Al mito romántico sobre el origen de la antigua épica, la sucedió una reacción que se aplicó a comprender el valor estético de cada obra como creción de un individuo.
Sobre el Roland de Oxford, Bédier sostuvo que fue escrita de pies a cabeza por un solo poeta: Turoldo. La tesis individualista yerra, sin embargo, en equiparar totalmente las condiciones y circunstancias que determinan la vida de la épica medieval con las de la poesía moderna.
Así, al mito romántico de la poesía natural, la reacción individualista oponen el anti-mito, la creencia anacrónica de que la vida cultural del siglo xi o del x es perfectamente equiparable a la del siglo xvii o del xx. Con su mito, el romanticismo intentaba explicar un hecho real: la existencia de una poesía colectiva. Con sus errores, el individualismo suprime ese hecho real.
En su vindicación de Turoldo, los individualistas sostienen que el espiritu que alienta en la Chanson de Roland sólo es concebible a partir del siglo xi, que su muerte en la lucha contra los sarracenos es obra del poeta imbuído por el espíritu de las cruzadas, que el rey defensor de la cristianidad es invención del poeta único, que su muerte en el campo abierto de Roncesvalles es idea del poeta tardío, que sólo bastó concebir el conflicto entre Roland y Olivier para que ese poeta de genio se dedique a explotar en su mesa esa idea nucleraria. Pero estas ideas ya habían sido concebidas por otros poetas anónimos y, en particular, antes de la primera cruzada ya eran los sarracenos quienes le dan muerte al héroe.
El primer poeta de la Chanson de Roland y la legión de sus desconocidos refundidores eran poetas esencialmente anónimos, que no pretendían apropiarse invenciones de otros, sino entregar a los otros las invenciones propias.
No hubo un Turoldo estructurador único de la Chanson de Roland. El poema se va elaborando a través de las edades. Sin embargo, incluso después de haberse descubierto evidentes hechos de la tradicionalidad y de la poesía colectiva, los individualistas insisten en un poeta excepcional, que sobrepasó con su genio a todas las precedentes manifestaciones d ela leyenda. Así, Horrent y Le Gentil suponen tres etapas:
- una tradición iliteraria, que tiene su punto de arranque en el suceso histórico
- la obra genial que crea el género literario de la chanson de geste
- una tradición colectiva que refunde el texto genial
Sin embargo, la excepcional altura poética lograda por la versión de Oxford nos lleva a pensar en una evolución lenta de un gran tema histórico, muy preferido por las gentes, que atrae hacia sí el trabajo creador de uno o de varios refundidores geniales.
El paso del canto historial al canto novelesco fue obra de varios poetas inventivos que van convirtiendo el canto noticiero en canto historial primitivo y luego en canto cada vez más novelizado. La genialidad suprema de la Chanson de Roland no fue lograda por un singular poeta, sino por varios anónimos, que en colaboración con el fervoroso interés del público, la mantuvieron en indeclinable éxito durante siglos.
Sólo en el extremo final del siglo xi los clérigos latinistas comienzan a darse cuenta de que las producciones en lengua vulgar merecen más justa atención de la que se les concedía.
Sólo rarísima vez la curiosidad de los clérigos hacía la poesía vulgar les llevaba a ponerla por escrito. Y necesitamos llegar al siglo xii para tener manuscritos de poesía profana. Esto nos dice que lo que los clérigos nos han conservado escrito no puede servirnos de muestra aproximada de lo que se producía.
Existe una clara diferencia entre el «mester de clerecía» y el «mester de juglaría», bien separados en España en el siglo xiii, cuando la tradición de escuela juglaresca usaba el metro anisosílabo, propio de los orígenes románicos, mientras la tradición de escuela docta metrificaba «a sílabas contadas».
La poesía románica nace por obra de los juglares, no de los clérigos; hay una tradición de estrofa irregular entre los juglares de gesta, y un clérigo pone regularidad en la dimensión estrófica.
La épica del s. xi fue es pintura de la vida militar, destinada a alimentar en un público profano sentimientos y pasiones más variamente humanos que los religiosos. La épica, como poesía nacional, tenía más público, más cultivadores y más vigor que ningún otro género literario.
