Con el objetivo de analizar el proceso de creación poética colectiva por transmisión oral, hemos elegido el romance Don Manuel de León y el moro Muza como objeto de estudio. En un comienzo hemos estudiado las versiones recogidas por la tradición oral en el siglo x (estudio sincrónico) y, luego, las confrontamos con las versiones del viejo romance impresas en el siglo xvi (estudio diacrónico).
A lo largo del estudio, hemos prestado atención a la estructura temática, la estructura verbal y a la estructura poética (asonancias, fórmulas y estilo directo).
Para entender en qué consiste la actividad creadora de la tradición oral, hemos optado por estudiar primero la capacidad retentiva de la memoria comunal. Esta se deja medir fácilmente al digitalizar las relaciones observadas entre las varias versiones.
Para medir el grado de permanencia de la estructura temática hemos elaborado una lista de todos los elementos temáticos aparecidos en las distintas versiones.
En el plano verbal, hemos usado cuatro grados para distinguir entre octosílabos idénticos, casi iguales, semejantes y emparentados.
El estudio sincrónico de las versiones modernas revela que la proporción de «elementos temáticos» compartibles por dos versiones cualquiera es mucho mayor (41%) que la proporción de octosílabos comunes (21%).
Sin embargo, la media de los octosílabos relacionados desde el punto de vista verbal (42%) evidencia que los cantores del Romancero moderno no retienen simplemente la estructura temática de un romance, sino también la estructura verbal, esto es, el texto del poema.
Ahora bien, esta transmisión textual no impide que la variación verbal pueda llegar a ser extraordinaria. La tipología de las variaciones nos permite observar de cerca cómo se rehace el poema tradicional. Descubrimos, ante todo, muy diversos tipos de Variación lingüística.
- Aleraciones insignificantes:
- Presencia o ausencia de y, o, a
- alternancia le ~ lo, salga uno, salgan dos ~ salgan uno, salgan dos.
- Anástrofe: está en la cama ~ en la cama está.
- Variaciones sintáctica «interna» de un semantema: lo oía ~ lo estaba oyendo ~ lo oyera: calentura ~ calenturas.
- Variación sintáctica «no interna»: cambio de tratamiento (Tú ~ Usted, Vos ~ Ustedes); presencia o ausencia de pronombres.
- Sinonimia: cuadra ~ caballeriza.
- Equivalencia semántica ocasional: las calles ~ el corro ~ en medio; entró en ~ bajó a
- Equivalencia semántica parcial: de heridas malo ~ en la cama malo
- omisión o adición de un semantema que altera moderadamente el contenido: pide tú lindo Manuel ~ pide, pide, don Manuel
- Equivalencia acústica o interpretación errónea: no he de volver sin recado ~ no pude ir sin recargo
- Traslado de semantemas entre versos contiguos: «entró en la caballeriza / sacó un potro mal domado» ~ «bajó a la cuadra y cogió / un potro mal adomado».
No cabe duda de que en estos casos las variaciones se explica como pura y simple libertad lingüística.
Pero también hay mutaciones que dependen de un acto de creación poética y que entran dentro de lo que dimos en llamar variación verbal de naturaleza poética.
- Reestructuración profunda de la expresión sin alteración básica del contenido: «que el camino que yo llevo / pienso no ha de ser tornado» ~ «que de este viaje que voy / no sé si seré tornado»
- Sustitución de un octosílabo, verso o versos por otros u otros equivalentes: «Tiró el moro la su lanza / por los aires va volando» ~ «Tirole el moro su espada / a los pies de su caballo
- Adición u omisión de un verso que prolonga y matiza un elemento temático presente en otro verso: «Ya lo oyera don Manuel / que está en la cama muy malo // malito de calentura / y de dolor de costado».
No hay duda de que la variación verbal es más frecuente. El sistema, al reproducirse en nuevos actos de recitación o canto, incorpora a la estructura lo quantes fueron particularidades del mensaje o incluso errores de transmisión («ruido»).
Aun así, las innovaciones de la estructura temática están lejos de ser excepcionales. estas pueden consistir en la sustitución, adición u omisión de un sintagma o semantema.
Más notables son aún las modificaciones que se producen en el final del romance. Según suele ocurrir la adaptación del poema al sistema ético y estético de la sociedad en que e canta se manifiesta sobre todo en la inestabilidad del desenlace.
En nuestro romance, los cambios que afectan al contenido (49%) llegan a tener más importancia que la variación verbal (38%).
La comparación diacrónica nos ofrece datos no menos interesantes. Es indudable que entre el romance del s. xvi y las versiones del siglo xx hay una continuidad textual. Los versos viejos que han dejado huellas en su estructura verbal en la tradición moderna representan el 29% de los que tenía el romance publicado en el s. xvi. Esto nos lleva a afirmar que la transmisión oral desde el siglo xvi se ha realizado mediante un proceso de memorización del texto.
La tradición nos admira al mostrarnos que una colectividad es capaz de memorizar un poema durante siglos y de repetir de boca en boca algunos de sus versos por más de cuatrocientos años. Pero, por otro lado, esa misma colectividad es capaz de olvidar de una manera no menos prodigiosa el texto del poema memorizado. El «olvido» no es otra cosa que la capacidad creadora de la tradición oral.
La comparación diacrónica nos muestra que la variación temática tiene una importancia mayor que la variación verbal.
En cuanto a la estructura poética, su continuidad es tan evidente como la continuidad de la estructura temática y bastante más que la continuidad de la estructura verbal. EL poema sigue siendo un romance en versos monorrimos de 8+8 sin tendencia a una organización estrófica, la rima es asonante y los primeros hemistiquios no llevan rima interna y la asonancia básica sigue siendo á.o.
Pero esta continuidad no impide que se produzcan alteraciones importantes. Nos interesa fijarnos en el aumento y redistribución del discurso directo.
Según la tendencia observada en otros muchos romances, la tradición moderna ha reforzado muy considerablemente la proporción del discurso directo: frente al texto viejo, con un 3 5%, las versiones del siglo xx tienen una media de 49%. Esta diferencia es bien notable: pero aún lo es más la redistribución del discurso directo a lo largo del poema. Como la distribución es similar en las varias versiones modernas, es claro que la tradición oral ha conseguido ajustar el romance a un molde romancístico nuevo.
Las cifras que venimos examinando nos ayudan a ver que el romance de Don Manuel ha sufrido un reenfoque básico: en el texto del siglo xvi, el centro de interés del romance lo constituía el encuentro y combate entre los dos campeones, el héroe cristiano y el temible moro; en las versiones del siglo xx el acto más desarrollado es aquel en que don Manuel se apresta a salir al encuentro del moro. En este acto el caballero cristiano se entrevista con su amada.
La nueva interpretación del poema, mucho más sentimental que la original, estaba subyacente en el romance «fronterizo» publicado en el siglo xvi.
En el texto viejo sólo se aludía a las damas como de pasada, pero aunque silenciosas e inactivas, esas damas presiden y gobiernan toda la acción caballeresca. La tradición comprendió perfectamente que en el combate singular quien vence no es el campeón de la fe de Cristo, ni el campeón de los reyes de España, sino el campeón de las damas.
El romance tradicional es un sistema abierto, tanto verbalmente, como poéticamente, como temáticamente, y que su evolución depende de la adaptación de ese sistema abierto o subsistema (poema) al ambiente, al sistema lingüístico, estético y ético del grupo humano en que se canta, en que se reproduce.
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