En la comunicación literaria, Schmidt propone una teoría de la comunicación literaria como alternativa a las ciencias de la literatura. Antes de comenzar a desarrollar la explicación de su propuesta, considero oportuno dar cuenta de las definiciones que da sobre lo que entiende por ciencias de la literatura y por comunicación.
Schmidt habla de ciencias de la literatura ya que entiende que es posible relacionar, por un lado, las propuestas con vistas a un tratamiento científico de los textos literarios con ciertas filologías y, por otro, con decisiones fundamentales del dominio de la teoría de las ciencias o del dominio de la filosofía (ciencias de la literatura vinculadas a la historia de las ideas, a la tendencia de la inmanencia de la obra, a la crítica ideológica, entre otras).
Al momento de aclarar qué entiende Schmidt por comunicación literaria, comenzaré por decir que él considera a la sociedad bajo la perspectiva de la comunicación. Así, entiende correcto representarse a la sociedad como un sistema complejo de sistemas de comunicación que pueden distinguirse unos de otros según la estructura y la función de los procesos de comunicación que en ellos se desarrolla. Schmidt explica que la estructura y la función de tales sistemas de comunicación están institucionalizadas y que esos sistemas pueden ser clasificados con denominaciones constituidas a lo largo de la historia: por ejemplo, política, economía, ciencia, cultura, entre otros. A su vez, dice que esos sistemas parciales pueden ser subdivididos en dominios constituyentes: por ejemplo, la cultura en sistema educativo, religión, arte, entre otras. Estos dominios de constituyentes son, a su vez, subdivisibles en sistema-elementos: el arte, por ejemplo, en pintura, música, literatura, entre otros.
Por último, y con respecto a esta perspectiva, aclara que los diferentes sistemas poseen elementos comunes y que la delimitación de unos con respecto a otros se hace teniendo en cuenta el carácter dominante de ciertos factores.
Comunicación
En cuanto al concepto de comunicación, da una definición muy general según la cual acepta a la comunicación como transmisión de informaciones por medio de objetos de comunicación en situaciones de comunicación entre participantes de comunicación. Así, toma a la comunicación como un conjunto de actos sociales realizados sobre la base de esquemas de actos (convenciones, normas, etc) por mediación de un código admitido por los participantes.
Críticas a las ciencias de la literatura
Estas concepciones son las que permiten entender las críticas que Schmidt realiza a las ciencias de la literatura, así como su propuesta por una teoría de la comunicación literaria. Schmidt dice que la historia de las ciencias de la literatura muestra una serie de insuficiencias que han llevado siempre a crisis fundamentales. Situa esas deficiencias en tres planos:
- Puntos de vistas parciales a la hora de determinar el dominio de investigación propio de la ciencia de la literatura;
- insuficiencia en la metodología de la comprensión de los textos literarios;
- insuficiente esclarecimiento de los fundamentos teóricos y epistemológicos de las ciencias de la literatura.
Sobre el tema de los puntos de vistas parciales a la hora de determinar el dominio de investigación propio de la ciencia de la literatura, Schmidt dice que la sucesión de escuelas en el campo de las ciencias de la literatur apuede caracterizarse como el predominio sucesivo de tales o cuales intereses por el fenómeno literario: ya el autor, la historia de las ideas, el receptor, entre otros. Ante dicho panorama, entiende que si se toma como punto de partida la descripción de lo que ocurre efectivamente cuando aparecen textos literarios en el seno de la sociedad, habría que proponer como lo específico de una ciencia de la literatura —tal como la teoría de la comunicación literaria— todos los procesos de interacción social y de comunicación que tienen como objetos temáticos lo que se llama textos literarios. Dichos procesos, agrega, son los que llama comunicación literaria.
En cuanto a la insuficiencia metodológica en la comprensión de textos, Schmidt entiende que no existe un método unánimemente aceptado para la interpretación y valoración de los textos literarios. En ese sentido, dice que para que el trabajo hecho en ella pueda ser realizado como un proceso de adquisición de conocimiento conforme a reglas, y susceptible de ser enseñado y aprendido, es preciso que la ciencia de la literatura disponga de una metodología explícita y de métodos racionalmente aplicados.
Sobre el insuficiente esclarecimiento de los fundamentos teóricos y epistemológicos de la ciencia de la literatura, entiende que no existe un intento sistemático de desarrollar una ciencia de la literatura que tome como fundamento la teoría analítica de la ciencia en una forma elaborada, es decir, no positivista. En ese sentido, propone edificar, sobre la base de la variante de la teoría analítica de la ciencia, una ciencia de la literatura sistemática que pueda ser considerada como una alternativa a las variantes hermenéuticas.
