Barthes intenta sistematizar los momentos en el que al leer se levanta la cabeza, esa lectura irrespetuosa. Trata de captar la forma de todas las lecturas dado que, entiende, la forma es el único territorio de la ciencia. En ese sentido, intenta llegar a una teoría de la lectura.
Dice que, generalmente, la crítica funciona o bien a base de microscopio o a base de telescopio. En S/Z él ha intentado filmar la lectura de Sarrasine en cámara lenta. Entiende que el resultado no ha sido un análisis, sino el texto que se escribe en nuestra cabeza cada vez que levantamos la cabeza del texto.
Ese texto-lectura es poco conocido porque desde hace siglos no hay un interés en el lector. El exorbitante privilegio concedido al punto de partida de la obra (persona o Historia) determinan una economía muy particular: el autor está considerado como eterno propietario de su obra, y nosotros, los lectores, como simples usufructuadores: esta economía implica evidentemente un tema de autoridad: el autor tiene derechos sobre el lector, lo obliga a captar un determinado sentido de la obra, y este sentido, naturalmente es el bueno. Lo que se trata de establecer es siempre lo que el autor ha querido decir, y en ningún caso lo que el lector entiende.
Todavía nos apercibimos con dificultad de hasta qué punto la lógica de la lectura es diferente de las reglas de la composición. La lectura (ese texto que escribimos cuando leemos) dispersa, disemina. Con la lógica de la razón (que hace legible la historia) se entremezcla una lógica del símbolo. Esta lógica es asociativa: asocia al texto material otras ideas, otras imágenes, otras significaciones. En ese relato, un suplemento de sentido del que ni el diccionario ni la gramática pueden dar cuenta.
Toda lectura deriva de formas transindividuales: las asociaciones engendradas por la literalidad del texto nunca son anárquicas, siempre proceden de determinados códigos. Esas reglas proceden de ese inmenso espacio cultural del que nuestra persona (lector o autor) no es más que un episodio. Abrir el texto es conducir al reconocimiento de que no hay verdad objetiva o subjetiva de la lectura, sino tan sólo una verdad lúdica.
Para Barthes, leer es hacer trabajar a nuestro cuerpo siguiendo la llamada de los signos del texto.
No hay comentarios :
Publicar un comentario