viernes, 3 de abril de 2015

#Resumen Michel Austin; Pierre Vidal-Naquet - El mundo homérico

La Grecia micénica, la de la Edad de Bronce, es la de los reinos minúsculos centralizadores y burocráticos. En sus palacios centralizadores, se contabilizaban con extraordinaria minuciosidad toda la actividad económica. Este mundo micénico desapareció a lo largo del siglo XII. Con él desapareció definitivamente de la historia de Grecia el tipo de estructura social que representaba.

La historia de Grecia en la época clásica (que comienza a configurarse aproximadamente en el siglo VIII) dejará de ser una historia de palacio contabilizador y burocrático para convertirse en la historia de sus ciudades. 

Los poemas homéricos como fuente histórica

El primer testimonio histórico después de la caída del mundo micénico son los poemas homéricos de la Ilíada y la Odisea. Se presentan como una evocación de sucesos que tuvieron lugar en el mundo micénico durante la Edad de Bronce. Los poemas homéricos pretenden ser una descripción del mundo micénico ya desaparecido; pero su intento resulta insignificante frente a todo lo que Homero (y el período en el que vivió) ha olvidado del mundo micénico en el terreno de las instituciones y de los hechos de la civilización. Existen, en efecto, en los poemas una serie de anacronismos y, a partir del desciframiento del lineal B, se ha resaltado la diferencia entre el mundo micénico y la sociedad homérica. Por ejemplo: los palacios micénicos, con su minuciosa burocracia, se hallan abismalmente separados de aquellos de los reyes homéricos, infinitamente menos complejos en su organización y en los que no existe la escritura, hecho determinante en el mundo micénico.

Así, los poemas homéricos no pueden considerarse una descripción literal del mundo en el que viviera el poeta (s. VIII a. C.). Deberá tenerse en cuenta siempre el voluntarismo arcaizante del poeta que mira al pasado, hacia un mundo desaparecido que intenta evocar. Lo que Homero describe es un mundo intermedio en el tiempo (pero no necesariamente en las instituciones) entre el micénico y el suyo, es decir, el mundo griego de la edad oscura de los siglos X y IX, posterior a la caída de los palacios micénicos, pero anterior al desarrollo de la polis en el siglo VIII.

Esquemáticamente se puede decir que existen tres niveles históricos en Homero: 1) el mundo micénico que el poeta trata de evocar, 2)la edad oscura y 3)la época en la que vivió el poeta. No siempre resulta sencillo distinguir con claridad lo que pertenece a uno u otro nivel.

Aparecen en los poemas de Homero oposiciones concurrentes a lo largo de toda la civilización griega. En efecto, Homero opone fundamentalmente los consumidores de pan, cultivadores del suelo, ganaderos y sacrificadores (los hombres), al conjunto de los no humanos (monstruos antropófagos, sirenas o diosas). 

Homero era consciente del hecho de que el desaparecido mundo micénico era más rico y más poderoso que aquel en el que él vivía. Recrea ese mundo tal como él se lo representaba, y para ello exagera voluntariamente la riqueza de sus reyes. Tal como lo revelan las excavaciones, la imagen del mundo griego de esa época es mucho más opaca.

Para la época en la que, a groso modo, se situaría la sociedad homérica, faltan los medios de control: la imagen del mundo homérico, pues, deberá guardar siempre cierto grado de abstracción.

Por otra parte, no existe una sociedad homérica, sino dos sociedades. la de la Iliada y la de la Odisea. La Iliada refleja un mundo más arcaico y menos abierto que la Odisea. La Iliada muestra una sociedad de guerra en la que la aristocracia guerrera desempaña un papel esencial por la supremacía militar que ostenta, y en la que el papel de las clases inferiores queda, por consiguiente, más desdibujado, pues «ni en la guerra ni en el consejo cuentan». La Odisea da una imagen mucho más detallada de la sociedad y de lo que nosotros llamamos economía. Sobre todo, presta mayor atención al individuo: los humildes tienen mayor protagonista y el poeta se interesa mucho más por su suerte.

Características del mundo homérico

La primera característica esencial del mundo homérico es la inexistencia de la polis en el sentido clásico. Desde luego, se encuentran en Homero referencias a la ciudad en el sentido de aglomeración urbana, con un centro (el ágora) en el que se reúne la gente. El sentimiento comunitario existe ya en Homero, pero sufre aún la fuerte competencia del poder del oikos aristocrático.

En Homero no se encuentra la noción posteriormente fundamental de ciudadanía, de los derechos y deberes del ciudadano y, por consiguiente, tampoco la noción antitética de no ciudadano, de extraño a la comunidad política. La antítesis entre hombre libre y esclavo tampoco resulta clara. La esclavitud como institución es presentada por el poeta como algo natural.

El papel principal en el mundo homérico lo desempeña el oikos aristocrático. Los grandes héroes ocupan el primer plano de la escena y actúan autónomamente, como si no existiera la comunidad. Sin embargo se vislumbra la existencia de cierto sentimiento de comunidad. Existe, pues, cierta tensión entre la ciudad homérica y el oikos aristocrático.

¿Qué es el oikos? En su sentido puramente humano, no es una institución fundamentada estrictamente en el parentesco. El oikos tendrá un grupo familiar más o menos extenso en su centro; pero incluirá a todas las personas, libres o esclavas, que dependen directamente del jefe del oikos, es decir, a todos los servidores dedicados a las numerosas tareas necesarias para la vida económica del oikos.

