viernes, 16 de febrero de 2018

#Resumen Michael Gerli - Individualismo y épica castellana: panorama, síntesis y bibliografía

En 1933, W. J. Entwistle percibió que obras como el Poema de mio Cid (PMC) son el resultado de la habilidad artística, la imaginación y aun el duro trabajo de poetas individuales. Vio que los textos épicos castellanos que han llegado hasta nosotros son deliberadas y estudiadas composiciones que fueron con toda probabilidad creadas por escrito y que su habilidad artística correspondía a una personalidad única.

La intuición de Entwistle constituyen todavía el nudo del Individualismo en un contexto hispánico. Sin comprometerse con la geografía («Au commencement était la route») ni con el principio de la propaganda eclesiástica, Entwistle puso de relieve su creencia en el poeta como artista. Hoy en el hispanismo, el individualismo se centra menos en la transmisión de los poemas épicos que en los poetas que los crearon, y en las fechas, composición y propósito de los textos existentes.

Para Ramón Menéndez Pidal, padre del Neotradicionalismo, la épica romance tenía sus raíces en una tradición oral visig´tica que habría existido en la Alta Edad Media. El poema épico era compuesto oralmente por un juglar y cumplía una función esencialmente historiográfica y social dentro de la comunidad aún sin letras. Su transmisicón era oral y dependía del juglar, quien tenía libertad para modificarlos conforme a las necesidades de cada audiencia o representación. Las canciones con cada generación sufría una evolución orgánica en temas, morfología y contenidos.

El PMC que poseemos representa, entonces, un ejemplo aislado y preservado fortuitamente de un cantar conmemorativo compuesto originalmente en la primera década del s. xii, que fue subsecuentemente reelaborado por otro ministril alrededor de 1140. Para Menéndez Pidal podía encontrarse prueba de la difusión de la épica mediante una tradición oral en los romances orales y en los vestigios de poemas épicos prosificadoshallados en la historiografía medieval castellana y portuguesa.

La publicación en 1960 de The Singer of Tales de Albert Lord pareció corroborar la hipótesis de Menéndez Pidal. Con el advenimiento del Formulismo, el tema de los orígenes de la épica romance parecía estar resuelto. Todo lo que quedaba por hacer era emprender cuidadosas y detalladas investigaciones de los trabajo y métodos de la composición oral.

Mientras tanto, un grupo de hispanistas estba empleando métodos que brindaban evidencia igualmente sorprendente. En 1952, Peter E. Russell entendía que los sellos y documentos aludidos en el Poema revelan un experto conocimiento de prácticas notariales y de derecho en particular, así como costumbres de cancillería no implementadas hasta avanzado el s. xii. Luego, continuando la hipótesis de Bédier, mostraba cómo la obra hacía eco a la existencia de un culto funerario en el monasterio de San Pedro de Cardeña, y cómo estaba probablemente dirigido hacia una audiencia de Burgos o sus alrededores.

Recientemente todo esto ha sido enfáticamente confirmado por Smith, Lacarra y Hook, que demostraron la destacada conformidad de la obra con el lenguaje y las instituciones legales castellanas, fijando casi con certeza que el autor era un hombre de letras avezado en derecho, y ciertamente no un juglar iletrado.

En 1957, en España, Antonio Ubieto Arteta rechazaba la datación del poema de Menéndez Pidal, la insistencia de éste sobre la historicidad, y sus aspiraciones a la exactitud geográfica. Para Ubieto Arteta, el autor del PMC fue un clérigo aragonés que claramente trabajaba con fuentes cultas: Per Abbat. En forma similar, Luis Rubio García encuentra que el PMC se apoya fuertemente en crónicas latinas para la información, distorsiona concientemente la historia por propósitos estéticos, y fue sin duda escrito por un monje en el monasterio de San Pedro de Cardeña.

En 1969, Alan Deyermon publica un meticuloso estudio sobre las influencias cultas y la autoría clerical en la épica castellana. Demostró que las Mocedades de Rodrigo era de proveniencia eclesiástica y buscaba promover el renombre de la diócesis de Palencia.

