De la conjuración de Catilina durante el consulado de Cicerón, en el año 63 a.C., sólo tenemos dos versiones. La de Cicerón, concebida íntegramente para enaltecer al cónsul y consagrado como uno de los salvadores de Roma. La de Salustio habría sido escrita para contestar a ciertas acusaciones que Cicerón había arrojado sobre César, referentes al papel de este en la Conjuración.
La cuestión social en el último siglo de Roma
A partir de mediados del s. II a.C., una serie de reformas judiciales favorables a la clase capitalista (los equites) había roto el equilibrio entre aristocracia y democracia, que constituía la esencia del antiguo régimen, a favor de la segunda forma. La reacción del pueblo favoreció a un sector oligárquico-financiero, que pasó a dominar la situación bajo la apariencia de soberanía popular.
Pronto los senadores advirtieron la superioridad de los caballeros en el manejo de los negocios, y estos, a su vez, no veían bien el hecho de que senadores y funcionarios determinaran su acceso a los contratos. Ambos órdenes tuvieron, sin embargo, que pactar, y aunque esa alianza se rompió muchas veces, siempre volvieron a unirse frente a las masas populares que sacrificaban todo por Roma y no obtenían nada a cambio.
A medida que aquel tercer orden se organizaba de alguna manera y adquiría conciencia de su intolerable situación, fue tomando forma un movimiento democrático-proletario que acabó con el predominio de los órdenes senatoriales y ecuestre, y finalmente provocaría la caída de la República y preparó el camino para la monarquía democrática de César.
Había quedado definida un oposición entre populares y optimates. Los populares solían proponer, desafiando al Senado, la distribución de tierras y de granos o la disminución de las deudas. Los optimates se resistían en nombre de los derechos de propiedad o de la economía pública.
Los optimates eran oligárquicos; los populares eran democráticos en el sentido de que apoyaban el derecho soberano de la Asamblea a decidir sobre cualquier cuestión que planteara sin la sanción del Senado.
Violencia, pobreza, deudas
Hasta la guerra social (91 a.C.) la violencia era un fenómeno esporádico; por el año 66 se había vuelto un problema endémico.
Salustio y Cicerón hablan de una clase de gente armada profesional (sicarii).
El consulado de Cicerón
El hecho más notable de su consulado es la conjuración de Catilina. Gracias a la extinción de ese incendio que amenazó a Roma durante su consulado, Cicerón creyó merecer la consagración de ser nombrado padre de la Patria, y a la vez, la inmortalidad en el recuerdo de los romanos.
Los discursos contra la ley agraria
La cuestión de la ley agraria propuesta por Rulo, tribuno de la plebe, sitúa la Conjuración de Catilina dentro de una cadena de hechos que el mismo Cicerón establece cuando busca precedentes para actuar contra Catilina.
La ley apunta a solucionar el problema de la pobreza y la superpoblación de Roma mediante la distribución de todas las tierras del Estado. Iba, por tanto, contra los intereses senatoriales y ecuestres. Cicerón consiguió que fuera rechazada.
Cicerón, apenas establecido en el cargo, se había puesto al servicio de los optimates.
Catilina. Desdesu primeros intentos hasta la conjuración
Catilina perteneció a una de esas familias patricias desplazadas por el nuevo orden de cosas. Su primera incursión política es como partidario de Sila durante las proscripciones del 80 a.C. Luego, en el desempeño de la cuestura (76 a.C.) y la pretura (68 a.C.); fracasaría una y otra vez ene sus aspiraciones al consulado.
Elecciones del 64 para el 63
En las elecciones del 64 para el 63, Cicerón, aunque había hecho una carrera administrativa perfectamente honorable, se veía oscurecido por el hecho de ser un homo novus, es decir, alguien que no tenía ningún antecedente de desempeño político en su familia, y además no era de nacimiento patricio. Por otro lado, la aristocracia no veía bien al hombre que había combatido las reformas de Sila y acusado a Verres, sin contar con que representaba la política de Pompeyo.
