domingo, 19 de febrero de 2017

#Albin Lesky - Los nuevos centros

La significación histórica del helenismo reside en que rompió finalmente las estrechas fronteras de la polis y abrió camino libre a la helenidad para su difusión colonizadora y cultural por toda la ecúmene (tierra habitada).

La cuestión sociológicamente más importante es la que radica en la manera, extensión y profundidad de la mezcla entre los griegos inmigrantes y la población indígena.

La vida comunitaria durante el Alto Helenismo (323-250 a.C.) nos habla del sentimiento de solidaridad que unía a los griegos en el extranjero.

La cultura espiritual del helenismo en la época de su más importantes creaciones fue enteramente griega. ANtes que nada se pueden constatar impulsos hacia una compenetración en el terreno religioso. Conocida es la creación y propagación del culto de Sérapis por obra del primer Ptolomeo cuando Osiris-Apis de Menfis fue llevado a Alejandría y allí helenizado dentro de ciertos límites por medio de un templo y una imagen. Incluso así, en el mundo de Calímaco o de Apolonio de Rodas estos dioses significaban menos que nada. En el de ellos figuraban sólo los antiguos olímpicos como elementos indispensables de la poesía.

El arte y la ciencia helenística están sobre todo vinculadas a Alejandría. La fundación del Museo, lugar de trabajo científico, permitió a los sabios de todas las regiones una consagración a la investigación alejada de las preocupaciones diarias y políticas.

AL lado de Alejandría hay que citar a Pérgamo, pero su florecimiento empieza bastante tiempo después. La derrota de Antíoco III en Magnesia junto a Sipilo (190 a.C.) determinó la conversión del pequeño Estado de Pérgamo en la gran potencia dominadora de casi toda el Asia Menor, que, por supuesto, debió a la amistad con ROma su mejor parte.

Rodas penetró vigorosamente en el primer plano de la vida cultural, encontrándose dicha isla vinculada a los nombres de poetas, pensadores y rétores; romanos famosos habían acudido a la isla para aprender de ella.

Durante el helenismo, la polis como centro fijo determinante de la interpretación de la vida y de sus formas pertenece definitivamente al pasado.

Con la falta de un núcleo compacto se corresponde la desaparición de fuertes contrastes en los nuevos módulos y formas de vida. Uno de los rasgos más llamativos del helenismo es una inclinación a lo supradimensional. Sin embargo, esta misma época demostró una frívola afición a lo diminuto y gracioso.

Es la época en que la criencia griega alcanza su punto culminante y avanza con el pensamiento de Aristarco hasta el sistema heliocéntrico. Pero al mismo tiempo vemos ponerse de moda una superstición que incorpora elementos del más diverso origen, absolutamente no griego.

El individuo se considera desligado de sus vínculos tradicionales, y, en la mayoría de los casos, frente al Estado siente únicamente deseo de ver asegurada su tranquilidad y la estabilidad de la esfera de sus personales intereses. Pero en la misma época empieza a perfilarse una cierta uniformidad sobre todo lo individual.

En el helenismo se completa una evolución que tiende a dejar para los dialectos pariculares zonas cada vez más restringidas o un papel literario ocasional, mientras que, por el contrario, sobre toda la extensión del nuevo impero se impuso la koiné.

A una koiné popular se contrapone una prosa helenística corriente, de la que se encuentran ya antecedentes en los autores de finales del s. IV y que completó su evolución hacia 250. Si en ela cotidianidad helenística se produjo una sorpresiva nivelación de la forma lingüística, en lo literario encontramos la tendencia hacia lo barroco.

El helenismo fue, sobre todo en una primera etapa, una época de grandes creaciones originales en muchos terrenos. Pero no encontró en la Antigüedad tardía una continuación equivalente que se edificase sobre lo conseguido. MUcho de lo que había logrado se fosilizó o cayó en el olvido, y en este aspecto aparece como una época de transición.

Antinomias características del helenismo

Inclinación a lo supradimensional (Megalomanía) Frívola afición a lo diminuto
Avance de la ciencia Incorporación de la superstición
Individualismo Uniformidad
Dialectos particulares
(en lo literario)
Koiné
Prosa helenística Koiné popular
Aticismo Asianismo

Calímaco

La época tenía suficiente vida propia para dar impulso a nuevas tendencias en el terreno de la poesía. Esta literatura no se dirige a las multitudes: su riqueza en presupuestos sólo es accesible al entendido, su lenguaje rehuye adoptar inalteradas las fórmulas de la tradición y, además, se distancia de la expresión coloquial.

Calímaco presenta a Filitas de Cos como modelo de su arte.

Se reconoce a Filitas de Cos como el iniciador de la nueva poesía. El biliotecario Zenódoto y Teócrito se proclamaban sus discípulos. Filitas fue a buscar en la poesía antigua palabras raras o apenas comprensibles. El interés del sabio y el deseo del literato de evitar lo consagrado por el uso coinciden aquí en un procedimiento que ejerce su influjo en la poesía alejandrina y conduce a una ornamentación recargada y a un oscurecimiento barroco del discurso.

En sus elegías dirigidas a Bitis nos enfrentamos con la discutida cuestión de si la literatura helenística cultivó ya aquella elegía subjetivo-erótica que vemos conclusa en la poesía romana.

La poesía helenística gustga de aprovechar relaciones contenidas en el mito o idear otras conceptuosas y nuevas.

El Libro de los himnos de Calímaco empieza significativamente con el consagrado a Zeus. Este himno está concebido enteramente con arreglo al canon tradicional de la poesía himnódica cultual: a la introducción, con la leyenda del nacimiento, tiene que seguir la alabanza de las realizaciones divinas. Se trata de un juego con la tradición que pretende aprovechar su riqueza, su venerabilidad y su poesía, y transmitirla a los demás.

