En "Conclusión: crítica política", Eagleton dice entender que no hay necesidad de llevar la política a la teoría literaria porque ella siempre ha estado ahí. Al hablar de lo político, se refiere a la forma en que se organiza la vida social en común y a las relaciones de poder que ello presupone. Agrega que la teoría literaria es una perspectiva especial desde la cual se observa la historia de nuestra época.
Cualquier conjunto de teorías referente al significado, a los valores, al lenguaje, a los sentimientos y a la experiencia humanos inevitablemente tendrá que referirse a conceptos muy hondos sobre la naturaleza tanto de los individuos humanos como de las sociedades, los problemas de la sexualidad y el poder, las interpretaciones del pasado, los puntos de vista sobre el presente y las esperanzas para el porvenir.
Así, para Eagleton la teoría literaria "pura" no pasa de ser un mito académico. Entiende por teoría "pura" una teoría no ideológica, desligada de la historia y la política. Señala que cuanto más intentan desligarse de ellas, las teorías "puras" son tanto más ideológicas.
Entiende que no se debe censurar a las teorías literarias por tener características políticas, sino por tenerlas encubiertas o inconscientemente. Es decir, por presentar como verdades "técnicas", "axiomáticas", "científicas", o "universales" doctrinas que, si se reflexiona un poco sobre ellas, se ve que favorecen y refuerzan intereses particulares. La conclusión a la que arriba, entonces, es que toda la teoría literaria es política.
Asimismo, sostiene que lo censurable no es que la teoría literaria sea política, sino que, en su afán por desligarse de la realidad, refuercen cosas que el sistema de poder da por sentadas. Es decir, no que sean políticas, sino su tipo de política. En ese sentido, dice que la historia de la teoría literaria moderna equivale a un relato donde se describe el afán por escapar de la realidad para refugiarse en una serie de opciones al parecer interminable: el poema propiamente dicho, la sociedad orgánica, el mito, el lenguaje, entre otras; sin embargo, incluso cuando huye de las ideología modernas, la teoría literaria revela su complicidad con ellas —a menudo inconsciente—, pone de manifiesto su elitismo, sexismo o individualismo precisamente en el lenguaje "estético" —al que la teoría literaria "pura" entiende como "no político"— que le parece natural emplear en el texto literario propiamente dicho. Eagleton sentencia que esa teoría literaria refleja los valores de un sistema político que subordina lo social de la vida humana a la empresa individual solitaria.
Método
Para Eagleton hay dos formas para que una teoría pueda proporcionarse a sí misma un objetivo claro y una identidad: definirse en función de sus métodos particulares de investigación o en función del objeto particular que investiga.
Afirma que cualquier intento para definir la teoría literaria en función de un método distintivo está condenada al fracaso. Se supone que la teoría literaria reflexiona sobre la naturaleza de la literatura y de la crítica literaria, pero ¿cuántos métodos intervienen en la crítica literaria? Se puede hablar del poeta, examinar las formas sintácticas que adopta, analizar la fenomenología de la lectura, entre otras cosas. Esos métodos no tienen ninguna significación en común. De hecho, tienen más en común con otras disciplinas —la lingüística, la historia, la sociología, etc—. Desde el punto de vista de la metodología, la crítica literaria es un "no tema". Si la teoría literaria es una reflexión crítica sobre la crítica, la consecuencia es que también es un "no tema".
Para Eagleton, la unidad de objeto es tan ilusoria como la unidad del método y cita a Barthes para quien "la literatura es lo que se enseña".
Plantea que, quizá, esa falta de unidad metodológica podría no preocupar; sin embargo, advierte que no todos los métodos son mutuamente compatibles. Señala que los críticos que hacen ostentación de su pluralismo metodológico pueden hacerlo porque los métodos en los que piensan no son tan diferentes. Dice que algunos críticos, incluso, prefieren trabajar sin métodos, a base de vislumbres y corazonadas; y entiende que no debería tomarse completamente en serio esa forma de descartar el método, pues las vislumbres y corazonadas dependen de una estructura de supuestas intuiciones, a menudo tan tenaz como la de cualquier estructuralista. Tal crítica "intuitiva", a menudo parece no intuir la presencia de valores ideológicos en la literatura. Es difícil discutir con esos críticos sobre preconcepciones ideológicas porque el poder que la ideología ejerce sobre ellos queda clarísimo en el hecho de estar convencidos de la "inocencia" o "pureza" de su forma de leer.
