Horacio detrás de la máscara.
Los
datos sobre la vida de Quinto Horacio Flaco vienen de sus obras y de la breve
biografía que se ha transmitido con su texto. Su padre le procuró una educación
esmerada en Roma y en Atenas. Horacio estuvo en el ejército anticesariano, se
vio derrotado, volvió a Italia, descubrió que su padre había muerto y que su
hacienda había sido confiscada, probablemente para asignarla a algún soldado licenciado del
ejército vencedor. Él mismo afirma que fue el empobrecimiento lo que lo llevó a
escribir poesía. Pero Horacio falsea la realidad, ya que se sabe que su vuelta
a Italia fue a Roma y tuvo una recuperación económica sin precedentes al
hacerse con el cargo de scriba
quaestorius (secretario del Tesoro), los encargados de la fiscalización de
las cuentas públicas y de la administración del Archivo Oficial. Este puesto
implicaba casi la pertenencia al orden ecuestre y la posibilidad de ascender al
orden senatorial.
A
principios del 30 a.C
Horacio escribía los poemas de su primero libro de Sátiras y de sus Epodos.
En este contexto trabó amistad con Virgilio y Vario, que ya eran integrantes
del círculo de Mecenas. En el 38 o 39
a.C, estos le presentaron al gran patrón de las letras,
que lo invitó a formar parte de su círculo de amigos. Gayo Cilnio Mecenas ha
dado su nombre a todos los protectores de artistas y poetas, y su círculo
poético se ha visto como una especie de “Ministerio de la Propaganda” del régimen
augústeo. Sin embargo, la relación entre
Mecenas y Horacio fue de afecto y de amistad, como se manifiesta en los poemas
que le dedicó el segundo al primero. Ahora bien, Horacio tenía ingresos
regulares, y no necesitaba de él. No verdadera la imagen del poeta bohemio y
pobre que se le suele asignar. Tenía una finca, esclavos y otras propiedades en
lugares de esparcimiento.
Horacio
escribió su primera colección de Sátiras
alrededor del año 35 a.C
(época del Segundo Triunvirato de Octavio, Marco Antonio y Lépido), y también
el segundo libro Sátiras, además de su colección de Yambos, que se conocen
habitualmente con el nombre de Epodos. La publicación de estas últimas dos
obras se produjo aproximadamente en el año 30 a.C. o en un punto después de la Batalla de
Accio (31 a.C).
El poeta se enfrentaba a dos problemas que debía resolver para hallar un
acomodo social de acuerdo a sus expectativas y para normalizar su incómoda
situación de antiguo opositor al Régimen. Un poeta en la Roma republicana era
un artesano, no un artista independiente. El oficio de poeta había desempeñado
por extranjeros, esclavos o ambas cosas al servicio de los generales romanos.
Para afirmar su condición de hombre libre e independiente, debía adoptar un
modelo que lo librara del encasillamiento como servicial “cliente” de un
patrón. Los neoteóricos ofrecían el modelo que buscaba Horacio, ya que fueron
la primera generación de poetas procedentes de la nobleza romana, para quienes
dedicarse a la poesía no suponía una actividad servil, sino la expresión
personal de si propia libertad vital. El segundo problema que se le presentaba
a Horacio era que, para poder desplegar su actividad poética en la sociedad
augústea, no tenía otra opción que buscar patronazgo entre las figuras de los
vencedores de la contienda civil, contra quienes había luchado en la batalla de
Filipos. La solución debía venir por medio de un lavado de imagen. Ese es el
motivo para que Horacio elija ese género para hacer su entrada en la escena
literaria de la época. Las sátiras, poesías de expresión personal, crean una
máscara que le abre las puertas de la nueva sociedad. El personaje que lleva la
voz protagonista es la manifestación de esa máscara elegida por el poeta.
Horacio en su ficción asumía una posición deliberadamente inferior a la de su
patrón, pero al mismo tiempo describía el círculo de Mecenas como un grupo de
espíritus puros, de amigos guiados por altos ideales altruistas compartidos.
En
este contexto, la elección de Lucilio como modelo literario era de lo más
pertinente. Éste había sido eques,
como Horacio, y había sido amigo de los nobles romanos. Al igual que él,
Horacio renuncia a cualquier ambición política pero crea una poesía personal
que sirve de cauce a las ideas del grupo al que pertenece. Por ejemplo, cuando
narra el viaje a Brindis lo presenta como una excursión de amigos pese a su
marcada importancia política. Igualmente, que Horacio ponga énfasis en que su
ideal de vida retirada en el campo responde a una calculada estrategia de
presentarse bajo una luz no política.
Sin
embargo, en los años 20 a.C
hay un cambio de imagen: el Horacio privado de las sátiras pasa a ser público
en la etapa de los poetas líricos. Proclama la necesidad de que el poeta sea el
maestro de los jóvenes. Ya en su etapa de las sátiras advirtió que la vocación
pedagógica y moralizante se la había inculcado su padre, que le enseñó la
conducta moral recta mostrándole modelos no imitables. De todas formas, la
transición de un Epicureísmo de moral privada a un Estoicismo de moral pública
es observable, especialmente en sus Odas.
Puede
decir que las consecuencias de la batalla de Accio marcaron el cambio de un
Horacio deliberadamente apolítico a otro comprometido políticamente con
Augusto.
Aún
así, Horacio se esforzó por conservar su libertad. Ahí está la clave de la
composición de las Epístolas, que marcan su último período creativo, cuyo
primero libro se publicó el 20
a.C. Con la muerte de Virgilio en el 19 a.C Horacio pasó a ser el
poeta oficial patrio. Como tal, fue encargado por el Princeps para componer un himno: el Carmen Saeculare, de temática patriótica.