Los himnos segundo, quinto y sexto se alejan todavía más de la narración corriente de estilo épico. En el segundo tenemos que admitir la presencia constante de un interlocutor que se da a conocer como hombre de Cirene, (d) el poeta. En él cuenta el origen de Cirene, su ciudad natal.

El himno quinto, como el sexto, está escrito en dórico, el dialecto nativo del poeta.

El marco de una acción cultual y un mito encerrado en él determinan la composición de estos himnos.

En los Epigramas de Calímaco se completa el arte alejandrino de lo diminuto. Reaparecen las formas primitivas, la inscripción sepulcral y la dedicatoria, pero una motivación más moderna figura al lado de ellas en poesías con pretensiones literarias y en poesía eróticas.

En el epigrama, Calímaco también juega con el dialecto y con la forma.

Teócrito

La poesía de Teócrito está ligada a su patria por el colorido siciliano de muchos idilios bucólicos.

Alejandría constituyó una importante etapa en el curso de su vida. Allí conoció a Calímaco y se declaró decidido partidario de su programa poético. Profesaba un respeto absoluto a Homero; pero renuncia a su imitación como empresa imposible.

Solemos llamar Idilios a los poemas de Teócrito, poesías de corta extensión. La expresión en sí nada tiene que ver con la poesía pastoril.

Si bien Teócrito fundamentó la tradición de la poesía pastoril, sus poemas no deben por ese motivo considerarse los primeros.

Utiliza motivos de la tradición bucólica siciliana:

  • La historia de la muerte del bello adolescente
  • El diálogo entre dos pastores
  • La excursión del poeta a la fiesta de la recolección
  • La muchacha que trata de atraer de nuevo a su infiel amante con sortilegios y toda clase de prácticas mágicas.

Teócrito describe a los pastores de su patria y en sus poemas se puede observar el gusto del helenismo por las formas inferiores de costumbres populares.

Su poesía comporta el sello del arte helenístico sobre todo en la esmeradísima preocupación por la forma.

En Teócrito comprobamos el mismo gusto por el experimento lingüístico y métrico que en Calímaco. La mayor parte de sus poemas muestran un fuerte colorido dórico, que le resultaban fácil por ser el dialecto de su patria. Otros están escritos en jónico y en colio. Falta el ático, que es la lengua del drama.

El mérito de sus poemas estriba en el arte de la mímesis, con el cual no hay mucho comparable en la poesía antigua. Ante todo en los idilios bucólicos, Teócrito no es un retratista de este mundo, sino más bien parte integrante de él.

Apolonio

Del conjunto de poemas épicos escritos en la época helenística conservamos sólo una gran epopeya: Las argonáuticas de Apolonio de Rodas.

Le llaman discípulo de Calímaco, quien con sus manifestaciones contra la epopeya clásica extensa con acción continuada parece apuntar contra la obra de Apolonio.

En líneas generales, la composición de Las argonáuticas es breve y concisa. Los dos primeros libros describen el viaje a la Cólquide; el tercero, las aventuras que conducen a la conquista del vellocino, mientras que el cuarto cuenta los peligros de la huida y el regreso. Sin embargo, el énfasis está desigualmente repartido; al lado de episodios sobre los cuales se pasa con rapidez figuran otros morosamente contados, de modo que constatamos el mismo repudio de la simetría, la misma propensión a la variación que en otras manifestaciones de la poesía helenística.

Movieron su pluma un interés erudito por la tradición mítica a la par que una fruición por la belleza de sus episodios.

En Apolonio, la intervención de los dioses cumple una función ornamental. Mientras que en Homero la conducta del hombre está determinado por sus propios impulsos al mismo tiempo que por influjo de los dioses, ahora en esta bipolaridad de la motivación aparecen escenarios separados. La actuación de los dioses se realiza en un plano superior, cuya vinculación con el terrenal acontecer no es necesariamente insoluble ni necesario.

En su obra subsisten importantes elementos formales de la épica homérica (el uso de las comparaciones), pero reduce al mínimo los versos formularios repetidos íntegramente.

A diferencia de Homero, Apolonio pone a la base de su narración en un continuum temporal computable.

En muchas descripciones de la naturaleza captamos el sello helenístico, y no podríamos imaginárnoslas así en la antigua epopeya. Aparecen bonitas y felices descripciones del mar, en las que se consiguen inéditos efectos coloristas.

Apolonio comparte también con el restante arte helenístico el mérito del descubrimiento del niño. Eros en las escenas de dioses del libro tercero es el verdadero ejemplar de la gracia de un pilluelo malcriado que engaña a sus camaradas.

Epigrama

El epigrama es una forma que tiene una larga historia. Ya el s. IV a.C. la antigua inscripción grabada en la estela funeraria empezó a desprenderse de sus oferentes y a llevar una vida independiente. Todavía en el helenismo y en la época siguiente continuaron existiendo epigramas en la forma de verdaderas incripciones en piedra. Esto no desmiente el hecho de que, durante el helenismo, se convirtió en género literario independiente.

El epigrama representa para Alejandría y sus provincias literarias casi lo mismo que para Atenas la comedia de Menandro. En el epigrama irrumpen arrolladoramente motivos de la vida cotidiana. Al traer en ellos al primer plano los goces del banquete y del amor se perfila una evolución digna de atención.

Los asuntos sobrepasan la esfera de lo simposíaco y erótico y abarcan terrenos tan diversos como la descripción interesada de oficios primitivos, las impresiones producidas por la naturaleza o el análisis de las obras de arte. También se da la diversidad en la forma en gran parte se mantiene la forma de la inscripción funeraria y de la ofrenda cuando se trata de una ficción; el mimo, por otra parte, acusa su influjo y ha conducido a una ágil dramatización.

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