viernes, 23 de febrero de 2018

#Resumen Diego Catalán - Análisis semiótico de estructuras abiertas

El Romancero ofrece un campo experimental para los estudios de la narratología escasamente explorado. Ofreceré un modelo analítico que permita dar cuenta de los mensajes expresados en el lenguaje llamado «Romancero», describiendo su articulación al nivel del discurso, al nivel de la intriga, al nivel de la fábula y al nivel actancial o funcional.

El discurso

El primer nivel de articulación lingüística con el que tropezamos es la estructura verbal actualizadora. En el siguiente nivel, el del discurso, los romances manifiestan un contenido narrativo, a través de un «discurso» doblemente articulado: a. métricamente; b. dramáticamente. La articulación dramática utiliza un modo de representación esencialmente dramático. Los relatos pretenden hacernos asistir a la transformación de un antes en un después; reproducen, reactualizándolo, el discurrir del tiempo.

Esto explica la fuerte proporción de diálogo y el recurso a las series descriptivas, así como la frecuente utilización de fórmulas de instauración de un escenario antes de comenzar la acción o la difusión de expresiones formularias destinadas a cambiar el escenario mediante la visualización ritualizada del movimiento de los personajes.

La intriga y la fábula

La intriga se nos aparece, en el siguiente nivel de análisis, como el plano expresivo del contenido fabulístico. Los receptores de un romance están acostumbrados, como los lectores de obras «literarias», a reconstruir en su síntesis memorial la sucesión lógico-temporal de los acontecimientos que en la narración se le ofrecen reordenados según un «ordo artificialis».

La fábula y la estructura funcional

La fábula misma se nos aparece como expresión particular de una estructura funcional más genérica, manifiesta una estructura actancial profunda, donde los papeles de las dramatis personae y el hacer de los personajes se integran para ofrecer al receptor un mensaje unificado.

La lectura sintagmática es insuficiente

Se impone incorporar al estudio semiótico del texto la lectura «vertical» de esas relaciones. Es preciso recobrar la ideología subyacente, aunque al hacerlo se nos haga más patente que nunca la propiedad esencial de las creaciones tradicionales, su «apertura».

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