El estudio de María Eugenia Lacarra sobre la ideología del PMC puso de relieve significativas cuestiones en torno del posterior propósito del poema y de la personalidad del hombre que lo escribió. Agumenta que el autor era un clérigo de la ciudad de Molina de Aragón, posiblemente empleado en la cancillería de la poderosa familia de Lara y, a partir del estudio de las relaciones establecidas entre los personajes, concluye que la obra es una deliberada difamación de la prominente familia Castro, descendientes de García Ordónez, y del clan de los Beni-Gómez. La realidad está artísticamente transformada en ficción comprometida.

La autoría individual del PMC ha recibido también fuerte sustento de numerosos estudios sobre la técnica artística de la obra. Entre otros, vale destacar el aporte de Colin Smith, quien ha investigado la pautación profunda en la estructura prosódica de la obra y encuentra que también esto proporciona evidencia adicional de una composición individual, altamente controlada.

Deyermond señala el error metodológico de partir del supuesto de que, porque las leyendas épicas españolas contienen mucho que es histórico, son en realidad total y exactamente históricas. Por medio de una intensa atanción a la estructuración de motivos y sucesos en tales leyendas, muestra cómo muchas derivan una de otra, y que poseen una cualidad intrínsecamente literaria tanto como histórica.

Por su parte, Diego Catalán, aunque un neotradicionalista confirmado, determina que las diferentes versiones cronísticas del relato del Cid derivan todas del poema existente.

Smith discute la historicidad del PMC como los frutos de la investigación de un poeta culto en un archivo cidano más bien que como evidencia de su composición próxima en el tiempo a los sucesos que narra. Concluye que, mientras la obra refleja posibleme la existencia de un poema épico oral anterior o aun paralelo, no es un producto directo de este. Sobre la base de sus rasgos cultos, su elevada técnica, y naturaleza escrita, dice que «el autor no puede haber sido otro que un jurista».

Smith concluye que el poema fue en realidad escrito en 1207 y que su escritor fue el mismo Per Abbat

La evidencia empírica tiende a afirmar la proveniencia culta de la épica castellana y, en lo que toca particularmente al PMC, su unidad de autoría.

Podemos concluir que los textos épicos que poseemos no son enteramente populares en su origen y son culta y conscientemente literarios en su naturaleza. Aunque mayormente anónimos, son composiciones deliberadas y estudiadas de poetas individuales, no son históricos y revelan objetivos específicos artísticos y a menudo propagandísticos. Por último, no fueron compuestos oralmente sino por escrito.

El individualismo no constituye una plena negación del neotradicionalismo: no contradice la posibilidad de la existencia de una tradición oral anterior o inclusive paralela de leyendas y cantares (cantos noticieros) que podrían haber sido la fuente de algunos de los rasgos estilísticos y temas de las obras existentes. Sin embargo, busca devolver la atención a los poemas épicos preservados y al poeta como creador.

Debems procurar iluminar los más sutiles contornos de cómo y por qué nuestras simpatías críticas se han desarrollado en el contexto de la historia social tanto como de la literaria. Podríamos nosotros como medievalistas estar propagando la paradoja de los románticos acerca de la Edad Media: su exaltación de la espontaneidad e intuición medievales en detrimento de la estudiosidad medieval, de su pensamiento y de sus templados intelectos. El neotradicionalismo es una teoría atractiva, pero corre el riesgo de negar vida intelectual medieval.

Por su aceptación acrítica, especialmente en un contexto hispano, podemos estar prestando demasiada poca atención a la erudición, técnica artística y sofisticación de la herencia medieval. En realidad, había muchos hombres muy instruídos en la Edad Media, todos los cuales fueron, como dice Colin Smith «capaces de componer muy vívidas narraciones, episodios, historias y poemas sin tener que recurrir a hipotéticas fuentes en verso vernáculo».

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