viernes, 9 de febrero de 2018

#Resumen María Eugenia Lacarra - Regulaciones legales sobre el botín de guerra

El botín consistía siempre en bienes muebles obtenidos en la guerra: personas cautivas, animales y objetos de valor como tiendas, ropa, alhajas, oro y plata. El reparto del botín era equitativo en sus partes y debía ser efectuado por los cuadrilleros, por escrito, e incluyendo todo el botín. Además los fueros estipulan el reparto en el mismo día de la ganancia.

Existía una jerarquía según la cual un caballero percibía más que un peón. El caballero percibía doble cantidad que el peón, tanto si ambos iban bien pertrechados como si no.

El rey debía percibir el quinto del total de todo el botín. La Iglesia solía percibir el diezmo. La parte del dinero dada a Dios se tomaba de la quinta debida al rey.

En la primera campaña del Cid que concluye con la toma de Castejón, se menciona por primera vez el botín. (vs. 465-66, 473, 476, 480-481). Por primera y por última vez se habla en el PMC de ganado vacuno y lanar entre las ganancias obtenidas. En el resto del relato el énfasis recae sobre el oro, la lata y el ganado caballar, con alguna mencinón de ropas. Las espadas, Colada y Tizón, se valoran en dinero . Sólo en las dos primeras campañas se hace referencia a cautivos moros, y en ambas ocasiones el Cid decide no mantenerlos como prisioneros y, por lo tanto, no incluirlos en el botín.

A partir de la tercera, no se hace mención sino de los objetos más transportables: caballos, oro y plata, que constituyen desde ese momento a base de todo botín mencionado en el Poema (vs. 518-22, 799, 804-05, 1214, 1217, 1234, 1736-37, 1774-92, 2426,2467, 2489-91, 2508).

El PMC subraya en varias ocasiones el reparto equitativo del botín efectuado por los quiñoneros (por ejemplo vs. 510-15)

Los caballeros recibirán el doble que los peones y el Cid retendrá para sí el quinto del total. El Cid da el diezmo de su quinta a la Iglesia.

La conducta del Cid parece acomodarse perfectamente a las leyes pertinentes al botín y a su reparto. La única característica que parece contradecir las disposiciones tiene cierto especial sentido: el Cid recibe el quinto del total. El autor tiene interés en proclamar la independencia legal del héroe respecto del rey y la justicia de que se trate a sí mismo como dueño y señor.

El Cid, que ha sido desterrado, deja de ser vasallo del rey y puede disponer libremente de sus ganancias. Sin embargo, si bien «no le envía la quinta de su hueste, [...] generosamente se cree obligado por su ganancia propia, y así envía al rey la quinta parte de los caballos (no de las otras riquezas) qu a él le correspondieron en su quinto» (Menendez Pidal: 99).

Una vez ganada Valencia, se menciona otro hecho importante: el Cid ha designado al obispo «de su mano». La consagración de obispos era un atributo real y parece clara la intención del poeta de elevar a su héroe a un rango casi real en su calidad de señor absoluto de Valencia.

Aun así, el poema indica que el Cid no deja de llamar a Alfonso su señor en todo momento. En ltras tres ocasiones que el Cid envía presentes al rey, no lo hace por una obligación legal, sino de su libre voluntad.

En la primera ocasión el motivo es obtener su merced (vs. 878-80). En la segunda ocasión, pide al rey que deje salir de Castilla a su mujer e hijas. Por último, el Cid envía a Alfonso doscientos caballos de su quinta en agradecimiento por haber dejado en libertad a su mujer e hijas.

De este análisis se deduce que el Cid, pese a llamar señor a Alfonso, no se considera su vasallo desde un punto de vista legal. Sus presentes son actos de buena voluntad, intentan predisponer al rey a su favor y pedirle o agradecerle mercedes concretas.

El objetivo del poeta es demostrar la fidelidad del héroe y no su honradez, por lo que no hace esfuerzo alguno por demostrar que el Cid no se quedó, tal como se lo acusa, con las parias. En cambio, pone de relieve constantemente el carácter de la fidelidad incluso hacia sus adversarios, como el conde de Barcelona, a quien libera según lo había prometido. De este modo, invalida la acusación fundamental- Con ello muestra la supremacía de la relación de naturaleza sobre la de vasallaje.

Un hecho sorprendente, a lo largo de todo el PMC, es la valoración del botín en dinero. Lo que parece más extraño es el caso omiso que se hace en el Poema del ganado y del botín en especie, sin consideramos que la economía del a alta Edad Media era una economía natural de intercambio en especie, no una economía de base monetaria (cf. Lidia Amor). La aclaración de esta aparente discrepancia se encuentra en la graves económicas que, durante los siglos xi y xii, padecieron los estados cristianos peninsulares debido a las invasiones almorávides y almohades. El erario real disminuye entonces por la necesidad de financiar costosas campañas guerreras. Las frecuentes derrotas cristianas cortaron una fuente de ingesos importantes, como había sido el botín en tiempos anteriores. Posteriormente, la alianza entre los moros peninsulares y los almohades afectó el sistema de parias.

A partir de 1140se nota apenas el comienzo de un cambio favorable. Este cambio se muestra en un considerable desarrollo urbano, en la creciente importancia de las milicias concejiles y en el aumento de la circulación monetaria. El oro almorávide es usado entonces con más frecuencia y Alfonso VIII acuña oro por primera vez.

Creo que la continua mención del dinero amonedado en el PMC y la cuñación de monedas de oro por Alfonso VIII, junto con el impulso que da a la Reconquista en el último tercio del siglo xii, son fenómenos interdependientes.

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