lunes, 26 de febrero de 2018

#Resumen Ramón Menéndez Pidal - Las baladas europeas importadas en el romancero.

Los orígenes del romancero épico llamaron preferentemente la atención de la crítica por tener inmediatos sus precedentes inspiradores, conocidos poco o mucho dentro de la misma vida literaria de la nación, mientras que los romances novelescos, incluidos en las corrientes culturales que cruzan a Europa en sus más profundas capas colectivas, no dejan descubrir fácilmente la procedencia y dirección de tales corrientes.

El desenvolvimiento de esta poesía, por se carácter colectivo se realiza mediante la múltiple innumerables realizaciones en público, cambiantes y fugaces, destruídas para siempre en su mayoría, al momento de su producción, y sólo salvadas en poquísimos casos.

Por esto mismo, lo común es que, a pesar de muy abundantes analogías que se posea, el fijar con exactitud la genealogía de una balada no resulta posible, pero sí lo es el fijar con bastante aproximación las formas más cercanas, a falta de la fuente inmediata, ya que ésta rarísima vez podemos llegar a determinarla.

Vale tener en cuenta que la importación de una balada extranjera al campo romancístico puede realizarse en un contacto prolongada, durante el cual se propagan, en unas versiones sí y en otras no, diversas variantes existentes en el país exportador.

En el estudio de los orígenes baladísticos de un romance es preciso evitar la limitación simplista a que propende la reacción antirromántica referente al autor único.

El carácter colectivo de la poesía tradicional presupone que ella emigra de un territorio a otro vecino o inmediato, pero es preciso hacer en esto una salvedad necesaria. La continuidad geográfica en la dispersión tradicional es lo general y corriente, pero siempre es posible el trasplante a distancia, operado por iniciativa particular de un individuo aislado, produciéndose así áreas discontinuas en la geografía de una canción.

Este trasplante a distancia es no sólo posible, sino frecuente en la vida de una canción tradicional dentro del país de su lengua, y lo mismo ha de ocurrir en el paso a otra lengua diferente, que exige siempre un acto personal de traducción y arreglo nuevo. Téngase presente además que este rehacimiento y traducción no es un hecho tradicional, sino un acto previo a la tradicionalidad, tan individual y libre como la versión que cualquier literato hace de una poesía o una novela extranjera, sea de país limítrofe, sea de país lejano.

Surge ahora la cuestión de valor literario y cultural de estos préstamos baladísticos. Si dejamos a un lado los romances épicos y noticiosos, en los que la poesía es como una prolongación de la historia, no hay en todas las naciones cosa menos nacional que su poesía popular.

Los romances de tema novelesco desarrollan varios temas más animados, felices y mejor coloreados que los de trama histórica española, introduciendo móviles y formas expresivas que obran sobre ella a modo de novedad estimulante. Introducen también metros y estrofas nuevas y contribuyó a dar soltura y regularidad al verso romancístico. La balada extranjera traía un canto más musical que el simple recitativo de las gestas, canto muy rítmico, como destinado preferentemente a la danza, lo cual vino a a imponer a los romances de tema heroico un silabismo más regular. Sin duda, también los viejos romances épicos recibieron de las baladas algunas fórmulas del estilo épico-lírico.

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