lunes, 5 de febrero de 2018

#Resumen Lidia Amor - La tierra y su relación con el botín en el Cantar de Mío Cid

El inicio conservado del Cantar de Mío Cid al status noble de acuerdo con la ideología del estamento: la tierra (arrebatada), la caza y la vestimenta. Excluye aquello que el Cid atesorará en sus incursiones en tierras moras: el aver monedado.

Catalán señala que, en contraste con el dinero y los objetos preciados, el poder de la vieja y orgullosa nobleza cortesana tiene como base económica el solar, la tierra y villas poseídas en heredad. La ira regia por la cual le es arrebatada la tierra al Cid del comienzo del Cantar, según Lacarra, es condenada porque carece de un proceso legal que permita al acusado defenderse de las imputaciones de que es objeto. Hacia el final del Cantar el Cid apela en juicio al derecho público, al que el autor propone como sustituto del derecho privado representado por la ira regia.

En un principio, el engaño a los prestamistas le consigue el dinero con el que solventar sus gastos y mantener a su familia. Luego, los moros serán los fuentes de ganancias materiales y simbólicas.

A nuestro entender, el botín se desdobla, en el Canto I, entre la ganancia de bienes muebles y aquellos que están en la base del sistema económico: los frutos de la tierra. La mención del alimento como parte de los bienes obtenidos, apenas Castejón es tomada, destaca la penuria de Rodrigo; es un primer indicio de la mutación de del destino.

En los cantos subsiguientes, el universo de los bienes adquiridos girará en torno a objetos vinculados con la recuperación del honor y su avance en la escala nobiliaria.

En ese destino ascendente del Cid, la riqueza se organiza en torno a núcleos semánticos que se oponen a las primeras descripciones de escasez. Por consiguiente, el CMC se estructura en tres etapas, de acuerdo con la división en cantos: el primero nos muestra al Cid que se apodera de «bienes muebles» y «bienes raíces». En el Canto II, a estos dos se le suma el de la heredad (que se distingue de la tierra), mediante la conquista de Valencia. En el canto III, se adiciona un último bien, las «vestimentas», que simbólicamente fijan la recuperación del favor real.

A través de estos dos últimos ejes, subraya la gradual oposición entre la partida, sus primeras vivencias en el exilio y su asentamiento como señor de la frontera.

Las necesidades de Rodrigo, entonces, se multiplican desde lo indispensable para subsistir hasta lo necesario para ascender socialmente y distribuir entre sus hombres (en recompensa de la lealtad manifiesta) y, finalmente, los objetos que caracterizan no sólo al rico sino también al noble.

Nos parece que el Cid demuestra que su condición social se adquiere y sostiene no por la herencia sino por el propio esfuerzo. La manera de adquirir la heredad abre una brecha entre el Cid y los otros nobles castellanos pues sus tierras, conquistadas en la frontera, carecen de linaje.

Ahora bien, la tierra, en particular, inscribe una ambivalente relación de Rodrigo con su estamento: si el aver monedado puede connotar aquello que lo distingue de sus pares, el esfuerzo por conseguirlo y el empleo que se hace de él en pos de reproducir las prácticas sociales de la vieja nobleza demuestran que el Cid ha encontrado formas alternativas, tal vez novedosas para sus congéneres, que le permiten tanto introducirse como sobresalir entre ellos, como nos lo recuerda el final del Cantar: «Oy los reyes d'España | sos parientes son,» (v. 3724).

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