sábado, 3 de marzo de 2018

#Resumen Alberto Montaner Frutos - De nuevo sobre los versos inicales perdidos del Cantar de mio Cid

A finales del siglo xix y principios del xx, los trabajos de Milá, Bello y Menéndez Pidal desmostraron que la Crónica de Castilla y sus descedientes conservaban parte de los versos iniciales del Cantar de mio Cid, perdidos en su forma poética junto con la primera hoja del códice único. A finales del siglo pasado, estos vestigios épicos han sido analizados nuevamente.

Un contejo con la Primera Crónica General y la Crónica de Veinte Reyes permite demostrar que la Crónica de Castilla no ofrece una versión distinta de la que se halla en las otras crónicas, más fieles en conjunto al Cantar.

Las tres versiones coinciden en el contenido. Por lo tanto, puede concluirse que el inicio del Cantar conservado en la Crónica de Castilla ha de ser básicamente igual al de la hoja perdida, independientemente de si la versión de que procede coincidía o no con el resto del Cantar conocido.

Con ello se justifica plenamente la actitud de quienes han empleado dicho texto como preliminar a la transcripción del códice único en las ediciones del Cantar.

Sin embargo, esto no implica que los versos que peuden extraerse de la prosa cronística carezcan de problemas. Para discutir esta cuestión es preciso tener presente el texto reconstruido por Menéndez Pidal (1908-11) con la adición del verso final propuesta por Armistead (1984):

—E los que conmigo fuéredes / de Dios ayades buen grado,
e los que acá fincáredes / quiérome ir vuestro pagado.—
Entonces fabló Álvar Fánez, / su primo cormano:
—Convusco iremos, Cid / por yermos e por poblados
ca nunca vos fallesceremos / en cuanto seamos vivos e sanos,
convusco despenderemos / las mulas e los caballos
[................] / e los averes e los paños,
siempre vos serviremos como leales amigos e vasallos. —
Entonce otorgaron todos / cuanto dixo don Álvaro:
mucho grandesció mio Cid / cuanto allí fue razonado...
Mio Cid movió de Vivar / pora Burgos adeliñado,
assí dexa sus palacios / yermos e desheredados,
las perchas sin açores, / los portales sin estrados.

De estos versos, el primero plantea un escollo. La rima grado resulta bastante dudosa, tanto porque la mayor pate de los manuscritos de dicha crónica lee en su lugar galardón, como porque la frase resultante no posee realmente buen sentido, pues resuta raro que el comportamiento de los hombres del Cid les haga acreedores nada menos que del buen grado, el 'buen agradecimiento divino'. El testimonio concorde de las otras fuentes nos lleva a una expresión de gratitud más frecuente: «de Dios ayades buen galardón», 'Dios os lo recompense bien'.

El verso 3 trata el vínculo familiar entre Álvar Fánez y el Cid, del que aquél sería primo cormano, según esta versión cronística. Aquí no hay duda sobre la autenticidad de la lección dentro dela tradición de la Crónica de Castilla, ya que todos los manuscritos coinciden en el grado de parentesco. La dificultad viene dada por la comparación con el texto del Cantar. En él no se manifiesta explícitamente el tipo de relación que uno al héroe con su deuteragonista, pero sí de modo indirecto, al referirse a las hijas del Campeador: «Minaya va a ver sus primas dó son, / en él finçan los ojos don Elvira e doña Sol» (vv. 2858-59) . Esto sugiere que Álvar Fánez era sobrino del Cid, por más que el término primo, cuando no va especificado por cormano, poseyese un sentido laxo que permitía referirse con él a parientes de segundo o mayor grado, como ocurría con sobrino.

La Primera Crónica General suele otorgar a Minaya el mismo parentesco que se deduce del Cantar, mientras que la Crónica de Castilla lo sustituye sistemáticamente por el que ofrece en el pasaje comentado.

A la luz de estos texto, podría concluirse que la conversión de Minaya en primo del Cid es una innovación de la Crónica de Castilla. Sin embargo, esto sería inexacto, pues la Primera Crónica General coincide dos veces con aquélla en ofrecer dicho parentesco.

Lo que resulta claro es que primo comarco no procede del Cantar y que, por tanto, no puede admitirse como palabra en rima del restituido verso 3.

Tampoco en el caso del fragmentario verso 7 puede avanzarse.

Más desfavorables son las circunstancias del verso 9. La reconstrucción pidaliana ofrece dudas, pero el verso puede restaurarse de otro modo. La enmienda se basa en suponer que se ha producido aquí por una inversión de hemistiquios, fenómeno frecuente en las prosificaciones para evitar la rima o destuir el hipérbaton y que, por error de copia, se da incluso en el texto del códice único.

La siguiente dificultad la ofrece el verso 11, pero es má aparente que real.

En el verso 12 el problema es menor, pues se reduce a una leve discrepancia en el modo de restaurarlo. Parece adecuado adoptar «Cuando dexó sus palacios sin gente e deseredados»

Queda, en fin, el verso 13 sugerido poar Armistead (1984). En su opinión se trata de una variación tradicional procedente, como ya he indicado, de una refundición del poema cidano. Es casi seguro que el verso propuesto poar Armistead no formara parte de los que antecedían al actual primer verso del poema, sino una mala versión de parte de los que le suguían.

Hasta aquí se han comentando diversas dificultades en la restauraciónde los versos iniciales embebidos en la prosa cronística. En algunos casos se ha podido encontrar una alternativa a las anteriores propuestas problemáticas (vv. 9, 11 y 12), pero en otras ocasiones ha habido que renunciar a ellos (vv. 1, 3 y 13). Esta limitación no debe hacer dudar de la propiedad que, en general, presenta la restauración e incluso puede invitar a completarla. A mi juicio, ello puede hacerse en el caso de cinco versos que antecederían al primero de los ya rescatados. En cuanto al sexto, es el más dudoso y lo presento sólo de modo muy provisional.

Enbió el Cid por sus amigos / e sus parientes e sus vasallos,
en cómmo le mandava el rey / sallir de su reinado
e que·l' non dava / más de nueve días de plazo.
—Quiero saber de vós, / amigos e vasallos,
cuáles queredes ir comigo / e cuáles seredes fincados;
e los que conmigo fuerdes / de Dios ayades buen galardón,
e los que acá fincáredes / quiérome ir vuestro pagado.—
Estonce fabló Alvar Fáñez / a guisa de menbrado:
—Conbusco iremos todos. Cid, / por yermos e por poblados,
ca nunca vos fallesceremos / en cuanto seamos bivos e sanos,
conbusco despenderemos / las mulas e los cavallos
[......................] / e los averes e los paños,
siempre vos serviremos commo leales amigos e vasallos.—
Lo que dixo Alvar Fáñez / todos lo otorgaron;
mucho gradesció mio Cid / cuanto allí fue razonado.
Mio Cid movió de Vivar / pora Burgos adeliñado;
cuando dexó sus palacios / sin gente e deseredados,
de los sos ojos tan fuertemientre llorando,
tornava la cabega e estóvalos catando
.

De todos modos, los amplios márgenes de error conlleva a cualquier desprosificación de este tipo hacen desaconsejable ofrecer estos versos al comienzo de una edición del Cantar, a fin de no dar una falsa impresión de seguridad al respecto. A mi parecer, conviene más transcribir el texto cronístico, en tanto que documento de primera mano, y ofrecer en nota la reconstrucción que se juzgue más fiable, antes como sugerencia del posible aspecto de esos versos perdidos, que como una versión indiscutible de los mismos.

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