Pero la noción de oikos se refiere a algo más que un simple grupo humano. Engloba toda clase de bienes, muebles e inmuebles, inseparables en la práctica del grupo humano, que forman parte de él las tierras, los edificios, el ganado, las reservas de todas clases, el material, etc. El oikos es una unidad económica al mismo tiempo que una unidad humana, y es gobernado por el jefe del oikos, que en el mundo homérico será un gran jefe guerrero, como Menelao o Ulises. En su interior no caben los intercambios: toda la producción se concentra en manos del jefe del oikos que luego la reparte según su criterio.

¿En qué consistía la riqueza material de un oikos aristocrático? En primer lugar, en tierras; los nobles guerreros eran ante todo terratenientes. Ya en Homero se halla el concepto de agricultura como fundamento de la civilización. La riqueza de los grandes jefes se medía sobre todo por el número de cabezas de ganado, principalmente de bueyes, que tenían en sus territorios. Junto a esto, debe contabilizarse el tesoro acumulado que se guardaba en una habitación especial en el centro del palacio. La posesión de un tesoro lo más cuantioso posible no obedecía sólo a imperativos estrictamente utilitarios, sino que también responde a consideraciones de prestigio. El poderío del noble guerrero se medirá, entre otros patrones, por la magnitud de su tesoro y por la magnificencia de los regalos que puede ofrecer a los huéspedes de su mismo rango.

No era posible mantener la autarquía de manera estricta. Entre las comodidades esenciales que el oikos no estaba en condiciones de proporcionar se hallaban los metales y los esclavos. El primer medio de adquisición era la guerra. Sin embargo, la guerra no podía ser el único medio de adquisición. Generalmente, para obtener metales y objetos preciosos debía recurrirse al intercambio. Se hallan en la Odisea numerosos ejemplos de una determinada técnica de intercambio basado en el regalo y en el regalo por correspondencia, bien conocida en numerosas sociedades primitivas. No se da simplemente para hacer un favor, sino porque así se asegura, en plazo más o menos largo, un regalo o un servicio de vuelta. El regalo establece la obligación del regalo de correspondencia (armaduras, metales, objetos preciosos, etc.). A través de esta institución podían organizarse los intercambios y llenarse las lagunas de la autarquía. Es destacable la absoluta carencia de ánimo lucrativo en estos intercambios basados en la hospitalidad. Estos estaban regidos por la noción de equivalencia.

Homero no posee un término técnico para designar al comerciante; para él son simples prakteres, agentes. Los fenicios, únicos especialistas en el comercio, no contribuirán a una valorización positiva del comercio, sino todo lo contrario.

Las clases sociales bajas en Homero

La condición de un hombre no se define en abstracto, sino referente a su pertenencia o no a un grupo, y en el mundo homérico la unidad básica es el oikos aristocrático. Por consiguiente, se dice que la situación inferior no es la de esclavo, sino la de thes, el hombre libre que no posee nada, viéndose, pues, obligado a vender sus servicios a otro. El thes no tenía ningún vínculo con el oikos aristocrático ni formaba parte de él como el esclavo, que desde este punto de vista era más afortunado que él.

La distinción entre libre y esclavo no pasa por la naturaleza del trabajo que realizan. Entre los esclavos, hombres y mujeres, que forman parte del oikos de Ulises se distinguen dos grupos: junto a los esclavos corrientes que sólo están para ejecutar lo que se les ordena, existe un grupo de privilegiados que gozan de la confianza y la estima de sus amos, participando en la gestión del oikos.

Falta información acerca de los demás miembros de la sociedad. Se entrevé la existencia de pastores independientes, sin que se sepa gran cosa de su suerte. No hay rastro de campesinos dependientes como serán conocidos en época arcaica, lo que no significa que no existieran en tiempos de Homero. Un grupo aparte parece estar formado por los «demiurgos», artesanos, profetas, médicos, arquitectos, aedos y heraldos. Constituyen, todas ellas, actividades especializadas que no se ejercen en el marco del oikos.

Hesíodo difiere de Homero en un punto de vista capital: rechaza totalmente la violencia y la guerra. Pero, guardando las debidas distancias, su ideal de independencia no es básicamente distinto al del oikos homérico, y la ética del regalo y su correspondencia no le resulta extraña. Para Homero, el comercio es vil, por cuanto busca el provecho, y ha de ser esencialmente obra de extranjeros (fenicios); sólo son admisibles los intercambios de carácter no comercial que aseguran la autarquía.

[Dato de color: un episodio de la Odisea parece vaticinar el futuro: se trata de la utopía de los feacios, la primera utopía de la literatura griega. A pesar de ser una isla, Itaca permanece como un mundo de tierra adentro. Contrariamente, en Feacia, las mujeres se reparten entre sí las diversas funciones, y, además, esa especialización de las funciones se correlaciona con la habilidad marinera de los feacios. En dicha utopía se anuncia intuitivamente y con varios siglos de antelación el perfil de Atenas clásica, lo cual sugiere, por supuesto, que el modelo ateniense no es en absoluto ninguna innovación, hecho que había comprendido perfectamente Tucídides].

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