Teoría de la comunicación literaria
Esa alternativa, dice, es la teoría de la comunicación literaria y señala que se caracteriza por tres criterios:
- Es una teoría que se refiere al conjunto del dominio de la comunicación literaria;
- Tiene un objetivo empírico;
- Se orienta según criterios de cientificidad y según el concepto de teoría vigentes en la teoría analítica de la ciencia.
Al describir el concepto de comunicación literaria, observa que en la sociedad hay personas que llevan a cabo actos de comunicación literaria y pasa a nombrarlos como:
- Productores de objetos de comunicación literaria, aquellas personas o grupos de personas que producen textos o llevan a cabo acciones que pertenecen al dominio de la comunicación estética, más específicamente, al dominio de la literatura;
- Intermediarios de los objetos literarios, personas a las que se le ofrecen esos objetos como productos de comunicación literaria y los juzgan como tales y los transmiten;
- Receptores de los objetos de comunicación literaria, personas que reciben como objeto de comunicación literaria lo que se les presenta como tal por los productores y los intermediarios;
- Agentes de transformación de los objetos de comunicación literaria, personas que, por medio de sus propias producciones, declaran como literarios los objetos de comunicación que reciben.
Al conjunto total de esos actos, comprendidos también los estados de cosas y los objetos que los condicionan y se derivan de ellos, es a lo que Schmidt denomina como comunicación literaria y lo presenta como aquello que constituye el dominio de investigación de la Teoría de la comunicación literaria.
Asimismo, dice que se pueden subsumir los cuatro dominio parciales de la comunicación (productores, intermediarios, receptores, agentes de transformación) bajo el siguiente punto de vista:
- Los autores de textos literarios escriben para un público y quieren participar algo a alguien;
- Los intermediarios y los agentes de transformación sólo pueden ejercer su función si comunican con otros a propósito de los textos literarios.
- El receptor debe construir una relación de comunicación con el texto, es decir, debe aceptar al menos el texto como fuente de información.
De ese modo, Schmidt señala que la Teoría de la comunicación literaria se ocupará de las condiciones, estructuras, funciones y consecuencias de los actos que se concentran en los textos literarios. En ese sentido, define a la Teoría de la comunicación literaria como la teoría de los actos de comunicación literaria y de los objetos, estados de cosas, presuposiciones y consecuencias que tienen importancia para la comunicación. Desde el punto de vista formal, señala que se trata en cada ocasión del análisis de las relaciones texto-contexto, donde el lugar del texto es ocupado por los textos literarios y el del contexto, por todas las informaciones, cuyas relaciones con el texto resulten interesantes en una teoría de la comunicación literaria, de las que dispone el investigador.
Lo literario
En cuanto a lo literario, propone una solución pragmática y lo define como aquello que los participantes de la comunicación implicados en procesos de comunicación a través de textos tienen por literario sobre la base de las normas poéticas válidas para ellos en una situación de comunicación dada. Señala, entonces, que dicho concepto sólo puede ser llenado empíricamente con investigaciones sobre los procesos concretos de comunicación literaria.
Criterios para la delimitación de de la comunicación literaria.
Schmidt se pregunta por los criterios que permitan distinguir de modo necesario y suficiente la comunicación literaria de todos los sistemas de comunicación. Tales criterios, dice, deben caracterizar tanto el modo de ser de la comunicación literaria, como el carácter específico del objeto de comunicación.
Regla F
Para caracterizar el modo de ser de la comunicación literaria, propone como primer criterio de delimitación a lo que denomina como regla F. Schmidt explica que este criterio no es específico de la comunicación literaria, sino que es un criterio general de delimitación de la comunicación estética. La regla F estipula que para todos los participantes de la comunicación estética rige la instrucción de actuar tendente a obtener de ellos que de entrada no juzguen los objetos de comunicación interpretables referencialmente o sus constituyentes según criterios de verdad como verdadero/falso. Agrega que, a partir de esta regla, los criterios de verdad quedan suspendidos y, por lo tanto, es preciso hacer intervenir otros criterios respecto a la posición tomada frente a objetos de comunicación primaria tenidos por estéticos en el marco de la concepción del arte vigentes en ese momento o que los interlocutores de la comunicación aceptan implícitamente.
La aceptación de esta regla implica para la realización de la comunicación literaria que los papeles se han vueltos fictivos, fictivizados. Schmidt explica que el productor de objetos de comunicación estética fictiviza su papel mediante una separación consciente de las instancias persona real y papel adoptado. Añade que esta fictivización del papel del productor debe ser reconocido por el receptor para que la comunicación se lleve a cabo con éxito.
Por otra parte, la fictivización del papel del receptor consiste en una separación consciente del receptor en un yo real y un yo fictivo. Señala, entonces, que dichas condiciones son válidas igualmente para los intermediarios y los agentes de transformación, quienes deben comenzar de todos modos actuando en condición de receptores.
