sábado, 3 de febrero de 2018

#Resumen Armando Petrucci - Textos escritos, textos perdidos, textos recuperados

Cualquier texto se escribe para asegurar su conservación y/o para que eventualmente sea releído, puede ser registrado por escrito de forma definitivo una sola vez o, por el contrario, tener una tradición hecha de múltiples reescrituras. Cualquier texto llegado a un cierto punto puede no ser más reproducido ni conservado; en ese caso puede perderse y con mucha frecuencia desaparece. Cualquier texto que llegó a perderse u olvidarse podría también ser recuperado, en todo o parte. Todo texto perdido puede sobrevivir, sin embargo, de modo indirecto a través de citas hechas por otros autores que tuvieron la posibilidad de leerlo.

Aquí nos ocuparemos especialmente de las modalidades y prácticas que caracterizaron y caracterizan la composición, la circulación y transmisión, y por eso también la supervivencia o la pérdida en el tiempo de los textos complejos y extensos. En particular, nos ocuparemos de los modos como los textos clásicos griegos y latinos llegaron hasta nosotros, aunque sea en medida bastante limitada y diezmados cruelmente.

No sabemos cómo procedió materialmente para componer o para registrar por escrito sus obras Platón; sin embargo, somos capaces de reconstuir los procesos que transformaron las que obras que llegaron hasta nosotros en textos definitivamente constituidos, reproducidos y divulgados.

Los tres procesos —composición, registro de la forma definitiva y reproducción divulgadora— tienen en su origen lo que se definió como «relación de autor»: la cuota de participación directa del autor mismo del texto en una etapa cualquiera de su elaboración. Este escribir del autor se dirige a un «componer» profundamente distinto del otro, que apunta más bien a «reproducir», propio de los cpistas y los tipógrafos.

Estos modos de escribir textos aparecen estrechamente ligados entre sí y por ello se han influido entre sí.

Los factores que determinaron que los textos se fijaran por escrito, se divulgaran y se conservaran parcialmente fueron la característica variedad y riqueza de materiales, técnicas e instrumentos de escritura, la relativamente amplia difusión en la sociedad del alfabetismo, la formación de un auténtico mercado del libro, la conservación institucional del libro. Por otra parte, se produjeron significativos cambios tanto en aspecto gráfico, como en el librario, con la definitiva afirmación del libro de pergamino en forma de códice en lugar del de papiro en forma de rollo entre los siglos iv y v.

A lo largo de la Edad Media «profunda» las tradiciones antiguas se debilitaron y se perdieron. Más tarde, la relación de escritura, la actuación de los autores, el mercado del libro, la difusión de nuevas y activas bibliotecas renacieron con modalidades distintas de las del pasado antiguo.

En el transcurso del siglo xiii se empezaba a producir papel también Occidente, brindando a la escritura y a la difusión de textos otro material de escritura menos costoso.

Luego, se produjo uno tras otro dos sucesos innovadores: en los siglos xiv y xv, la formación de una nueva cultura que giraba en torno a un canon clasicista y a la figura del autor como protagonista del proceso textual; luego, a mitad del siglo xv, en Alemania, la puesta a punto del sistema de impresión mecánica de texto con caracteres metálicos móviles.

A su vez, la «relación de escritura» resultó fuertemente modificada. El autor de la autografía de un libro en su totalidad, pasó a la autografía del texto únicamente.

Si consideramos la trayectoria de lo escrito, nos damos cuenta de la fragilidad del registro y la reproducción y de las tragedias que signaron a la difusión de los textos.

Toda cultura escrita se transmite por tres vías distintas y sucesivas: el registro de un saber organizado en un texto; la fijación de ese texto en un libro que lo contiene; la conservación de ese libro en una estructura destinada a ellos, esto es, en una biblioteca. Naturalmente estos procesos pueden interrumpirse y desencadenar procesos de pérdida que pueden ser localizados en todas las tradiciones textuales.

Fundamentalmente, hay cinco tipos de causas para la pérdida de un texto:

  1. Causas materiales directas: destrucciones físicas.
  2. Causas materiales indirectas: efectos colaterales de cambios ocurridos en los procesos materiales y gráficos de la transmisión de textos, con la consecuencia de que estos no se vuelven a escribir.
  3. Causas culturales directas: cualquier forma de censura, rechazo ideológico expandido y el preciosismo de la tradición que prefiere utilizar formas de difusión limitada.
  4. Renovaciones generales del canon librario.
  5. Formas de miedo que llevan a que grupos perseguidos oculten a sus perseguidores determinados textos que encarnan su cultura, transmiten su historia, y demás, para salvarlos y transmitirlos a las generaciones futuras.

Los mecanismos de recuperación de textos perdidos se encauzan sólo donde se formó y difundió una cultura erudita y anticuaria orientada a la búsqueda de modelos textuales pertenecientes a épocas más o menos lejanas en el tiempo. Hay, entonces, épocas y ambientes propicios para prácticas de búsqueda y resurrección de textos desaparecidos hace tiempo.

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