Durante el siglo xi, las nacientes legnuas románicas tenían necesariamente una literatura. En eso primeros tiempos, sin embargo, los juglares eran los únicos que recreaban poéticamente a los hablantes de lengua románica.
El trovador o trovero, poeta no juglar, poeta profesional, clérigo o lego, que desecha el anónimo y declara su nombre aparece (como tipo literario aparte del juglar) en Francia sólo en los comienzos del siglo xii, y aparece llevando en sí caracteres que indican sus orígenes juglarescos. En España, el primer poeta que desecha el anónimo, Gonzalo de Berceo, es un clérigo que se llama a sí mismo «juglar» y que usa fórmulas juglarescas en sus poemas religiosos.
El individualismo cree que las chansons de gestes son obras exclusiva de los clérigos, o cuando menos, inspiradas por clérigos a los juglares.
Bédier, para explicar la atención de los clérigos a personajes antiguos, formula su teoría según la cual los clérigos creaban la leyenda referente a la tumba o a la reliquia de algún personaje que interesaba a la iglesia. Pauphilet, por el contrario, entiende que no hay otra razón viviente sino el libérrimo capricho de cada poeta que escoge un argumento histórico y lo adorna con cuantas invenciones se le pueden ocurrir. Esta manera de ver tiene fundamento válido para las gestas del siglo xii, recargadas de elementos novelescos.
Sin embargo, el lema de Pauphilet no puede mantenerse, pues una vez desplumado Turoldo, no podemos considerar el poeta que obra por sí solo, sino los poetas de cada poema, unidos en una tradición.
Teoría de la Cantilena
Según Gastón Paris, la epopeya tiene su comienzo en «cantilenas líricas», nacidas del entusiasmo de una nación. Cantos de los mismos guerreros y para los guerreros que conocen los hechos, no tienen para qué referirlos. A fines del siglo x las cantinelas cesan, y los juglares se aprovechan de ellas para componer las primeras chansons de gestes.
Esta concepción domina hoy en el tradicionalismo: la epopeya tiene su raíz en la impresión profunda que en la nación causan los más importantes acontecimientos.
Es indudable que la cálida emoción de los graves momentos históricos es buen motivo para que un hecho sea cantado, pero ella no interviene siempre, ni es bastante, ya que la pasión del momento y el arrebato lírico son fuerzas efímeras que por sí solas difícilmente se propagan a las generaciones siguientes. Esta teoría de las cantilenas explica la escasez del elemento histórico en las chansons de geste que poseemos. El mismo Gaston Paris declara que no hay tradición histórica oral que pueda conservar valor informativo al cabo de dos o tres generaciones.
Esta teoría de Gaston Paris fue abandonada por su autor cuando en sus últimos años aceptó las opiniones de Rajna.
Tradicionalismo individualista de Rajna
Rajna cree que la chanson de geste no tiene orígenes líricos, sino plenamente narrativos. El poema narrativo de largas y complicadas peripecias estaba ya formado en los siglos vi y vii, enla Francia merovingia. A su vez, concluye que la epopeya nace de los hechos, pero no inmediatamente de ellos, sino en cuanto sobreviven en la memoria y en la fantasía de los pueblos; ese trabajo de la imaginación es «epopeya potencial» o leyenda, y en su gran actividad «puede ocurrir que del hecho originario retenga poco o nada... en un rápido alejarse de la relidad histórica».
Después de la tradición oral, surge el poeta, que da al relato épico forma métrica para el canto, produciendo la verdadera epopeya. Así, para Rajna, un individuo lo hace todo; la tradición queda inoperante, salvo para añadir complementos accidentales.
El neotradicionalismo
Desde nuestra óptica, el escaso contenido histórico de las chansons de geste se explica porque, aunque nace desde luego como narración coetánea y verídica de un suceso, la chanson de geste sufre refundiciones continuadas y cada refundición va perdiendo algo de la verdad primera.
Le da origen siempre la ordinaria y permanente necesidad sentida por un pueblo de concoer todos los acontecimientos importantes de su vida presente, y deseo de recordar los hechos del pasado que son fundamento de la vida colectiva. La epopeya, así entendida, cumple una misión político-cultural; es un poema historiográfico, como pasaremos a exponer.