Catilina emprendió una campaña basada en la promesa de la anulación de las deudas y la distribución de tierras. A partir de allí se formó en su contra una coalición de senadores y caballeros —equites—, es decir, de las dos clases ricas y conservadoras, y se alineó detrás del nombre de Cicerón; este fue el candidato oficial del Senado, que se había asociado con la clase ecuestre por el temor común a las amenazas de los populares
El nuevo fracaso de Catilina se debió en gran parte a su reprobable conducta antes de las elecciones, a la alarma que había surgido en el Senado con respecto a sus intenciones y al rol que jugaba la participación encubierta de Craso y César.
Elecciones del 63 para el 62
El programa de Catilina era el de un patricio desclasado que adoptaba la defensa de la plebe contra el Senado, de los pobres contra los ricos, para lo cual abrazaba particularmente los elementos democráticos más seductores: la cancelación de deudas y la reforma agraria por la que se proponía la distribución de tierras.
Los precedentes citados por Cicerón
- A partir de una gran carestía en el año 439, un rico personaje llamado Espurio Melio se hizo popular repartiendo trigo entre los pobres, por lo que se lo acusó de aspirar a la tiranía. C. Servilio Ahala, por entonces colega menor del dictador Cincinato, lo mató, arrasó su casa y confiscó sus bienes.
- El tribunado de Tiberio Graco en el 133 marcó un corte irreversible con respecto al pasado. Graco, fue linchado por un grupo de senadores y sus adeptos, conducidos por el Pontifex Maximus, Publio Cornelio Escipión Nasica Serapio, que había sido cónsul en el 138.
- En 124, Cayo Graco llegó a ser tribuno y obtuvo la reeleción. En 122 pierde su tercera elección. Es declarado enemigo de la patria y se le da muerte junto a M. Fluvio.
- Después de la muete de Cayo Graco el poderío del Senado se vio restablecido, pero ya se había vuelto evidente para todos que la nobleza había perdido su capacidad de gobernar. La ley agraria no se anuló, aunque se le quitó toda eficacia. En el 107, el pueblo votó a Cayo Mario para su primer consulado, quien decidió enrolar a los que no poseían propiedades y que sólo estaban inscriptos en el censo. Por un lado, se aseguraba que había cambiado el sistema de reclutamiento para afianzar su poder personal, y por el otro, que este nuevo sistema era más democrático; de cualquier forma, la recompensa para el proletario era, además de la paga de soldado, el título de propiedad que los esperaba al finalizar el período de servicio. Para obtener su sexto consulado, Mario se alió con Saturnino. En 99 Saturnio se apuntó al tribunado y Glaucia al consulado. Como Cayo Memio tenía mayores posibilidades de ganar, Glaucia entendió que la única forma de deshacerse de él era haciéndolo matar en el Foro el día de la elección. Se señaló a Saturnino como el responsable de ese asesinato. A partir de allí los populares cayeron en descrédito.
- Sila aniquiló a Sulpicio Rufo, expulsó de Roma a Cayo Mario, guardián de la urbe, y a muchos valientes hombres en parte los echó de la ciudad y en parte los mató. El argumento de Sila era que las leyes de Sulpicio habían sido impuestas por la fuerza, y por lo tanto no podían representar la voluntad del pueblo, siendo además contrarias a la voluntad del Senado. En seguida se restableció en toda su amplitud el poder del Senado, y se restringieron las atribuciones del tribunado. En el año 83, una ley le otorgó a Sila el título de dictador, atribuyéndole un imperium excepcional: derecho de vida y muerte, derecho de disponer del dominio público, y sobre los reinos vencidos; se apropió del poder legislativo, aunque prefirió que el pueblo ratificara sus leyes. Sila abdicó en el 79, y murió al siguiente año.