Humanismo liberal
Afirma que el problema de la teoría literaria es que ni puede derrotar a las ideologías dominantes, ni puede unirse a ellas. Y añade que la impotencia del humanismo liberal es síntoma de su relación esencialmente contradictoria con el capitalismo moderno. Así, dice, el humanismo liberal es a la vez muy ineficaz y la mejor ideología de lo "humano" que la actual burguesía social tiene a su disposición. Señala que "individual con características únicas" ciertamente es importante cuando se trata de defender el derecho de los empresarios a percibir utilidades a la vez que dejan sin trabajo a hombres y mujeres.
Eagleton dice que los departamentos de literatura en las instituciones de educación superior son parte del aparato ideológico del Estado capitalista moderno y que lo único que se pide a los estudiantes es que manipulen un lenguaje específico de una manera aceptable dado que "a nadie le importa particularmente lo que usted diga". Es decir que los estudios literarios se refieren al significante y no al significado. De esto, concluye que los teóricos literarios, junto a los críticos y profesores, más que impartidores de una doctrina son guardianes del discurso.
Objeto
El discurso en sí mismo carece de significado definido, lo cual no quiere decir que no encierre ciertas presuposiciones: es como una red de significados, de objetos y de prácticas. Ciertos textos o escritos se seleccionan por ser más adaptables que otros a este discurso, y constituyen lo que se conoce como literatura o "canon literario".Ese discurso puede operar en escritos "no literarios". Esto es motivo de desconcierto para la crítica literaria que circunscribe para su propio uso un objeto especial —la literatura—, por ejemplo el formalismo; pero ese objeto existe como un conjunto de técnicas discursivas que no tienen ninguna necesidad de limitarse tan solo al objeto "literatura".
Otra razón por la cual la crítica no puede justificar su autolimitación a ciertas obras apelando a su "valor" es que la crítica forma parte de una institución literaria que, en primer lugar, concede a esas obras la categoría valiosa. La crítica literaria procesa, corrige y reescribe textos de conformidad con ciertas normas institucionalizadas de lo "literario". Si bien entiende que el discurso crítico carece de significado determinado, afirma que su aparente generosidad en el nivel del significado sólo es equiparable a su intolerancia sectaria en el nivel del significante: el discurso crítico es poder. Entiende que encontrarse en el interior del discurso equivale a no tener ojos para ver ese poder, ¿pues qué cosa es más natural y no dominante que hablar nuestra propia lengua?
El poder del discurso crítico se mueve en varios niveles:
- El poder que realiza con el lenguaje labores "policíacas": determina que ciertas afirmaciones deben quedar excluidas porque no se adaptan a lo que resulta aceptable decir;
- el poder que vigila lo que se escribe y lo clasifica en "literario" y "no literario;
- el poder de la autoridad frente a los demás: las relaciones de poder entre quienes definen y preservan el discurso y entre quienes puede ingresar al discurso;
- el poder de dar certificado
Teoría como ilusión.
Eagleton sugiere que la acción lógica final en un proceso que principió por reconocer que la literatura es una ilusión sería reconocer que la teoría también es una ilusión. Es una ilusión en primer lugar porque la teoría literaria no pasa de ser una rama de las ideologías sociales, carente en absoluto de unidad o identidad que la puedan diferenciar. En segundo lugar, porque la única esperanza que tiene de distinguirse —aferrándose a un objeto llamado literatura— está fuera de lugar. Es decir, carece de método y de objeto.
La intención de Eagleton es la de ver si es posible habla de "teoría literaria" sin perpetuar la ilusión de que la literatura existe como objeto de conocimiento distinto y delimitado. Desde su punto de vista "literatura" es un nombre que la gente da de vez en vez y por diferentes razones a ciertos escritos ubicados dentro del campo de lo que Michel Foucault denominó "prácticas discursivas". Así, entiende que, si algo va a ser objeto de estudio —de la teoría del discurso—, es mejor que lo sea todo el campo de las prácticas en vez de únicamente esas que a veces reciben el nombre oscuro de "literatura".
