En el 57 a.C., César era un hombre en plena huida hacia adelante. Su consulado le había granjeado tal número de enemigos que no le quedaba otra opción que lanzarse a una búsqueda frenética de nuevos y más contundentes instrumentos de poder para blindarse frente a sus adversarios.
La vía más rápida y efectiva para lograr sus propósitos era la guerra. Podía aprovechar el mandato provincial que se disponía a asumir para desencadenar un conflicto armado. Con él podría conseguir gloria y fama, recursos financieros y un ejército adiestrado y fiel a su persona.
César necesitaba una guerra y fueron los galos quienes pagaron el precio.
La romanización de Galia hizo de ésta una de las provincias más pujantes del Imperio Romano.
César procedía con la seguridad, la frialdad y el sentido de la previsión que caracterizaron toda su política. Sabía que había grandes posibilidades de que estallase en cualquiera de ellas el conflicto que tanto necesitaba. Haciendo frente a los pueblos del norte, César podía presentarse ante el pueblo como el nuevo defensor de Roma frente a los bárbaros. En la Galia Cisalpina había una masa de votantes que enviar a Roma.
Su futuro político estaba asegurado por cinco años, siempre y cuando no derogaran las disposiciones del 59 a.C., y para ello convenía contar con el apoyo de sus socio Craso (quien había financiado su carrera política) y Pompeyo (con quien había contraído matrimonio Julia, su hija).
El libro I de los Comentarios a la guerra de las Galias recoge las campañas del año 58 a.C. contra los helvecios y los germanos. Justificaba estos conflictos en la defensa de la Narbonense y de otros aliados de Roma frente a la amenaza de pueblos temibles.
Afirmaba que no podía tolerar que los helvecios se establecieran en un territorio próximo a la Narbonense, por más que estos habitasen ¡a doscientos kilómetros de la Provincia!
Una llamada de auxilio del heduo Diviciaco permitió enlazar una campaña con otra. Ariovisto amenazaba con desestabilizar toda la Galia. César estaba obligado a dar más poderosas razones para declarar la guerra al mismo rey para el que un año antes, al principio de su consulado, había conseguido el título de amigo y aliado del Pueblo Romano. El conflicto se resolvió en una batalla memorable.
Antes de la batalla final, su ejército se encontraba atenazado por el pánico que le provocaban aquellos bárbaros. Sus habilidades oratorias le sirvieron para salir del paso. Lanzó un ataque duro contra los jóvenes aristócratas que formaban parte de su séquito y elogió a sus oficiales y soldados. Con ello estaba perfilado la imagen del ejército que pretendía formar: un ejército de ciudadanos entregados a su jefe, en el que difícilmente podían encontrar acomodo los retoños de la vieja, corrupta e indigna aristocracia dirigente.
El libro II está consagrado a la campaña contra los belgas (57 a.C.). En cierto modo forma una unidad con el tercero, pues ambos relatan la generalización de la guerra hasta la pacificación aparente de toda Galia.
No obstante, el segundo libro se centra en la figura de César; mientras que en el tercero, comparte el protagonismo con sus lugartenientes, debido a la multiplicación de los frentes de guerra.
Concluida la campaña, César envió a Roma un informe triunfalista: la Galia estaba pacificada. Esto le valió una supplicatio de quince días, un honor nunca concedido hasta entonces. César sabía que era una noticia demasiado precipitada, pero necesaria: había que causar impresión en Roma
El libro III relata la campaña vénetos y otros pueblos del noroeste, al tiempo que en el sur se consolidaba el sometimiento de Aquitania (56 a.C.)
El libro IV se ocupa de la guerra contra los usípetes y los téncteros, y de dos breves incursiones, la primera al otro lado del Rin, la segunda en el sur de Britania (55 a.C.)
La lucha contra usípetes y téncteros resultó en una masacre a tal punto que Catón no dudó en aprovechar la ocasión para solicitar que César fuera entregado a los germanos por haber violado el derecho de gentes.
El libro V representa dos partes contrapuestas: los 23 capítulos iniciales están dedicados a la segunda expedición de Britania; los 33 restantes se ocupan de las revueltas en el nordeste de la Galia.