La épica española es el único punto apropiado de comparación de la chansons de geste. Su estudio nos permite entender que en el inicio del poema está la historia, y la historia era canción de un poeta lego, historia viva para todos cuantos, ignorando el latín y el alfabeto, no podían conocer la historia prosaica, seca y muerta en los libros latinos de los clérigos.
Los problemas de la épica francesa y la española son análogos. A su vez, es necesario tener en cuenta el carácter tardío de la épica española que permite un mejor estudio de su desarrollo. La épica española conserva, en el Carmen Campidoctoris, la imitación latina de un canto que da exacta noticia de hazañas reales del Cid, en vida misma del héroe (hacia 1082), setenta años antes de que se compusiese el poema cidiano hoy conocido.
Encontramos certificación del fundamento histórico de la épica románica en el noticierismo cantado, base esencial de esta teoría, que tiene tanta vitalidad en España que lo hallamos en uso en el género de los romances, desde el siglo xiv hasta comienzos del xvi.
Dentro de nuestro método comparativo, es necesario creer que en tiempos anteriores al siglo xi exitiese igualmente en Francia los cantos noticieros.
Nótese la continuidad que observamos entre los dos noticierismos, el épocio y el romancístico. Los romances suceden a los cantares de gesta inmediatamente en el tiempo, y les suceden en la función historiográfica, lo mismo que enlos temas y en la técnica métrica y estética, como una prolongación y renovamiento tradicional que ninguna otra literatura épica ofrece; por eso nos ayuda tanto la vida tradicional del romancero hoy día para comprender la de la épica de la Edad Media.
La edad heroica
La estrofa de muy desigual número de versos, lo mismo que el metro de desigual número de sílabas, indican que los cantares de gesta pertenecen a un género poético que nació y fijó su técnica en el período de orígenes de las lenguas y literaturas románicas. Una edad remota en la que los personajes históricos pueden ser idealizados.
Esta esencia historial de la épica está reconocida respecto a los pueglos germánicos antes de las emigraciones a las tierras del imperio romano. Todos los germanos en tiempo de Tácito celebraban sus hechos en cantos, que para esas gentes eran sus memorias y sus anales.
Tanto el pueblo francés, por la realización del imperio carolingio y de la posterior hegemonía cristiana, como el pueblo español, por su inextinguible empeño de reconquista antiislámica, necesitaron la historia en lengua vulgar no escrita, para alimentar el sentimiento de su propia vida política. Y el uso de esa historia popularmente cantada solo lo pudieron practicar los romanos de España y de Francia tomándolo de los godos y de los francos, ya que en toda la literatura latina conservada es completamente desconocido un género poético de cantos historiales.
En España la edad heroica dura todo el siglo x y el xi, y todos los reyes de por entonces tienen su historia poética, y con ellos el Cid, lo cual es debido a que en España el clima heroico perdura con la diaria lucha antiislámica.
El noticierismo
El canto contemporáneo nunca puede ser un poema, sino una noticia poética. Esa noticia primera sufre despues muchas desviaciones al ser repetida y renovada.
Ese primer origen noticiero no excluye la posibilidad de que puedan existir otros orígenes. Una vez creado el género de los poemas extensos, se puede componer directamente uno, construído sobre el simple recuerdo de un hecho memorable del pasado, que sobrevive en la memoria del pueblo, o sobre el recuerdo conservado en las grandes familias de la era carolingia, o sobre una leyenda eclesiástica, o hasta sobre uno o varios cantos líricos, o hasta sobre un cántico épico-lírico, si acaso se compuso alguno antes de nacer el género baladístico, lo cual no está comprobado.
Lo que la épica española y el romancero nos dicen es que el proceso habitual de la evolución épica es primeramente el canto narrativo noticiero, coetáneo a los sucesos, después, las refundiciones sucesivas, que van ampliando narrativamente y poetizando el relato antiguo; por último, cuando el cantar de gesta perdura mucho en la tradición, surge a veces el romance, que abrevia líricamente algún episodio más famoso del poema, en tono emocional intuitivo.
Siempre el lirismo se muestra posterior a la forma narrativa.
En la edad heroica, lo característico es el canto noticiero enteramente narrativo.
