jueves, 1 de marzo de 2018

#Resumen Colin Smith - El poeta, su genio y su ambiente

Confío en que se acepte el Poema como una obra unitaria, compuesta por un hombre en un momento determinado. El Poema es una especie de chanson de geste, es un esfuerzo por emular y aclimatar el gran género francés, pero también constituye una interpretación revolucionaria de una modalidad europea establecida.

Los que han contribuido al estudio del poema como literatura han dado naturalmente por sentada esa naturaleza unitaria, producto de una mente única a la que había de aproximarse como tal.

¿Qué tipo de hombre era este poeta? El poeta era culto, educado y bien informado, y compuso escribiendo con plena consciencia de los fundamentos de su arte, tal como éste se había creado y desarrollado en francés. Esto se probará ampliamente en el análisis de su métrica, sus fuentes, y su estilo.

Solamente dos clases de hombres sabían escribir y leer alrededor de 1200 y tenían a la vez el hábito de componer escribiendo, además de copiar: el clero y los letrados o gente de leyes, cuyo medio lingüístico hasta ese momento casi siempre había sido el latín.

Es el interior del poema de donde salen todos los datos que necesitamos para apoyar la tesis de que nos encontramos ante un mentalidad formada en el derecho y ante una persona que ejerce la profesión de leyes;: esta tesis se basa en la índole general del drama, en diversos episodios, y en muchos detalles.

Resumo aquí mi tesis acerca de que Per Abad era un hombre de leyes:

  1. El poeta confiere un aspecto jurídico a muchos actos humanos. La vida está condicionada por la ira o gracia del rey.
  2. El poeta quiere que veamos la pericia jurídica del Cid. En este nuevo tipo de épica, las virtudes cívicas y familiares imponen tanto como las militares, y el poeta quiere enriquecer de este modo el carácter ejemplar del héroe.
  3. En última instancia, la justicia sigue el proceso más moderno de escuchar los alegatos y los testimonios ante jueces imparciales. Que el Cid proceda en efecto a tomarse la justicia en los duelos, en baño y con sangre, puede ser una concesión a la tradición épica establecida. El duelo judicial se afecta con su debido reglamento y bajo la presidencia del monarca y es un medio, por tanto, preferible a la venganza privada.

El poeta tenía un claro sentido de la jerarquía y etiqueta feudales. Le preocupaba especialmente los títulos, rangos, precedencia, y protocolo. Algo de esto es necesario para el propio argumento de la obra, puesto que aunque se retrata al Cid como infanzón, grado relativamente bajo, se llega a hacer lo bastante rico como para que sus hijas atraigan las miradas codiciosas de los Infantes. Sobre estas cuestiones estalla la violenta discusión en la corte, pues el status y el honor forman el mismo núcleo del drama y de la cuestión jurídica.

«Hombre de leyes»: pero ¿a qué clase de letrados pertenecía Per Abad? Era por lo menos notario, pero aparte de ejercer esa función, estaba muy enterado sobre aspectos legales del matrimonio en altos niveles sociales, y sobre los asuntos de la competencia del monarca. El poeta era un especialista en lo civil.

El verismo del Poema puede deberse también a la formación jurídica del autor. Los hombres de leyes tienen que ser realistas; se preocupan por el detalle, y se ocupan de las propiedades y su valor, y del status social de los clientes.

El verdadero valor del Poema, sin embargo, está en otra parte, en un mensaje cívico centrado igualmente en el Cid, pero que nada debe, que sepamos, al Cid de la historia. Es aquí donde mejor se aprecia la concepción revolucionar del poeta. El Cid triunfa sobre la larga adversidad gracias a virtudes de tipo cívico. Le ayudó la destreza militar, naturalmente, pero su genio guerrero de nada le hubiera servido sin la devoción de sus hombres, devoción que fue mucho más allá de los deberes ordenados por el vínculo feudal. El Cid se aseguró esta devoción por su equidad y generosidad, cumpliendo las promesas hechas a los cristianos si bien no las hechas a los judíos, repartiendo con justicia el botín, siendo prudente al no arriesgar las vidas en empresas extravagantes, dando a sus hombres la impresión de que todo estaba de acuerdo con la voluntad de Dios, y hasta de que Dios luchaba a su lado.

Todo el progreso del Cid desde el abismo material y psicológico del exilio hasta su plena rehabilitación cívica, acompñado además de la adquisición de unas riquezas y de un poder muy superior a los que había tenido antes, es una ilustración genial del principio de que la dignidad en la miseria y la obediencia a la ley dan los premios apropiados. La ley no es en sí injusta, dice el poeta. Su aplicación por el rey al caso del Cid podía ser arbitraria y excesiva, pero hay que obedecerla, y con el tiempo se rectificará la injusticia.

A través del carácter del héroe el poeta quiere ejemplificar la mayor virtud de todas: la mesura. La mesura tiene afinidad con la gravitas romana: sus componentes son la dignidad, la serenidad, cierto estoicismo; y también la prudencia y el buen sentido al tomar decisiones, y el tacto y la consideración en las relaciones con otras personas, especialmente con los débiles. La mesura se relaciona por doquier con los principales temas del poema, por ejemplo, con todos los asuntos entre el Cid y el rey (en efecto, la obra podría leerse como un manual de diplomacia), y con su conducta en la corte.

Les falta, por el contrario, mesura a los adversarios del Cid. La mesura es más que necesaria en un héroe cívico, verosímilmente creado por un hombre de leyes.

En el Poema hay una dimensión ulterior, pues el Cid sirve para ejemplificar la movilidad social; mediante sus propios esfuerzos el Cid, infanzón, se alza triunfalmente, alcanza una categoría casi regia en Valencia, y ve finalmente casarse a sus hijas con miembros de las casas reales de Navarra y de «Aragón».

El poeta tiene evidentemente sentimientos anticatalanes, o a lo menos está dispuesto a mostrar que el conde catalán es decadente, fanfarrón, poco guerrero, y que su ejército es poco eficaz. Si el poeta muestra hostilidad a León es cuestión discutible. No podemos rechazar la posibilidad de que, al atribuir a los Infantes el papel de malos, el poeta expresase un prejuicio antileonés, prejuicio todavía vivo en la Castilla de 1207.

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