En Britania, el plan consistía en conquistar la parte más cercana a la Galia de la isla. Sin embargo, la expedición se saldó en un nuevo fracaso.
El libro VI recoge la intensa actividad desarrollada por César en el curso del año 53 a.C.: operaciones de sometimiento de diversas tribus galas; segunda expedición al otro lado del Rin, persecución de Ambríonix y exterminio de los eburones.
En este libro, César "inventó" el Rin como frontera natural entre pueblos en vía de civilización (los galos) y simples bárbaros (germánicos). En realidad, a ambos lados del río se estaba desarrollando una cultura única, la de los celtas. Creó esta separación para justificar la guerra que estaba llevando a cabo en el suelo galo.
En la Galia había una civilización que debía ser incorporada al mundo romano salvándola de la barbarie germánica. De hecho, la imagen que transmitía de los pueblos germánicos tenía por objeto desaconsejar cualquier intento de extender la conquista a la otra parte del Rin los pueblos germánicos no podían ser asimilados.
El libro VII narra el enfrentamiento decisivo entre César y Vercingétorix. AL frente de la rebelión, posiblemente organizada por los druidas, se encontraba Vercigétorix, un lider de grandes dotes diplomáticas y estratégicas.
Vercingétorix cayó en Alesia, donde tendría lugar la batalla final. Allí, a fin de evitar una nueva masacre, se entregó en persona.
Así, a finales del año 52 a.C., Cësar podía dar por culminada su campaña y, en buena medida, toda la guerra de las Galias.
El relato
Con los Comentarios a la guerra de las Galias, César pretende presentar como el procónsul que ha sabido cumplir con su deber, respetuoso con las órdenes del Senado y la legalidad republicana.
César, hábil propagandista, se ha puesto a la tarea de forjarse su propia leyenda como señor de la guerra.
Para deformar a su favor el relato de los hechos, César:
- selecciona las cuestiones que va a tratar,
- silencia u omite elementos que podrían ser desfavorables a sus intereses,
- utiliza técnicas de exageración y de atenuación,
- recurre a las causas psicológicas y morales cuando se trata de justificar tropiezos y fracasos
- utiliza las digresiones para dar una apariencia de objetividad,
- manipula la percepción del tiempo y del espacio haciando que se adapte a sus intereses,
- se las ingenia para hacer recaer sobre otros la responsabilidad de cuantas guerras emprende.
El nombre "César" se repite constantemente, hasta el punto de hacer de él un deus ex machina omnipresente y omnisciente; cuando las cosas salen mal, el uso recurrente del pronombre le permite evadir toda responsabilidad; las subordinadas, especialmente las concesivas, sirven, por el contrario, para poner de relieve su constancia y perseverancia frente a cualquier dificultad; las repeticiones logran que pasen por evidentes afirmaciones no probadas. Por último, la utilización afectada del estilo administrativo imprime a sus discursos la objetividad aparente de un relato imparcial: se muestra neutral respecto al enemigo y no pronuncia ningún juicio moral sobre las acciones o los caracteres de los dos bandos.
Redacción y publicación
En cuanto al momento de la redacción, si se acepta que ésta es única, parece que la fecha más aceptable es el invierno el 52 al 51 a.C.
La obra habrá sido publicada a finales del 52 a.C. o, con más probabilidad, en los primeros meses del 51 a.C.
El género
César no pretendió componer una obra de historiografía.
El commentarius, en términos literarios, es una recopilación de material en la que su autor pone de relieve los hechos y acciones más importantes de su vida, o de un período de la misma, a fin de ofrecer a eventuales y posteriores historiadores los elementos sobre los cuales se podrán apoyar para componer una obra propiamente histórica.
La composición
Los Comentarios a la guerra de las Galias son el resultado de un trabajo colectivo, genialmente organizado, dirigido y culminado por un solo hombre sus secretarios tuvieron la tarea de clasificar el material (documentación oficial, cartografía, etnografía y literarias) que luego le correspondía reordenar a César.
Lengua y estilo
Su estilo es simple y elegante: el resultado es un relato preciso, sobrio y claro.
El estilo de César es más demostrativo que dramático: está más interesado en instruir que en conmover o seducir a sus lectores.
En general, sus preferencias estilísticas se decantan por el aticismo más puro: concisión, sencillez y elegancia.
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