Pasado el interés de actualidad, el canto noticiero cae en el olvido; pero no siempre. La noticia puede seguir en el gusto del público. Comienza a perpetuarse más allá de su actualidad y comienza a ser un canto tradicional, que crea y consagra a un héroe antes inexistente. Al renovarse el canto, tiene que evolucionar. La noticia poética solo es historia y poesía a medias, pues carece tanto de unidad conceptual historiográfica como de libre disposición imaginativa.
El poema o contar de gesta verdaderamente tradicional no nace de golpe y de una vez, sino por evolución sucesiva. Por eso, durante la edad heroica coexisten diversos tipos de cantos épicos.
En algún momento, la edad heroica se extingue. Los principales cantos del pasado se siguen repitiendo y refundiendo en sentido cada vez más novelesco, introduciéndose en ellos nuevos personajes, nuevos incidentes para perfeccionar o simplemente para dilatar la narración vieja.
Esta prolongada reelaboración, que cada vez va ahogando más los primeros elementos históricos entre la multitud de las invenciones sucesivas, se comprueba hasta la saciedad. Siempre que podemos comparar dos versiones de un mismo poema, la más antigua suele tener algún elemento histórico que se ha perdido en la posterior.
Según el individualismo, debemos creer que toda la invención épica se debe a unos novelistas y poetas de los siglos xii y xiii, confabulados todos para novelar sobre personajes de la época carolingia y merovingia, sin admitir ninguno posterior.
Esos novelistas no aparecen tan libres e independientes como el individualismo quiere. Todos ellos entran en el campo literario dominados por arcaicas formas estilísticas de la narración, esa métrica fija que sólo se emplea para narrar los hechos de esas lejanas edades, y no inventan sus temas, pues estos son ya refundiciones de refundiciones.
No se puede desconocer que a pesar de los varios siglos de retoques y refundiciones, esos relatos seguían tenidos como historia. Nos lo ha dicho san Isidro al hablar sobre los carmina maiorum, los cantos historiales, que cumplian el alto fin de la historia como maestra de la vida y dignificadora de la moral cívica.
Los cantares de gesta aparecen como un género característico de los pueblos románico-germánicos, desconocido completamente de la literatura latina. Estos cubrían las funciones de la historia artística, la formativa, la informativa y la recreativa. Esta es la razón de su tan larga vida.
Las canciones de gesta, según Rychner, eran cantadas en varias sesiones, es decir, fragmentariamente. En este sentido, entiende que las canciones de gestas no son obras literarias, ues no fueron creadas conscientemente. No tienen la unidad de concepción del Roland.
No asentimos a la idea capital de Rychner. Poesía cantada en varias sesiones no es diferente de poema leído en muchas sentadas de recreo. Poesía cantada no quiere decir poesía inferior, subordinada a la música. Cantada es toda poesía épica o lírica en el natural florecer de sus orígenes y la epopeya medieval conservó siempre la dignidad literaria de la historia. Los juglares no se dirigen a un público tosco ni a un público refinado, cantan para toda la sociedad francesa, y aun puede decirse que frecuentan más la clase caballeresca, cuyos grandes hechos celebran.
Época de anonimia
Hay que reconocer la existencia de una larga época de orígenes de la cultura romántica, época de anonimia, en que la noción de autoría sólo existe entre los clérigos que escriben en latín, única lengua digna de escritura y de perpetuidad; el poeta en lengua románica no puede pensar en distinguirse, porque no usa una lengua distinguida.
El poeta siente el halagador estímulo del éxito momentáneo ante su público, siente la emoción colectiva, el solaz de todos, unido al goce artístico propio.
Así se elaboran las obras colectivas de interés general, mediante una serie de actos inventivos y combinatorios debidos a varios poetas sucesivos que van heredandoy desentrañando de la concepción iniciallas posibilidades no previstas al comienzo.
Toda creación individual tiene momentos sucesivos en que el poeta va desenvolviendo y concertando la nebulosa de su primera concepción; en la creación colectiva esos momentos son otros tantos poetas que en su perfecta anonimia cooperan a un común ideal.
Historia novelada no es novela histórica
El género al que pertenece el Roland nada tiene que ver con la novela histórica. Entre otras, se pueden mencionar las siguientes diferencias.
