando una comunicación oral, se constituye, en buena medida, por vía de las modalizaciones de sus enunciados. 

La narración epistémicamente modalizada, al explicitar el grado de saber del narrador y calificar sus enunciados, desplaza el centro de atracción del relato: las acciones de los personajes importan menos que el ejercicio de narrarlas.

La apreciación veridictiva del narrador observada en estos ejemplos, se manifiesta entonces, de manera más enfática, mediante la modalización discursiva. De manera análoga, la "actitud moral" también se expresa mediante elementos modales: la obligación y la permisión, las valoraciones positivas y negativas, son índices de una actitud asumida ante lo narrado por un narrador que busca la anuencia del narratario. 

El tono se aprecia fundamentalmente en los elementos retóricos. Así, la ironía, por ejemplo, es una figura que instala al hablante en una posición de poder, por el carácter difícilmente cuestionable de sus enunciados. Cuando la voz del narrador, o más frecuentemente, del personaje asume un tono irónico, se pone de manifiesto una actitud marcadamente manipulatoria por parte del enunciador. 

Entre otras manifestaciones del tono de la voz, la grandilocuencia ofrece un ejemplo claro: sus connotaciones épicas dan lugar a valores semánticos muy diversos. La búsqueda de la adecuación entre la forma y el sentido en la prosa literaria se manifiesta también mediante un tono particular de la voz.Los rasgos retóricos en el discurso narrativo manifiestan una forma particular de verbalizar la historia, de modular, de adecuar la voz en relación con lo narrado y con el narratario, y, en esa medida, constituyen marcas que otorgan una significación suplementaria a lo dicho.

Percepción y voz son los elementos constitutivos de la situación narrativa. La conjunción de ambos permite configurar aquello que torna significativo un universo de ficción: el modo como se perciben los hechos, la conciencia desde la que se enuncian y la destinación que se prevé.

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