Teoría del discurso
Eagleton opone a la teoría literaria, una clase diferente de discurso que incluiría los objetos "literatura", pero transformándolos al colocarlos en un contexto más amplio. Lo específico del tipo de estudio que propone es su interés por los tipos de efectos que producen los discursos y por la forma en que los producen. Se trataría de la forma más antigua de "crítica literaria" en el mundo: la retórica, la forma de análisis críticos que estudió la forma en que están construidos los discursos con el fin de lograr ciertos efectos. Su horizonte era nada menos que el campo de las prácticas discursivas en el conjunto de la sociedad.
La retórica o teoría del discurso comparte con el formalismo, el estructuralismo y la semiótica el interés por los recursos formales del lenguaje, pero al igual que la teoría de la recepción, también se interesa en ver cómo funcionan eficazmente esos recursos donde se les "consume". Su preocupación con el discurso como forma de poder y deseo puede aprender mucho de la teoría de la desconstrucción y en la teoría psicoanalítica; y en su creencia en que el discurso puede transformar al hombre tiene muchos puntos de contacto con el humanismo liberal.Eagleton explica que la retórica quería encontrar las formas más eficaces para exhortar, persuadir y discutir, y los retóricos estudiaban esos recursos en el lenguaje de los demás para emplearlos en el propio aún con mejores resultados. En ese sentido, era una actividad a la vez "creadora" y "crítica". El término "retórica" abarca la práctica del discurso eficaz y la ciencia de ese discurso: una forma de estudio que examina los diversos sistemas de signos y prácticas significativas de nuestra sociedad.
Usos de la literatura
Según Eagleton, los humanistas liberales tienen razón cuando afirman que sí vale la pena estudiar literatura, lo que no quiere decir que la literatura tenga utilidad. Sin embargo, dice que en nuestros días leer una obra en cierto sentido equivale a utilizarla: toda teoría literaria presupone cierto aprovechamiento de la literatura. La crítica humanista liberal la emplea para promover ciertos valores morales, los cuales no pueden disociarse de ciertos valores ideológicos que, al fin y al cabo, implican una forma particular de política. Los valores rigen el verdadero proceso de la lectura, informan el sentido que la crítica extrae de las obras que estudia. No hay manera de zanjar la cuestión acerca de cuál política es preferible en función de la crítica literaria.
Propósito estratégico
Por último, y dado que entiende que cualquier intento por definir el estudio de la literatura en función de su método o de su objeto está condenado al fracaso, se propone exponer de otra manera en qué se distinguen entre sí las diversas clases de discurso. Un propósito estratégico que significa preguntar por qué la teoría del discurso se ha de ocupar de él.
Entonces ¿cómo puede la retórica o teoría del discurso contribuir a hacernos mejores?
Los discursos, los sistemas de signos y las prácticas relacionadas con el significado, desde el cine y la televisión hasta la novela y los lenguajes de las ciencias naturales, producen efectos, modelan formas de conciencia e inconsciencia estrechamente relacionadas con el mantenimiento o la transformación de nuestros sistemas de poder existentes.
Apunta que si la ideología indica el nexo entre discurso y poder; entonces, se trata de tomar como punto de partida qué se desea hacer, para ver después qué métodos y teorías ayudarán a alcanzar dichos fines. Sostiene que ideología es el nombre que siempre se le da a los intereses de los demás pero rara vez a los propios.
Explica que en cualquier estudio académico se seleccionan objetos y métodos de procedimiento que parecen ser los más importantes, y la evaluación de su importancia se rige por marcos de interés con hondas raíces en las formas prácticas de vida social. Sin embargo, entiende que ninguna teoría ni ningún método tiene solamente una aplicación estratégica: pueden movilizarse de acuerdo con diversas estrategias y con fines diferentes. Es decir, se trata de demostrar no de suponer desde el principio que tal método o tal teoría servirá para el caso.
Y concluye que las diversas formas de crítica se diferencian porque definen de manera diferente el objeto de análisis, porque tienen diferentes valores, criterios y metas, y por ello ofrecen diferentes tipos de estrategias para alcanzar esas metas.
Gracias. Me ayudó mucho a entender ese texto :)
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