En la poesía de acción heroica, las partes principales se asignan a hombres de dotes superiores, que son presentados y aceptados como más importantes que otros hombres. Aunque mucho de su interés yace en lo que les sucede y en las aventuras por las que pasan, también hay igual interés en sus caracteres y personalidades. Sus historias son más absorbentes porque ellos son lo que son.
Puesto que la peosía heroica trata de acción y apela al amor a la valentía, sus principales figuras son hombres que despliegan esa valentía en un alto grado. Esto no significa que todos los héroes sean de una misma clase. Del mismo modo que hay más de una clase de excelencia humana, también hay más de una clase de héroe. Las diferentes clases reflejan no solamente diferentes etapas en el desarrollo social, sino también diferentes perspectivas metafísicas y teóricas que la concepción de un héroe presupone.
Un héroe difiere de otros hombres en el grado de sus poderes. En la mayor parte de la poesía heroica, estos son específicamente humanos. E incluso cuando el héroe tiene poderes sobrenaturales y es más formidable gracias a ellos, estos hacen muy poco más que suplementar sus dotes esencialmente humanas. La poesía heroica nace cuando la atención popular se concentra en virtudes específicamente humanas.
En la poesía preheroica, el hombre principal tiene un lugar privilegiado porque es un mago y sabe cómo controlar los poderes sobrenaturales; es el representante de una sociedad en la cual el sacerdote-mago es una persona muy importante.
La emancipación de la poesía heroica del ideal del mago supone una sociedad que concibe al héroe como un ser humano que posee en un grado notable cualidades de cuerpo y mente. Los poetas cuentan cómo él hace su carrera desde la cuna hasta la tumba. Él es un hombre marcado desde el comienzo, y es simplemente natural conectar su superioridad con un nacimiento inusual y una crianza inusual. Los héroes más grandes son considerados tan maravillosos que no pueden ser totalmente humanos, sino que deben tener algo divino.
Cualquiera sea el nacimiento de un héroe, y, por supuesto, a menudo es lo suficientemente natural, se reconoce desde un principio como un ser extraordinario, cuyas características y desarrollo físico no son las de otros hombres. La carrera del héroe comienza temprano y muestra qué clase de hombre va a ser. Una vez nacido, crece rápidamente en fuerza y estatura. Una vida así comenzada llega rápidamente a su clímax.
El héroe posee cualidades de cuerpo y carácter que le traen éxito en la acción y por las cuales es admirado. Puede ser fuerte, o rápido, o sufrido, o ser una persona de recursos, o elocuente. No todos los héroes poseen la gama completa de estas cualidades, pero todos tienen una porción de ella y, más que la variedad, importa el grado en que la tenga. Un héroe e quien tiene un poder especial, desbordante y segura, que se expresa en la acción especialmente en la acción violenta y le permite hacer lo que está más allá de los mortales ordinarios. Esto se despliega comúnmente en la batalla, porque la batalla provee la prueba más rigurosa no solamente de fuerza y coraje sino también de recursos y decisión. Los héroes más grandes son, primordialmente, hombres de guerra.
Estas cualidades se ven en forma más aguzadas cuando el temperamento moral del héroe es elevado, y sus pensamientos se convierten en acciones valerosas. La sola perspectiva de una batalla es suficiente para inflamar sus pasiones y desear ardientemente la acción. Este espíritu se puede trasladar a todo un ejército, cuando el llamado es suficientemente fuerte, y una situación desesperada requiere un coraje desesperado.
El poder que los héroes despliegan en acción se puede sentir en su sola presencia. Cuando ellos aparecen los otros hombres los reconocen como superiores y se preguntan quiénes son.
La apariencia de un héroe revela su esencial superioridad y diferencia de otros hombres. Hay algo diferente en él que revela fuegos inusualmente fuertes dentro. Sangre divina a veces puede ayudar, pero tampoco es esencial. Es su superabundancia de vida lo que distingue a los héroes cuando emana de sus ojos, o se trasluce en sus gestos o en sus voces.
Aunque la fuerza física es una parte esencial de las dotes del héroe, él no es un animal, ni alguien vacío de inteligencia. Por el contrario, su sabiduría es otro de los signos que lo hacen superior a los otros hombres y su empleo para asegurar finales gloriosos es muy lícito.
En ocasiones, sin embargo, el artificio y la estratagema tienen sus propios peligros. Pero los hombres que las practican son guerreros eminentes que acuden a trampas porque deben. De todos modos necesitan de su coraje para todo.
A pesar de que la mayoría de los héroes son motivos por motivos similares (un ideal de hombría y valentía al que sienten que deben dedicar su vida) y actúan de modo semejante, hay mucha variedad en los fines a los que se dirigen las acciones. Comunmente consagran sus talentos a alguna causa concreta que le proporciona un fin al cual dirigir sus esfuerzos.
El héroe es generalmente un lider, un jefe de hombres y siente obligación hacia aquellos que están bajo su mando. Es por lo tanto sorprendente que los reyes de las historias heroicas son generalmente poco heroicos en sentido pleno. De todas formas, hay ocasiones en que el rey se convierte en el campeón de su gente y ejerce sus poderes heroicos para ellos.
Ahora bien, si los reyes no tienen a menudo un lugar de privilegio, sí lo tienen sus seguidores y vasallos, y hay notables ejemplos de hombres que llevan a cabo acciones heroicas por lealtad a su señor o soberano. Otra causa que un héroe puede servir es una religión.
Desde el punto de vista artístico, la carrera de un héroe necesita cierto tipo de realización. Los esfuerzos y los preparativos pueden llevar a un final impactante. Tal final es a menudo un éxito rotundo que muestra la calidad del héroe y le confiere la gloria merecida.
Otros poetas parecen sentir la necesidad de llegar a un final más completo y que el único cierre adecuado es la muerte del héroe. En estos casos la muerte viene sin provocar emociones violentas.
El esplendor que irradia un héroe en la hora de la derrot o de la muerte es un rasgo especial de la poesía heroica. Aunque los héroes saben que libran una lucha sin esperanza, no desfallecen y se enregan a ella con la plena medida de sus capacidades. Esta es la gloria de su ocaso, la luz qe brilla con inusual resplandor durante sus últimas horas.
En este tipo de vida heroica no existen las paradojas. Las dificultades surgen y son vencidas hasta que su cuota resulta cumplida. El error trágico, sin embargo, parece ser inherente al temperamento heroico y genera algunos de sus más conmovedores y espléndidos momentos.
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