Tanto Platón como Aristóteles concebían que la perfección humana sólo se llevaba acabo en la polis: estructura social que supone un conjunto de ciudadanos unidos por leyes dictadas por ellos mismos y consolidadas por organismos colectivos de poder, todo lo cual supone una autonomía (autogobierno) total.
Tras la derrota de Queronea, en 338 a.C., esta estructura se desmorona; la ciudad pasa a formar parte del imperio macedónico de Filipo. Entramos a la época helenística.
La filosofía es reflejo de su tiempo. El ciudadano del imperio (cosmopolita: ciudadano del universo), el individuo se siente perdido en la globalización imperial y sólo piensa en sentirse mejor. Surgen dos máximas de vida:
- No te intereses por los asuntos de la polis
- Vive ocultamente
La filosofía busca justificar un modo de vida cuyo modelo está en la naturaleza. La dicotomía entre ley de la ciudad (nómos) y naturaleza toma vigencia plena. Si las costumbres son mutables; la naturaleza, no.
Cada escuela interpretó la naturaleza a su modo:
- Los cínicos actúan como animales.
- Los estoicos descubre leyes en la naturaleza, acentuarán su carácter racional.
- Los epicúreos propondrán un tipo de vida completamente materialista que no hará diferencias entre el ser humano y la naturaleza, ya que ambos están constituidos de la misma manera.
Los cínicos
En su origen un cínico es ante todo alguien que vive de una cierta manera y que, por eso, sus conciudadanos lo consideran alguien marginal, salvaje; en una palabra, como un perro.
Fue ante todo un modo de vida, la escuela privilegió la acción en desmedro de la teoría.
Su modo de vida consistía en no respetar las costumbre de su tiempo, representadas por ciertas reglas sociales.
Esta insolencia llevaba a los cínicos a ver en los perros un verdadero modelo de seres animados que viven sin preocuparse por "el qué dirán", que hacen sus necesidades naturales y su vida sexual donde y cuando quieren, y, cuando se los molesta, ladran y muerden. Son seres impúdicos, y precisamente la impudencia (anáideia) era uno de los nuevos valores que los cínicos proponían en reemplazo de la falsa moral corriente.
Los cínicos representan fielmente el sentido que tuvo la filosofía desde sus orígenes: sentar las bases de un modo de vida.
Su provocación era de carácter didáctico: el cínico quiere despertar la conciencia de la masa globalizada víctima de necesidades impuestas por falsos valores y, para despertar, nada más adecuado que gritar, que ladrar.
Los cínicos reivindican un modo de vida "según la naturaleza". Es la noción de necesidad la que permite al cínico expresar su credo: necesario es aquello que satisface la vida del ser humano; lo superfluo, en cambio, hace de él un esclavo que destruye la naturaleza y que terminará por agotar los recursos naturales.
Para los cínicos, la perfección humana consiste en la adquisición de la felicidad. Si el ser humano debe tender a ese fin es porque aún no lo ha alcanzado. Por esta razón, la vida humana es una tensión constante hacia eso que los griegos llama télos, fin y finalidad a la vez; y, para los cínicos, el télos es la felicidad.
Para ello proponen un camino: la áskesis. La áskesis es eminentemente activa, suerte de ejercicio que supone la puesta en práctica de una fuerza física y moral.
SI el hombre es infeliz porque se deja imponer falsos valores, los cínicos proponían suprimir los dos pilares sobre los que se apoya la sociedad helénica: el lujo y el placer. Ambos seudovalores van acompañados de sufrimientos y desdichas.
Los placeres nos hacen desdichados porque no tienen límites, debilitan el carácter. El único tipo de placer admitido por los cínicos es la ausencia de sufrimiento.
La áskesis se apoya sobre tres pilares: la autarquía, la situación propia de quien se satisface con lo que tiene; ésta conduce a la libertad, que es la no sumisión a las obligaciones externas. Así, hay dos libertades: rechazo de las convenciones externas y aceptación voluntaria de la necesidad, es decir, obediencia a las leyes naturales, contra las cuales nada se puede. Para no pasar de un extremo a otro, el cínico propone la apatía, o sea, la ausencia de páthos, de emoción, incluso de pasión.
Los estoicos
El estoicismo tiene un carácter eminentemente activo, pues el ser humano es responsable de la armonía cósmica.
Zenón habría llegado a Atenas hacia 310 a.C. Se reunía con sus seguidores frente a un pórtico (stoá), de ahí que se los llame estoicos.
Suelen distinguirse tres etapas en la evolución del estoicismo:
- Período antiguo: representado por el iniciador, Zenón;
- Período medio, en el cual descollan Panacio Y Posdonio;
- Período imperial, cuyos representantes fueron Seneca, Marco Aurelio y Epicteto.
El tipo de vida propuesto por el estoicismo no concierne a la exterioridad del ser humano sino a su fuero interno. Toda diferencia de nacionalidad, de raza e incluso de status social resulta antinatural.
Su filosofía se organiza según tres ejes principales: física, ética y lógica. Estas tres partes en que se divide la filosofía se encuentran reunidas en la fórmula que resume la filosofía estoica: "Hay que vivir según la naturaleza (physis)". Esto presupone un ejercicio cotidiano.
Los estoicos eran partidarios de la eternidad de la materia, ya que no admitían la noción de creación. La física enseña de qué manera una sustancia divina omnipresente organiza, controla y dirige al mundo.
El materialismo de los estoicos es muy especial. Todo es material, pero en este todo están incluidos también los valores, los sentimientos, las cualidades morales. Existe aquello que es capaz de actuar o de padecer.