- En la novela histórica la intriga novelesca es protagonista y la historia es solo su escenario; en la epopeya la historia es protagonista y a la vez es el escenario en que la intriga novelesca se desarrolla.
- La novela histórica trata asuntos de las más diversas épicas; las chansons de geste obliga a sus poetas a tratar asuntos de una época primitiva, hasta el siglo x en Francia y hasta el xi en España.
- En las novelas históricas todos los personajes o hechos realmente históricos están sacados de libros o papeles que el autor ha podido consultar; en las canciones de gesta suele haber personajes o sucesos que el poeta no pudo hallar en ningún documento que estuviese a su alcance.
La novela trata de lo libremente inventado; la epopeya, historia poética, se ocupa en el suceso memorable, del que todos tienen alguna noticia. La epopeya cifra su interés en cómo sucedió lo ya indefectiblemente consumado, lo ya vulgarizado por la fama, por eso su intriga es muy sencilla, para que ella no oscurezca el hecho histórico principal. Incluso, la epopeya siente la necesidad de anunciar, al comienzo del poema, todo lo que en él va a suceder, situando desde luego al oyente ante un acontecimiento en el que se han cumplido los fatales destinos humanos.
En ella, es muy frecuente la repetición literal de los mensajes. Pudiéramos pensar en un fin utilitario, el de querer el juglar que en todo momento, los nuevos oyentes, que llegan retrasados al corrillo del público, sepan de qué se trata, o para recordar el tema a los oyentes distraídos.
El «arte artificioso» o erudito rehuye toda repetición, pero el «arte natural» gusta de ella, como un realce expresivo, revalorización lírica de lo ya expuesto.
En la poesía tradicional o colectiva, los diversos pueblos que la practican tienen distintas maneras de naturalidad.
La Chanson de Roland fantasea una geografía irreal como escenario de los hechos memorables. La épica española se limita a hazañas de base histórica y tiene a gala el manejar una geografía exacta.
En Francia la historia cantada transforma fuertemente el recuerdo del pasado, mediante una idealización fantástica de los sucesos, dentro de un ambiente fabulosos y personajes maravillosos: magos, encantadores, gigantes, ríos que detienen su curso. En España, por el contrario, los cantares de gesta mantienen siempre el recuerdo histórico en un tono realista, sin contrariar demasiado abiertamente la veracidad propia de la historia escrita.
La épica francesa tiene una concepción del héroe como algo irreal, un sobrehumano con fuerzas sobrenaturales. Su espada es de forja maravillosa. Este poder del acero forma parte de la mitología propia de la épica. Sin embargo, el cristianismo se ha interpuesto haciendo consistir el poder sobrenatural de una espada, no en artes mágicas, sino en santas reliquias guardadas en el pomo de la empuñadura, como la espada de Roland, héroe de una guerra de cristianidad.
Conclusiones
El individualismo positivista se atiene sólo a los textos conservados, pues sienta la hipótesis de que los textos perdidos, si existieron, fueron pocos o de ningún valor artístico, no quiere creer sino lo que toca y palpa.
El tradicionalismo afirma una época anterior a los textos conservados en la que existió una literatura, latente para nosotros.
Es necesario reconocer que las literaturas mantuvieron una regular actividad oral antes de la época ya avanzada en que ellas comenzaron a ser escritas con alguna frecuencia.
En esa época inicial de las literatura, la poesía es un arte de todo un pueblo. La poesía época fue el género tradicional más cultivado en la Edad Media.
Fracia y España, dos pueblos románicos empeñados en una larga empresa nacional de guerra político-religiosa, sintieron la necesidad de apropiarse la costumbre germánica de la historia cantada, costumbre totalmente extraña a la literatura latina, cultivadora de la historia escrita.
La historia cantada se propagaba por tradición ininterrumpida. Vivía en continuas variantes y en frecuentes refundiciones. Cada refundición conserva mucho de su predecesora. No aspira a ser obra nueva; quiere tan solo renovar a la obra preexistente.
En las edades primitivas, la poesía es, lo mismo que el lenguaje, creación colectiva de todas las clases sociales, capaz de producir grandes obras maestras, representativas del espíritu de una nación.
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