Los hexámetros de Horacio.
La
producción poética de Horacio se suele dividir en dos grandes grupos: los
poemas líricos y los poemas no líricos. Al primer grupo corresponden los Epodos y las Odas, y al segundo las Sátiras
y las Epístolas, incluyendo en éstas
el Arte Poética. Esta clasificación
tradicional no refleja exactamente la opinión del poeta. Ni Horacio llamó Epodos a sus Yambos ni los englobaba con sus Carmina
(lo que llamamos sus Odas), de la
misma forma en que no llamó Sátiras a sus Sermones ni parecía distinguirlos de
las Epístolas. En cuanto al Arte Poética, no está claro en cuál de los dos
grupos de poemas no líricos se debe incluir. De todas formas, hay un vínculo
innegable entre lo que llamamos Sátiras,
Epístolas y Arte Poética: todos estos poemas están escritos en versos
hexámetros. El hexámetro dactílico era el verso de la épica homérica, y se
había consagrado como el verso de la gran poesía antigua. En la poesía latina,
los hexámetros entraron como importación de la griega a través de la épica
patriótica de Quinto Ennio (siglo II a.C). Lucrecio creó en hexámetros De rerum Natura, al cual Horacio le debe
mucho; y Lucilio (finales del siglo II a.C). los empleó para el género
satírico, la gran creación de la literatura latina.
El
género de la sátira romana en verso (satura)
no coincide necesariamente con lo que se entiende por espíritu satírico, tiene
un carácter político, es una expresión de pertenencia a un grupo. Es poesía de
combate, dirigida contra grupos sociales que se salen de la norma: mujeres,
nuevos ricos, extranjeros. Es drama, porque a ella está asociada la idea de la
persona poética, la máscara del poeta; también es arte urbano y entretenimiento.
Por eso la alusión y la parodia son su modo de expresión, ya que sus lectores
eran gente culta y leída. En ese sentido, el hexámetro dactílico representaba
el contrapunto paródico a las críticas de prosaísmo que recibía por lo vulgar
de su temática. Siempre cumplían las exigencias de la elegancia poética y
presentaban una cuidada estructuración.
Este
género se caracteriza por no tener características propias definidas. Le sirve
todo tipo de comunicación humana, discurso o género literario. En él, la parodia,
el trasvestimiento y la inversión de las convenciones de los demás géneros son
la norma de actuación.
Hay
cuatro posibles orígenes para la palabra sátira. La primera es la que deriva de
Satyri, “sátiros”, pero la sátira
romana no es un género obsceno. La segunda deriva de lanx satura, un tipo de plato ritual ofrecido a los dioses en los
festivales religiosos (un “plato combinado literario”). Una tercera
explicación es que satura fuera el nombre de algún tipo de salchicha, y finalmente la
cuarta viene de lex per saturam, una
especie de ley de preceptos variados que habría existido en tiempos de la
República. Todas coinciden en dar como etimología nombres que caracterizan al
género por su variedad y densidad. Las tres últimas sugieren metáforas: el poeta
como sacerdote oficiante, como legislador implacable y como cocinero.
Lucilio
(180 o 168 a.C
– 102 a.C)
se considera el inventor del género tal como se lo conoció después. En sus
textos, para los que elige varios metros hasta quedarse con los hexámetros,
combinaba monólogo, diálogo y epístola, y su contenido ya es satírico en el
sentido actual. Incluye críticas de vicios como la ambición, la glotonería o la
borrachera, pero también la filosofía moral con la burla de ideas filosóficas y
crítica de la superstición, la crítica literaria y el retrato autobiográfico.
También habla abiertamente del sexo, emplea tecnicismos y eleva a categoría
literaria a la lengua coloquial.
Horacio
se inspiró en él y en la diatriba moral, un género literario puesto en circulación
de los predicadores cínicos, que trataba los los temas morales desde un punto
de vista popular. De hecho, las tres primeras sátiras del primer libro de
Horacio se denominan sátiras diatríbicas. En ellas se va configurando su
persona poética: alguien digno de estar entre los mejores. Todo el libro
primero se compone de viñetas del ascenso social del poeta. En la sátira cuarta
presenta sus credenciales: la libertad de expresión y la libertad vital. En la
quinta ya aparece admitido en el círculo de amigos y destaca por su discreción.
La sexta, que inicia la segunda parte del libro, vuelve a dedicarla a Mecenas.
En la décima hace un manifiesto político y literario. El interés gastronómico
del segundo libro recoge temas planteados ya por Lucilio, pero parece también
un homenaje a la supuesta etimología de la palabra satura.
En el
año 20 a.C
aparece el libro de las Epístolas. La filosofía, la crítica moral, el interés
autobiográfico y el cultivo de la amistad siguen siendo los temas principales.
Tienen una gran carga moralizante, que deleitaba y enseñaba al mismo
tiempo. Los valores transmitidos por
Horacio son la pasión erótica, afán de gloria y virtudes estoicas de la mediocritas, vida sencilla o soledad
consigo mismo. Su estilo buscaba la fluidez del habla cotidiana.
Horacio
es un maestro de ambigüedad. Republicano y augústeo, moralizante y descreído,
lírico y vulgar. En su léxico hay inesperadas connotaciones de términos
aparentemente inocentes, y tiene un carácter deliberadamente prosaico, incluso
en su poesía lírica. El suyo es un léxico polifónico e incorpora en original
combinación una gran variedad de códigos ajenos. La sintaxis horaciana, con la
calculada disposición de palabras y el aparente descuido en algunos pasajes, da
una impresión de fluida charla carente de pretensiones artísticas.
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