Los principios de todo son: la materia (pasiva) y el lógos (activo). Ambios principios son eternos, pero la materia, que es una especie de masa sin cualidades, es limitada y, por tanto, imperfecta (inacabada).
El principio activo que va a fecundarla es el lógos, que es divino. El lógos va a utilizar la materia para fabricar todo. Pero no actúa azarosamente: el lógos tiene un proyecto de lo que piensa hacer, racionaliza su producción. Y, como es divino, podemos decir que el universo es fabricado por una razón divina.
El lógos está presente en la materia como un soplo ígneo. El pnéuma, que es el lógos ígneo, se mezcla con la materia en forma progresiva y según cierta jerarquía:
- En los vegetales, el lógos está presente como physis, que es el principio del crecimiento;
- en los animales se muestra como psykhé, que es el principio del movimiento;
- en los seres humanos, se manifiesta como diámoia, es decir, pensamiento, razonamiento.
Por esto, los estoicos hablaban de una "simpatía" universal, pues "todo está en todo" y hay una especie de sentimiento natural compartido.
El lógos está presente en la totalidad de la physis y, une todos los componentes de la realidad, que constituyen un conjunto armonioso. El ser humano y la naturaleza están así unidos.
Ya que la naturaleza en su conjunto es racional, un ser natural es un ser naturalmente racional, apto para conocer.
La perfección es una meta a conquistar, pues es la conciencia de aquello que nos falta. Quien alcanza la perfección "posee" el bien supremo, que es un habitus, una posesión que es inalienable.
El sujeto estoico tiene la posibilidad de elegir. La phrónesis (prudencia) nos pone en guardia contra las pasiones. La pasión es un movimiento del alma irracional y contrario a la naturaleza.
Para curarse de las pasiones basta mirar las cosas tal como son. Nosotros tenemos "representaciones" (phantasíais) del mundo, pero no hay que adoptarlas sin examinarlas antes.
Quien es capaz de vencer las pasiones y de unir según la razón es apático, sino imperturbable, ya que sabe distinguir entre cuanto depende de nosotros y aquello cuyo control nos escapa.
El destino es una realidad natural. El pasado se produjo, el presente se produce y el futuro se producirá. Nada es fruto del azar. Todo está relacionado no sólo en el espacio, sino también en el tiempo, y somos actores de lo que ocurrirá, aunque no lo sepamos.
Esta inexorabilidad del destino puede detectarse con la adivinación, que era muy apreciada por los estoicos.
Los estoicos se consideraban artífices de cuanto ocurre en el universo, ya que todo está unido por una simpatía universal en la cual cada elemento juega su rol.
Los epicúreos
Para esta escuela, el placer es nada menos que la ausencia de dolor o de sufrimiento.
Epicuro estableció su escuela, conocida como El jardín. En ella participaban mujeres.
El primer filósofo que escribió en una lengua no griega fue un epicúreo, Lucrecio.
Para Epicuro, el ser humano vive "hoy" y la filosofía, que conduce a la felicidad, es una actividad urgente, casi un servicio de primeros auxilios.
El ser humano es desdichado porque es víctima de lo que se dice sobre la muerte, los dioses, el sufrimiento. Si escuchamos la voz de la naturaleza, esos temores desaparecerán, pero para ello es necesario filosofar.
El conocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas constituye la física y la aplicación de los conocimientos que de ella se obtienen forma parte de la ética.
Como los atomistas, Epicuro coloca como principios de la realidad a partículas indivisas llamadas átomos y al vacío, en el cual ellas deambulan.
Como todo está constituido por átomos, no hay diferencias entre el ser humano y la naturaleza. Al igual que los atomistas, los epicúreos sostienen que también el alma es material.
Los dioses existen objetivamente, pero recién se consolidan al formarse la preconcepción, y ésta se produce en una parte del alma. Es decir que los dioses son corpóreos y, en consecuencia, no desarrollan ningún tipo de actividad. Son modelos de conductas individuales. Y esto es así porque los dioses son seres vivos incorruptibles y bien aventurados. Si los dioses son bienaventurados es porque no se ocupan de los asuntos humanos.
Acostúmbrate a pensar que la muerte no es nada respecto de nosotros, pues todo bien y todo mal reside en la sensación, y la muerte es privación de la sensación.
La muerte es separación de los átomos que se habían reunido para hacer de nosotros seres viviente particulares. Así, para los epicúreos, no debemos temer a la muerte, porque no podemos sentirla.
Saber que somos mortales nos alienta a vivir plenamente.
Para que el humano no sufra, el alma debe analizar qué placeres se deben poner en práctica y cuáles deben dejarse de lado. Este control del alma se ejerce sobre los deseos, ya que el placer es la concreción del deseo.
Algunos deseos son naturales y necesarios. El alma debe admitirlos, pues su objetivo es asegurar la supervivencia del ser humano. Entre ellos se encuentra el deseo de filosofar, que va a curarnos de todos los sufrimientos, así como el deseo de tener amigos.
Hay otros deseos que, siendo naturales, son innecesarios. Pueden ser satisfechos, pero también pueden ser ignorados. Entre ellos está el deseo sexual.
Finalmente hay deseos que no son ni naturales ni necesarios. Epícuro los llama vacíos, pues no tienen límites. Se trata, por ejemplo, del deseo de que el alma sea inmortal, o de la acumulación de riquezas o del amor infinito.
El ser humano sufre cuando está carente de algo, y cuando la carencia se termina, el placer se produce.
Quien guía su vida en función de la sagacidad deviene sabio. La cualidad básica del sabio es la autarquía, que nos protege de los bienes exteriores.
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