En todos los casos Cicerón encuentra que la represión y la muerte de los que a su juicio revolucionaban la República son actos justos. Ese es el derecho que reclama para sí, poniendo el acento en lo inusitado de una conjuración tan fríamente programada.
Catilina no era tribuno de la plebe, que es el denominador común de todos estos individuos que, empezando por Tiberio Graco, murieron por los intereses del pueblo; sin embargo, no carecía de programa político y había incluido en aquel la distribución de tierras para los que no tenían nada.
Las ideas políticas de Cicerón
El objetivo más inmediato que buscó y consiguió durante su consulado fue el acuerdo de los órdenes. Para él la solución estaba en la alianza de los equites con los nobles, es decir, en la reunión de los que él consideraba los optimates, o simplemente boni. Ellos eran los amantes de la paz y del «ocio en la dignidad», porque sacaban el mayor provecho del orden establecido. En la práctica, entonces, los buenos se identificaban con los ricos.
La forma de gobierno
Se trata de una representación bastante idealizada del régimen histórico romano, cuya definición general presenta la República como la cosa del pueblo, reunido por la aceptación de un derecho y una misma concepción del interés general.
La filosofía griega había distinguido tres formas «puras» de Estado: monarquía, aristocracia y democracia, que pueden degenerar en tres formas respectivas: tiranía, oligarquía y demagogia. La democracia establece entre los ciudadanos una igualdad política que no es justa, ya que entre los hombre existe una desigualdad real. Toda buena constitución debe contemplar el elemento monárquico, y de hecho roma lo conservó en la institución de la dictadura.
La solución a la que se llega consiste en la adopción de un régimen mixto, que reúna las ventajas y elimine las desventajas de los tres sistemas puros: en una forma de gobierno equilibrada conviene que haya un elemento esencialmente real, pero no obstante se concede una parte de autoridad a los más destacados (princeps), y otro espacio para el juicio y la voluntad de la muchedumbre.
El fin moral que perseguía Cicerón era el de enaltecer la tradicional virtud romana de la subordinación y el servicio al estado público, y paralelamente el papel del estadista. Como el Estado y su derecho son un bien común del pueblo, la autoridad surge del poder colectivo del pueblo; a partir de allí el poder político, cuando se ejerce en forma recta y legítima, es en realidad el poder del pueblo como cuerpo, y el magistrado lo ejerce en virtud de su cargo, gobernado a su vez por las leyes.
El problema del Imperium
Cicerón aceptaba que el magistrado debía obedecer la ley, exigiendo a la vez que todo el respeto debido a ella recayera en su persona. Cicerón se aleja del pensamiento que prevaleció en el período helenístico, particularmente de la teoría estoica, que era vista como una tendencia a justificar retroactivamente la política de Alejandro: éste, así como sus sucesores, intentaron erigirse en fuentes sobrenaturales de legalidad, por su relaciones privilegiadas con el Logos eterno.
Por el contrario, Cicerón está limitado por leyes. El magistrado tiene derecho a ser obedecido porque es necesario mantener en el Estado el principio monárquico, cierta trascendencia de la autoridad política (imperium); es este el que garantiza el orden, tanto en la sociedad como en el universo.
El origen del imperium está en los reyes etruscos de Roma, cuando todo el poder religioso, militar y civil se concentraba en una sola persona, que tenía entonces el imperium regium completo. Posteriormente el punto en común de todas las magistraturas no fue el imperium, sino la potestas que, por lo demás, alcanzaba su grado mayor en un cargo que primitivamente no era una magistratura: el tribunado de la plebe.
En principio el tribunado fue una creación revolucionaria, y siempre conservó un carácter un poco extraordinario dentro de la constitución romana. En los tiempos de Cicerón, el tribunado estaba integrado en el cursus honorum. Para los conservadores extremos, desde los Gracos hasta Clodio, todas las desgracias de los llamados «buenos» tuvieron su origen en la actividad subversiva de los tribunos.
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