Explica que los efectos de la regla F en el dominio específico de los textos literarios pueden ser caracterizados del modo siguiente: si el receptor de un objeto literario no puede poner las aserciones contenidas en un texto literario en relación con el productor real ni con el modelo de realidad socialmente admitido como válido por el productor real en el momento de la producción textual; entonces sólo queda como marco de referencia para los elementos referenciales el mundo construido en el propio texto y realizado por el receptor como lectura posible. Así, dice Schmidt, el receptor, por el hecho de la fictivización de su papel en la comunicación, contrae un compromiso según el cual no acepta exclusivamente lo que es dado, sino que entra en un debate con las concepciones que concretiza en el mundo textual.
De esa manera, Schmidt señala que la regla F funciona como un criterio de delimitación de la comunicación literaria al reconocer que la fictivización de los roles comunicativos lleva a no verse en la obligación de referir los mundos textuales al marco de referencia de los modelos de realidad válidos para los agentes reales de la comunicación, como es obligatorio el caso de la comunicación no literaria. Propone, entonces, utilizar la expresión mundo fictivo para los mundos textuales que los receptores ponen en correlación con el texto literario al observar la regla F.
Define al mundo fictivo como un mundo o sistema de mundos que un receptor pone en correlación con el texto literario en la comunicación literaria, y al hacerlo así admite que el productor no afirma la existencia o la presencia efectivas de personas, objetos y estados de cosas que aparecen en el mundo textual, aunque aserciones aisladas o secuencias enteras describan hechos, estados de cosas, personas reales.
Al especificar los efectos de la regla F en la recepción de los objetos de comunicación literaria dice que el receptor que entra en un proceso de recepción en las condiciones de la comunicación literaria: cuenta con que el autor ha fictivizado su papel y cuenta con que el marco de referencia que conviene para las aserciones de los textos literarios no está fijado de manera unívoca, y con que el receptor no debe establecer simplemente su modelo de realidad como contexto.
De este modo, la aceptación de la regla F genera problemas específicos que el receptor tiene que resolver para instaurar una lectura coherente. Entonces, señala que para construir una estructura de significación que posea para él una coherencia, el receptor empleará hipótesis heurísticas tomadas de su propio sistema de presupuestos. Estas hipótesis difieren de un momento a otro, por lo que se explican así las variaciones de interpretación de los textos literarios sin pérdida de coherencia para cada receptor: así, dice, el receptor debe poner en práctica sus interpretaciones previas para comprender las maneras de comportamiento, los personajes, las representaciones específicas, etc., en los textos literarios.
Polifuncionalidad
Para dar cuenta del carácter específico del objeto de comunicación, Schmidt propone como segundo criterio de delimitación de la comunicación lo que da en llamar polifuncionalidad.
Define a la polifuncionalidad como a un conjunto de propiedades textuales significativas, pretendidas por el productor del objeto literario y esperadas por el receptor, que en la comunicación literaria deben aparecer necesariamente o estar ausentes de la misma manera reconocible y valorables.
Así, explica que, si la polifucionalidad es un elemento constitutivo de los textos literarios, su función es la de hacer posible lecturas diferentes de los propios constituyentes textuales, de sus mutuas relaciones y con el conjunto del texto, así como del conjunto del texto. Señala que la polifuncionalidad constatada y valorada semántica y estéticamente por el receptor se denomina polivalente.
Asimismo, explica que las propiedades textuales polifuncionales son de naturaleza estructural y deben ser reconocidas por el receptor. Estas propiedades son localizables en todos los niveles de construcción del texto: fonológico, morfológico, sintáctico, entre otros.
Añade que la función de la textualización polifuncional para la comunicación literaria consiste en elevar la densidad de organización de los componentes textuales de modo que los receptores puedan hacer de ellos lecturas polivalentes. Consiste, también, en guiar las reacciones de los receptores.
Vinculo entre la regla F y la polifuncionalidad
El vínculo entre la regla F y la polifuncionalidad debe verse de tal manera que es sólo bajo los efectos de la regla F como los productores de textos se ponen en situación de poner en juego categorías de producción que no serían aplicables si los textos fueran juzgados y apreciados en primer término respecto de su verdad comprobable de modo unívoco, o respecto de su utilización tanto unívoca como posible orientada a ser guía de acciones. Por el contrario, la despragmatización de la comunicación por el efecto de la regla F permite la aplicación de categorías estéticas en el momento de la producción y de la recepción de los textos literarios.
Concluye que estos dos criterios puestos en relación dialéctico proporcionan una delimitación necesaria y suficiente que permite, por lo tanto, una definición satisfactoria del concepto de literariedad.
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