A partir del siglo xix, el conocimiento de la naturaleza ha hecho progresos que han modificado las formas de la existencia. Los progresos del conocimiento histórico, por su parte, modifican sólo las formas de pensar de quienes participan de ese conocimiento. En la medidad en que sólo podemos participar voluntariamente de ellos, chocan con la indiferencia, si es que con la oposición de intereses particulares.
Las vanguardias del conocimiento histórico son simpere unos cuantos individuos aislados a quienes las conmociones históricas obligan a plantearse nuevas preguntas. La publicación de fuentes y las excavaciones de los siglox xix y xx proporcionaron a la ciencia histórica una enorme cantidad de materiales. El examen del historicismo derivó en una morfología comparada de las culturas. Cada uno de esos complejos históricos (culturas) se enfrenta a ciertos problemas ante los cuales triunfa o sucumbe.
Cada cultura es única. Los movimientos culturales pueden ser independientes unos de otros, pero pueden también estar ligados por una relación de generaciones, de tal modo que una cultura sea hija de otra. Es ésta la relación que existe entre la Antigüedad y el Occidente.
Cada movimiento cultural se integra en un movimiento global que ha de concebirse como un ascenso. Los complejos culturales y sus miembros se comparan con hombres que escalan una empinada roca: unos se quedan atrás, mientras los otros suben más cada vez.
En cada cultura hay minorías dirigentes que, por medio de la atracción y de la irradación, obligan a las mayorías a seguirlas. Cuando esas minorías sufren una atrofia de su vitalidad creadora, ya no es sino una minoría dominante; esto conduce a la aparición de un proletariado interno y externo, y, en consecuencia, a la pérdida de una unidad social.
Así, al conocimiento histórico conviene un método comparado de investigación que llegue, a través de la inducción, al establecimiento de leyes.
La contemplación de la ciencia histórica modernoa concibe la poesía como narración creada por la fantasía creadora, que es función originaria de la humanidad. Segun Bergson, la facultad inventiva sólo en la humanidad ha hallado la manera de propagarse a través de individuos dotados de inteligencia. La función creadora de ficciones ha sido necesaria para la vida; para proteger la vida. Como la inteligencia sólo reacciona ante las percepciones, el instinto crea percepciones «imaginarias». Quedan así aclaradas las relaciones entre poesía y religión. Bergson hace derivar la inteligencia y la función fabuladora de factores biológicos; pero es norma que los organos de la naturaleza humana, originalmente destinados a la conservación, se empleen, en el curso de la evolución, con otros fines. La función fabuladora ha ascendido así hasta convertirse en un libre juego.
Grande es la poesía que pasa de siglo en siglo. Es el trasfondo, el horizonte definitivo de la literatura europea. Teniendo en cuenta esto, comprenderemos a Europa en un sentido no espacial, sino histórico.
Sólo se puede contemplar la literatura europea como conjunto después de adquirir carta de ciudadanía en todas y cada una de sus épocas, desde Homero hasta Goethe. La parcelación de la literatura europea en gran cantidad de filologías inconexas impide casi del todo esta amplitud de miras. La especialización, sin embargo, ha preparado el camino para una nueva universalización.
No hay en la historia literaria europea trecho tan poco conocido y frecuentado como la literatura latina de la baja y alta Edad Media. Y sin embargo, la visión histórica de Europa nos revela que justamente ese trecho, eslabón que une al mundo en desaparición con el mundo occidental en formación, adquiere significado de clave. No hay ciencia de conjunto sobre la Edad Media, y esto constituye un obstáculo más para la investigación de la literatura europea.
Por eso hemos dado al presente estudio el nombre de Literatura europea y Edad Media latina. Quien quiera dedicarse a investigar la literatura europea aprenderá que esta es una «unidad de sentido» que se escapa a la mirada si la fraccionamos. Reconocerá que tiene una estructura autónoma. Además, la literatura tiene formas de movimiento, de crecimiento, de continuidad que no son las de las artes plásticas. Para la literatura todo pasado es presente o puede hacerse presente. Una nueva traducción actualiza nuevamente a Homero.
Un libro es un «texto». Lo comprendemos o no lo comprendemos. Contendrá quizá pasajes «difíciles»; necesitamos una técnica que nos lo aclare y esta técnica se llama filología.
El «presente intemporal», rasgo constitutivo de la litetura, implica que la literatura del pasado puede actuar siempre en la literatura de cualquier presente. Hay un número inagotable de posibles relaciones. Existe además el jardín de las formas literarias: por una parte, los géneros; por otra, las formas métricas y estróficas; por otra, las fórmulas acuñadas, los motivos narrativos, los artificios del lenguaje. Es un reino sin límites.
Si la literatura europea sólo se puede ver como un todo, su investigación no puede proceder sino de manera histórica. La consideración histórica debe crear métodos analíticos que «disuelvan» la materia y poner de manifiesto sus estructuras. Los puntos de vista que guíen esta labor sólo se podrán obtener de un examen comparativo de las literaturas, es decir, sólo podrán hallarse de modo empírico. Sólo una ciencia de la literatura que procesa histórica y filológicamente podrá estar a la altura de su tarea.
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