jueves, 17 de abril de 2014

Respuestas al teórico sobre Schaeffer

1.- ¿Cuáles son las dos funciones que Schaeffer le adjudica a los estudios literarios?

En su libro Pequeña ecología de los estudios literarios, Jean-Marie Schaeffer le adjudica dos funciones a los estudios literarios: una función de reproducción y promoción de valores, por un lado; y una función cognitiva, por el otro. Señala que cada una de estas dos funciones diferentes son igualmente legítimas e indispensables y que, si bien entiende que no podría eliminarse una en provecho de la otra, resulta importante distinguirlas.

En ese sentido, apunta que, desde una perspectiva cuya función sea la de reproducción y promoción de los valores culturales que la sociedad, o sus actores dominantes, piensan que hay que promover y desarrollar, estudiar literatura implica participar de un proyecto normativista. Entiende que estudiar un objeto literario de ese modo supone tanto la promoción de valores que se considera deben ser defendidos, como la crítica de aquellos que se hallan dudosos o secundarios. Así, señala, los estudios estudios literarios de enfoque normativista construyen o desconstruyen valores, lo que —añade— implica, a su vez, una visión de lo que la literatura debe ser o no debe ser. En la medida en la que se la identifica con la «naturaleza» del objeto estudiado —dice— esta visión suele permanecer implícita.

En ese sentido, Schaeffer entiende que, desde una perspectiva normativista, los estudios literarios transforman su objeto de estudio —la literatura— en la medida en la que lo va estudiando. Así, sostiene, estudiar una obra literaria es participar en la construcción histórica del mismo objeto que se estudia. De esa forma, apunta, la literatura se torna una realidad autorreferencial en la medida en la que se transforma tomándose a sí misma como objeto.

Por último, en lo que respecta a la función de reproducción y promoción de valores, entiende que el enfoque normativista de los estudios de los hechos literarios es una empresa respetable y socialmente indispensable si se quiere que los logros culturales se transmitan de una generación a la otra y se desarrollen.

De la segunda función, la cognitiva, dice que es aquella mediante la cual los estudios literarios intentan conocer las realidades literarias. Señala que emprender el estudio de la literatura desde esa óptica implica comprometerse con un proyecto descriptivista al cual entiende como aquel que trata de «identificar de la manera más neutra posible los hechos pertinentes para una determinada problemática, comprenderlos y describirlos de la forma más adecuada, y eventualmente proponer explicaciones». De esta manera, apunta, esta forma de estudio suspende la cuestión del valor de las prácticas que estudia al igual que la jerarquización comparada de los productos de esas prácticas y las describe (a las prácticas estudiadas) «a partir de una perspectiva axiológicamente neutra, según la cual los valores instaurados por esta realidad forman parte del objeto de estudio». Explica, entonces, que el estatus normativo de una de las realidades que se intenta describir forma parte del hecho estudiado. En ese caso, señala, adoptar una actitud descriptiva no impide dar cuenta del elemento normativo del hecho literario (cf. 58).

Schaeffer señala que esa dualidad funcional constitutiva del estatus de los estudios literarios no puede reducirse, es decir, no se puede optar por una función en detrimento de la otra. Sin embargo, entiende como indispensable que no se las confunda ya que considera que la crisis epistemológica de los estudios literarios se debe a una incapacidad de los estudiosos de la literatura que los somete «a asegurar a la vez dos funciones que divergen fuertemente en sus presupuestos, objetivos, medios y resultados».

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