domingo, 2 de noviembre de 2014

Literatura Latinoamericana II - Resumen parcial Teórico

Clases teóricas

Unidad 1. Proyecciones del modernismo y reconfiguración del mapa cultural.
La progresiva implantación de procedimientos rupturistas en tanto preparación del camino hacia la vanguardia.
1.1. Situación de las letras latinoamericanas al final del modernismo.
a. La poesía: tendencias posmodernistas y atisbos vanguardistas.
b. La prosa: narración criollista.
c. Escritores atípicos y superadores: Julio Torri, Abraham Valdelomar, José Antonio Ramos Sucre.
d. El ensayo: el arielismo y sus metamorfosis. El Ateneo de la Juventud, el arielismo y la cuestión indígena; antimperialismo y nacionalismo.

Situación de las letras latinoamericanas al final del modernismo

A finales del siglo XIX, se logra la autonomía de la esfera artística. Esta autonomía está en relación —mas no sea temporal— con el modernismo literario, así como con la modernización. Así, por un lado, el modernismo literario supone una incipiente especialización de la esfera poética y, por otro, la modernización de los medios de comunicación —entre otros procesos de modernización que se suscitaron en dicha época— se relaciona con la profesionalización del escritor.De este modo, podemos observar que, si bien autonomía, especialización y profesionalización no significan lo mismo, en el contexto de las letras latinoamericanas al final del modernismo, se encuentran en un mismo campo.

Es en este momento cuando la literatura logra una órbita propia, deslindada de otras prácticas discursivas. Así, la literatura se aleja de los tópicos políticos —tan frecuentes en la literatura neoclásica, así como en la del período romántico— para comenzar a poetizar sobre nuevos temas.

En este período, el poeta se toma a sí mismo como objeto a poetizar porque adquiere consciencia de su obra, de su público y del mercado. El poeta vive y sabe que vive en una sociedad en la que prima el valor de cambio.

En cuanto a la modernización, hemos adelantado que no fue solo en materia de comunicación —aunque insistiremos en este punto—, también se dio en los más variados ámbitos, como el religioso, el artístico, el cultural, el urbano, entre otros. El desarrollo urbanístico se imprime en la literatura de la época y la ciudad es tematizada en sus diversos aspectos. El gran desarrollo de la comunicación —barcos de vapor, redes telegráficas, entre otras cuestiones— torna más sencilla la llegada de influencia externa. A su vez, el proceso de alfabetización, así como la existencia de un público ya culto, genera una demanda que debe cubrirse.

Este ingreso de los sectores alfebetizados al consumo de bienes culturales deriva en una amplitud de canales que redunda, a su vez, en una democratización de las formas artísticas. En cuanto al lenguaje, la literatura de la modernización recrea el léxico, la sintaxis, la cadencia de las voces americanas. En cuanto a la forma, predomina la brevedad, ya que los textos deben ser publicados en medios de circulación masiva. Por esa misma razón, los textos no tienen digresiones y buscan un final efectista.

La poesía: tendencias posmodernistas y atisbos vanguardistas

Cuando se habla de poesía posmodernista, se debe matizar el valor adverbial del prefijo pos-, ya que no se trata de «lo que viene después» en un sentido rupturista, sino a una continuación del modernismo. En otras palabras, la poesía posmodernista es el modernismo con nuevas formas. A su vez, esta poesía no debe ser entendida como un puente hacia la vanguardia, pues su estética continúa operando en paralelo a las vanguardias poéticas.

Entre las característica de la poesía posmodernista se puede mencionar a la sencillez lírica. Baldomero Fernández Moreno es incluido en una corriente denominada «sencillismo». A su vez, esta corriente estética propone una «visión provinciana» de la ciudad y de sus suburbios. En este sentido, los límites del poeta son más estrecho —no se le canta a la América toda—, se tematiza lo regional, lo comarcal. En cuanto al lenguaje, se puede observar que es frecuente el uso del registro coloquial. Otras característica de esta poesía son: neorromanticismo, retorno a la tradición clásica, ironía sentimental, cierto prosaísmo.

El posmodernismo es muy importante para las voces femeninas. Aparecen poetas como Delmira Agustini, Alfonsina Storni —una poesía de rasgo feminista—, Juana de Ibarbourou —poesía erótica, pero no conflictiva— y Gabriela Mistral —poesía de vinculación metafísica y religiosa.

La prosa: narración criollista.

En narrativa se da el relato criollista o regionalista —la nomenclatura varía según los autores. Tiene sus orígenes en el modernismo e intenta definir dos cuestiones: por un lado, la crisis del positivismo; por otro, es programática, es decir, hace propuestas para el cambio.

El contexto sociohistórico del desarrollo de esta narrativa es el de la Primera Guerra Mundial. Ésta motoriza la toma masiva de consciencia de las crisis del positivismo, así como del desarrollo tecnológico. Por esta razón, desde lo narrativo se reivindica lo irracional, la intuición, el pensamiento mágico, lo inconsciente; tópicos con los que comenzarán a trabajar las vanguardias, quienes encontrarán esos elementos en las culturas de África y América.

Entre otros representantes de esta narrativa, se pude mencionar a Julio Torri, Rafael Arévalo Martínez, Abraham Valdelomar y José Antonio Ramos Sucre.

Terminada la Primera Guerra Mundial, se establecen las propuestas «irracionalistas» que se presentan como superadoras del positivismo. En ese momento, surge este género de novela de narrativa regionalista. Surmegida en un contexto de reforma social, hay una tematización muy marcada de estos temas.

Es cierto que, por una parte, el regionalismo no puede ser reducido a estos nombres —Benito Lynch, en 1914, publica Los caranchos de la florida, novela regionalista— y que, por otra, Quiroga había escrito sus «cuentos chaqueños» desde principios del siglo xx y, después de 1910, había comenzado con sus relatos de la selva misionera.

A su vez, otras series pertenecen a esta época: La novela de la Revolución Mexicana y la novela indigenista.

La extensión de esta serie va en paralelo a la vanguardia: 1915-1930. Ideológicamente, las ideas irracionalistas alimentan a las vanguardias y a los regionalistas.

En Güiraldes, la civilización está presente, pero con un signo negativo. El narrador prefiere la vida en la naturaleza, la vida natural que se pierde, y desconfía de la civilización. En la mirada de Rivera, la puja entre civilización y barbarie la gana ésta última. En su novela, La vorágine el protagonista se torna una bestia.

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